Después de casi 20 años sin sentencia, Israel Vallarta salió por fin del penal del Altiplano, en el Estado de México. Su figura, largamente asociada a uno de los montajes más escandalosos del sistema judicial mexicano, cruzó las puertas de la prisión la mañana de este viernes 1 de agosto, visiblemente afectado y sorprendido.
“Gracias, estoy en shock”
Alcanzó a decir a medios y simpatizantes que lo esperaban, con la voz quebrada y la garganta lastimada.
“No creía anoche que llegaran por mí a las 9 de la noche a avisarme que absolutoria total de todos y cada uno de los supuestos delitos que decían que había cometido”.
La jueza Mariana Vieyra Valdez, del Juzgado Tercero de Distrito en Materia Penal con sede en Toluca, determinó que no existen pruebas que acrediten la participación de Vallarta en el delito de secuestro, el más grave de los cargos que enfrentaba. La Fiscalía General de la República aún puede apelar, pero su libertad ya no puede ser revertida en este momento.
Vallarta fue detenido en diciembre de 2005 junto a la ciudadana francesa Florence Cassez, en el rancho Las Chinitas. Mientras ella recuperó su libertad en 2013, él permaneció preso, enfrentando otros cargos por delincuencia organizada y posesión de armas, además del secuestro. A lo largo de estos años, su caso se convirtió en un ejemplo de cómo la justicia puede extraviarse.
La presidenta Claudia Sheinbaum retomó el tema desde Palacio Nacional:
“No se nos puede olvidar cómo fue la detención y el montaje televisivo conducido por Loret de Mola… ¿y de quién fue el montaje? de García Luna, hoy preso en Estados Unidos por narcotraficante”.
Sheinbaum recordó que la captura de Vallarta fue producto de un montaje mediático orquestado por el entonces secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, y transmitido en vivo por Televisa, en un episodio que marcó a toda una generación y que sigue siendo motivo de indignación.
“Este caso vale la pena recordarlo… tuvo un origen muy irregular. No se nos puede olvidar el sexenio de Felipe Calderón, su guerra contra el narco, y lo que representó este montaje”, añadió la mandataria.
El regreso de Vallarta a las calles no sólo representa la libertad de un hombre. Es también un mensaje: el sistema puede corregirse, incluso después de casi dos décadas de silencio, encierro y olvido.


