Enrique Legorreta/@enriquelego3_0
(19 de enero, 2014).-Edward Snowden, quien trabajó para la Agencia Central de Inteligencia y para la Agencia Nacional de Seguridad (CIA y NSA, por sus siglas en inglés), a principios de junio del 2013 filtró a los diarios The Washington Post y The Guardian informes confidenciales que revelaron las actividades de espionaje interno e internacional realizadas por el gobierno estadounidense, sobre todo a los países que se supone son “aliados” de ésta nación.
La reacción hacia lo que Snowden destapó, incluyó acusaciones de espionaje y traición en su contra de su nación, lo que determinó que éste emprendiera un viaje a China y luego a Rusia, país donde actualmente está bajo el asilo político temporal que le concedió la nación europea.
Tras varios meses de acusaciones y reclamos de parte de la comunidad internacional –indignados varios mandatarios, por estar en la lista de los espiados de Estados Unidos–, en octubre del 2013 se reavivó la llama del caso con la información que el periódico O’Globo de Brasil publicara tras recibir documentos que le fueron proporcionados por el ex contratista, los cuales implican el espionaje del país del norte hacia América Latina –como México y Brasil–, básicamente sobre el tema de energía y narcotráfico.
Antes de concluir el 2013, Barack Obama reconoció que la confianza de los estadounidenses hacia la NSA “disminuyó”, por lo que sería muy importante recuperarla con cambios. Esa es la supuesta tarea del 2014; a lo que el presidente estadounidense se refirió en los últimos días del 2013 como un cambio.
En esta semana Obama llamó a poner fin al programa que la NSA ha estado implementando –y que tanto ha molestado a la comunidad internacional–, que incluye la recolección de metadatos telefónicos, “tal como ahora se conoce”. Esta determinación fue anunciada como una de las acciones de “cambio” dentro de la administración de la agencia, y se señaló que se necesita transformar ese programa a uno que considere las preocupaciones ciudadanas de privacidad y libertad.
“Después del 11 de septiembre, tuvimos que adaptarnos a un nuevo mundo. Fuimos sacudidos por las señales de liderazgo que teníamos previo a los ataques (…) por lo que demandamos a nuestra comunidad de inteligencia mejorar sus capacidades”, dijo Obama al anunciar los cambios al programa de espionaje.
Las declaraciones de Obama y su anuncio fueron tomados con reserva en el mundo, e inclusive criticadas por ser medidas que no cambian el fondo: la búsqueda de información sobre cada uno de los ciudadanos y los países en el mundo. Ésta es una política de Estado desde hace casi 15 años, sin importar quien sea el habitante de la Casa Blanca, declaró el presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, Julio César Gambina.
Gambina fue cuestionado tras conocerse los cambios a la táctica de espionaje de Estados Unidos. El personaje apuntó que el espionaje va a continuar: “es lógico que haya muchas sospechas con el mensaje de Obama; en primer lugar porque este mensaje no se hubiera producido de no haber habido infiltraciones desde el interior, es decir, las que hizo Edward Snowden”.
La reacción de los países en América Latina, en su mayoría fue de repudio, sobre todo en Brasil, donde a pesar de ser un importante socio comercial de Estados Unidos, su presidente, Dilma Roussef exigió poner fin al espionaje en la reunión anual de la Asamblea General de Naciones Unidas, ya que lo consideró “una grave violación a los derechos humanos y a las libertades civiles”.
Ante esto, Gambina recalcó que Estados Unidos no dejará de vigilar a Brasil, ya que en este caso, la nación estadounidense tiene un despliegue de bases militares rodeando la riqueza petrolera del país sudamericano.
Además de los cambios en el tema principal, el espionaje, Gambina detalla que otro punto al que centra el mensaje de Obama es en el crecimiento de la producción petrolera de los Estados Unidos, por lo que ese país busca a cualquier competidor para tener injerencia sobre el manejo de estos recursos naturales.
Los secretos de Estado cada vez serán más cuestionados, sobre todo si las tecnologías van permitiendo que esta información secreta se haga pública y si más gente entiende que las libertades y derechos son la base de cambio en el aspecto social. El camino de espionaje que por toda una vida “democrática” ha implementado Estados Unidos, cambia, pero en apariencia, el tiempo será el determinante en esta ardua carrera por saber todo de todos.


