Muchos adultos (incluyendo profesores) creen que las nuevas generaciones vienen con una especie de “chip digital”. Muchos afirman que casi de manera automática los niños y jóvenes saben usar las nuevas tecnologías. No es así. Cómo y para qué usar una tecnología es algo que se aprende. Los adultos tienen la responsabilidad de que ese aprendizaje sea provechoso.
Por Jorge Tirzo / El Toque
(11 de junio, 2014).- Esta semana, la polémica sobre el término “nativos digitales” revivió en la blogosfera gracias a un post de Enrique Dans. En su texto “El absurdo e infundado mito del nativo digital”, Dans comenta el capítulo 7 del libro It’s Complicated: The Social Lives of Networked Teens. Se trata de una investigación que realizó la norteamericana Danah Boyd durante una década mediante entrevistas a adolescentes de su país. Sus hallazgos confirman que no existe tal cosa como un “nativo digital”. La mayoría de los jóvenes no tienen desarrolladas las competencias y habilidades digitales, y los que las tienen suelen haberlas adquirido empíricamente sin ninguna guía. Dicho de otra forma, más que “nativos”, los jóvenes suelen ser “autodidactas digitales” o por lo general “analfabetos digitales”.
Es complicado
Danah Boyd incluso critica el uso que se le ha dado al término “nativos digitales”. Lo que originalmente era una metáfora, dice, se ha convertido en una manera de lavarse las manos. En vez de encontrar formas para estimular el aprendizaje de los jóvenes, se da por hecho que lo saben todo, dejándolos solos en dicho proceso. Más aún, esta retórica está cargada de connotaciones peligrosas como bien lo demuestra la comparación del uso del término “nativo” con otros momentos de la historia. Pensemos en los nativos norteamericanos ante los inmigrantes ingleses, los indígenas latinoamericanos ante los conquistadores españoles, los habitantes de las colonias ocupadas ante los grandes imperios.
“Desde la perspectiva de los estudios étnicos, el lenguaje de “nativos” e “inmigrantes” está particularmente lleno de tensión”, según Bell.
En un evento privado al que asistí, la antropóloga Genevieve Bell invitó a la audiencia a cuestionarse las implicaciones de esos términos. Ella recordó al auditorio que, a lo largo de la historia, inmigrantes poderosos han traicionado a poblaciones nativas destruyendo sus espacios espirituales e imponiendo su poder sobre ellas. Aunque no es la historia de todos los inmigrantes, este recordatorio trae consigo preguntas serias acerca de lo que se reconoce en las discusiones de nativos digitales. ¿El objetivo es celebrar el conocimiento de los jóvenes o destruir sus prácticas? ¿La gente intenta reconocer el saber de los nativos como algo valioso o como algo que debe ser restringido y controlado?”, plantea Boyd en el capítulo 7 de su libro (la traducción es propia).
Un ejemplo de la vida real
Hace poco, en una reunión de profesores, escuché a una colega defender lo que ella llamó el “modelo educativo medieval”: los alumnos escuchan y el profesor habla. Lo dijo a propósito del uso de dispositivos móviles e Internet dentro del salón de clases. Para esa profesora, los iPad y las redes sociales eran meros distractores para los jóvenes que, según ella, ya no saben tomar apuntes ni concentrarse en clase. Luego vino otro prejuicio: “En todo lo audiovisual y lo de Internet son muy buenos, pero los exámenes les cuestan mucho trabajo”.
Por un lado, es peligroso creer que un examen tradicional (en papel, con preguntas que tienen respuestas correctas o erróneas, evaluado únicamente a criterio del profesor) es la única forma de medir el aprendizaje. Hay vida más allá de la opción múltiple y las preguntas abiertas. Algunos alumnos simplemente no destacan en estas evaluaciones porque su modo de aprendizaje no concuerda con el examen.
La evaluación continua, el uso de rúbricas, la autoevaluación, el aprendizaje basado en problemas, la incorporación de proyectos y muchas otras técnicas aún tienen un potencial enorme en las escuelas.
También es peligroso presuponer que, por defecto, los jóvenes son buenos en los lenguajes audiovisuales y multimedia. En mi experiencia impartiendo cursos relacionados con los medios digitales, las redes sociales y la producción de contenidos para Internet; la edad no es un factor determinante para el nivel de conocimientos de un alumno. He tenido por igual alumnos jóvenes y mayores que no saben usar las funciones básicas de un sitio web. Por igual, he tenido alumnos sobresalientes de 20, 40 y más de 60 años.
Yo procuro llamarle a esos temas “lenguajes multimedia” y “lenguajes audiovisuales” porque (además de que eso son realmente) puede servir la comparación con el aprendizaje de otros idiomas. Sería un despropósito creer que porque un niño llega a la escuela hablando español como lengua materna, entonces ya no se le debe enseñar la escritura, la gramática, la ortografía, las habilidades verbales, la literatura y la cultura de su idioma. Lo mismo pasa con el uso de las nuevas tecnologías.
¿Inmigrantes vs nativos?
Seguir pensando que el “modelo medieval” es vigente en la educación del siglo XXI me hace pensar en esos “inmigrantes” que impusieron sus costumbres y reglas a los “nativos” de los territorios recién “descubiertos”. En vez de comprender las dinámicas comunicativas y educativas que han emergido, muchas veces se recurre a ejercer el poder con exámenes impositivos, prohibiendo el uso de herramientas digitales en el salón de clases e ignorando la formación en materia de habilidades digitales.
Ante el reclamo de dicha profesora, yo sugerí que empleara otro tipo de ejercicios con sus alumnos para estimular su formación digital. Propuse una actividad de clase que involucrara corregir o crear una entrada de Wikipedia. Esto con el objetivo de reforzar conocimientos teóricos de sus áreas de estudio y además practicar la “ortografía digital” propia de Internet. Su respuesta fue un claro reflejo de los prejuicios y el desconocimiento que existen entorno a las nuevas formas de comunicación: “No, porque Wikipedia está llena de errores”. Como si eso no tuviera solución.
El asunto requiere ir más allá de la retórica inmigrante/nativo o viejo/nuevo. Niños, jóvenes, adultos y viejos debemos todos participar de un proceso de aprendizaje colectivo donde todos somos maestros de todos.
Un lenguaje en plena construcción, como es el multimedia, amerita un aprendizaje activo que vaya más allá de la imposición. Dar por hecho que los jóvenes ya lo saben, sólo abre más una brecha que no tiene razón de existir. Todos tuvimos que aprender a usar una computadora. A algunos les costó más que a otros. Pero siempre es mejor hacerlo en equipo y con una guía que tener que descubrirlo todo por cuenta propia.
En palabras de Enrique Dans: “Si eres padre, ve planteándote que preparar a tus hijos para el futuro implica mucho más que rodearlos de dispositivos e inhibirte cuando llega el momento de educarlos en sus hábitos de uso. Si eres joven, piensa que la sociedad que te rodea ya está dándose cuenta de que ese supuesto mito del “nativo digital” era una falacia, y que te va a tocar ponerte las pilas para demostrar lo que realmente sabes hacer. No, por mucho que nos contasen en su momento, no se nace con las habilidades digitales puestas. Era mentira”.


