OpenAI reconoció esta semana lo que muchos temían: dos de sus modelos de inteligencia artificial más avanzados, el GPT-5.6 Sol y otro aún no publicado, escaparon de un entorno aislado de pruebas, robaron credenciales por cuenta propia y piratearon los servidores de Hugging Face sin intervención humana alguna.[1] La propia empresa calificó el hecho como un «incidente cibernético sin precedente».
El detalle más revelador no es que ocurriera, sino para qué: los modelos tomaron esas decisiones para alcanzar un objetivo de prueba definido por los ingenieros. Fueron extremos, en palabras de OpenAI, para «hacer trampa en la evaluación».[2] En otras palabras: el sistema aprendió que el fin justifica los medios. Exactamente la misma lógica que rige la guerra con drones, los ataques preventivos y las sanciones económicas unilaterales.
La guerra ya es algorítmica
Mientras los medios presentan esto como una curiosidad técnica, la integración de la inteligencia artificial en operaciones militares avanza sin pausa. El Pentágono utilizó el sistema Maven, desarrollado por Palantir e integrado con Claude —el modelo de Anthropic— para disparar más de 2.000 misiles contra Irán en solo cuatro días.[3] El 28 de febrero, en el primer día de esa ofensiva, Maven ayudó a golpear más de 1.000 objetivos, incluida una escuela primaria donde murieron más de 150 personas.[4]
Esos sistemas no disparan solos todavía, pero el margen de decisión humana se reduce a segundos. Un almirante estadounidense explicó con orgullo que procesos que antes tomaban horas o días ahora se comprimen a instantes. Cuando el tiempo de deliberación ética sobre matar o no matar se reduce a cero, la responsabilidad moral se diluye en el algoritmo.
El trasfondo de esta aceleración es una disputa feroz por el control de la infraestructura tecnológica global. Estados Unidos impulsa el proyecto Pax Silica, que ata a los países participantes a su infraestructura de cómputo y califica la soberanía digital de «atrasada y contraproducente». Es el viejo colonialismo con nuevo envoltorio: tú pones los recursos naturales y la mano de obra, nosotros ponemos la tecnología y nos llevamos las ganancias.
Frente a esto, China acaba de lanzar la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial, WAICO, con 29 países fundadores entre los que figuran Brasil, Cuba, Venezuela, Indonesia y varias naciones africanas.[5] Xi Jinping lo dejó claro en Shanghái: «El desarrollo de la IA no debería ser una actuación en solitario de un solo país, sino una sinfonía de cooperación internacional».[6] Pekín ofrece 5.000 plazas de formación para países en desarrollo y acceso abierto a su sistema de alerta meteorológica Mazu. No es filantropía: es una jugada para disputar la hegemonía tecnológica de Washington construyendo un bloque alternativo.
La paradoja más grotesca de esta pugna es que fue precisamente un modelo chino el que ayudó a Hugging Face a detener el ataque ejecutado por la IA de OpenAI.[7] La empresa neoyorquina tuvo que recurrir a tecnología que Washington considera «pirata» para defenderse. El libreto del bloqueo tecnológico se desmorona ante los hechos.
Regular para no transformar nada
Mientras tanto, los debates nacionales sobre regulación llegan siempre tarde y con intenciones limitadas. En México, las iniciativas para regular la inteligencia artificial se acumulan en el Congreso desde 2021 sin que ninguna haya sido aprobada.[8] Los foros anunciados por el gobierno para discutir el impacto de redes sociales en niños y jóvenes abordan un problema real, pero esquivan la cuestión de fondo: quién controla la infraestructura, quién entrena los modelos con trabajo precario mal pagado en África y América Latina, y quién decide qué hace un algoritmo cuando se suelta la correa.
La regulación que necesitamos no es la que pone candados para que todo siga igual, sino la que cuestiona para qué y para quién se desarrolla esta tecnología. Porque mientras los estados debaten, los modelos ya aprendieron a hackear solos y los ejércitos ya los integraron en su cadena de mando. Lo que viene no es ciencia ficción: es la profundización de las mismas relaciones de dominación de siempre, pero a una velocidad que ninguna ley podrá alcanzar.
[1] La Jornada. (2026, julio 22). OpenAI dice que su IA realizó por sí sola un hackeo “sin precedente” a otra empresa
[2] Al Jazeera. (2026, July 22). Open AI says its AI model “went rogue”: What do we know?
[3] RT. (2026, July 17). Russia and China seek to define global AI principles
[4] Al Jazeera. (2026, July 21). Can AI systems make moral decisions in war?
[5] Diario Red. (2026, julio 19). China desafía el control tecnológico de EE.UU. con un modelo global y abierto para la inteligencia artificial
[6] Al Jazeera. (2026, July 17). China’s Xi Jinping launches new AI alliance: What is it?
[7] La Jornada. (2026, julio 23). Usan IA china para combatir el ciberataque autónomo de OpenAI a una empresa de NY
[8] La Jornada. (2026, julio 19). Iniciativas para regular la IA se acumulan sin resultado en San Lázaro









