“El día del trabajo no es una celebración, es de lucha obrera”: Anarquistas #Fotos

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(2 de mayo del 2014).- La tarde de ayer, al menos tres centenares de anarquistas acompañaron la última movilización con motivo del 1 de mayo. Ataviados de negro, con los rostros encapuchados y chamarras negras con estoperoles, los jóvenes, algunos que ni siquiera rebasaban la mayoría de edad, se unieron al contingente convocado por el Partido de los Comunistas y de ahí partieron desde el monumento a la Revolución con destino al Zócalo de la Ciudad de México.

A las tres y media de la tarde, el grupo de jóvenes cantó una vez más viejas consignas del anarcosindicalismo español, estrofas en apoyo a los presos políticos (incluidas, algunos en apoyo a Mario González, detenido el pasado 2 de octubre) y algunas, más en favor del anarquismo internacional.

A diferencia de otras ocasiones en donde elementos de la Secretaria de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSP-DF) suelen “encapsularlos”, hostigarlos o amedrentarlos desde el primer punto de reunión, en esta oportunidad, sólo hicieron presencia policías investigadores de la Procuraduría General de Justicia, vestidos de civil e identificados con la leyenda de la corporación quienes los siguieron en todo su recorrido.

Separados por una distancia de aproximadamente 100 metros de los Comunistas, los anarquistas, la mayoría identificados con el punk y con los parches de bandas de ideología “ácrata” como Crass, Los Muertos de Cristo, Sin Dios, Assäuk, entre otros, desfilaron con banderas negras y diversos símbolos que los hicieron identificarse entre ellos.

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En el camino, también pintaron frases como “Muerte al Estado, que viva la anarquía”, “Ni dios, ni amo” y algunos otros refranes que ya se han visto en anteriores movilizaciones. Una vez que llegaron al Palacio de Bellas Artes, el grupo viró sobre Eje Central y posteriormente retomó su dirección al Zócalo por la avenida 5 de mayo.

Enfilados sobre esta importante avenida, comenzaron a protagonizar algunos actos vandálicos, de los que el propio Partido de los Comunistas se deslindaron: primero, rompieron los vidrios de una sucursal del banco Scotiabank y repitieron la operación con los ventanales de la sucursal Bancomer ubicada en la esquina con Palma. Por último, ejercieron “acción directa” en contra de una sucursal de la tienda de ropa para caballero Aldo Conti.

Para concluir su intervención, realizaron un pequeño mitin en la Plaza de la Constitución, la cual, a las 4 con 15 minutos de la tarde, apenas sí lucía con algunas personas. Ahuyentadas por una intermitente lluvia que hizo su aparición en un par de ocasiones, se contentaron con gritar: “Hay que resinificar el primero de mayo, este día no es una celebración, este día es de lucha obrera.”

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Indiferencia y sorna

La tarde de ayer, El Gonzo, un joven con el rostro cubierto, playera estampada con el grupo Desobediencia Civil, acompañado de su hermana, esposa y un pequeño niño de 9 años, se topó con una plaza vacía, muy lejana al bullicio matutino de las marchas oficiales y el de las centrales de trabajadores independientes. A las cinco de la tarde, hasta la basura habían barrido.

‒Ni granaderos hubo, ¿verdad?

‒No, la vez pasada, todavía ni salíamos y ya un grupo de granaderos nos encapsularon.

‒Mira, ese pinche pelón de allá es un pinche facho– terció una chica en cuya cara, apenas si se asomaba un gajo de ojos.

Divorciados desde hace dos siglos, cuando Carlos Marx y Mijail Bakunin fracturaron su relación en una disputa por el control de la I Internacional, en esta ocasión, ese viejo recelo sobresaltó en la marcha de los “rojos” y de los “provocadores”.

‒Tomemos Televisa‒ sugirieron en grupo, en primer instante. ‒No, mejor que sea Palacio Nacional compañeros‒ dijo otro, quien, a esa altura, ante la emulación de la Revolución de Octubre, les llovía una tormenta con granizo que los retiró hasta los portales del viejo palacio de Ayuntamiento. En la confusión, estoicamente soportaron las bolitas de hielo que les golpeaban sobre la cabeza.

Finalmente, hora y media después, tomaron la opción de retirarse. Ninguno quiso quitarse la capucha: “Oigan medios, no se les olvide que ustedes también son trabajadores. No sean culeros y déjenos de perseguir, nos tratan como animales de zoológico. ¿Quién de aquí nos va a preguntar por la capucha?”, preguntó uno de ellos. Ante el silencio el chavo solito se contestó: “Pues porque somos uno solo, porque aquí no hay líderes ni borregos.”

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A aquella altura, habían tomado rumbo hacia el metro Pino Suárez, y, entre el secreto, señales falsas de rendición, abordaron un convoy que los transportaría hacia la estación Balderas en donde se ubica la televisora de Chapultepec. Apenas concertaban las acciones que se iban desinflando en espectacularidad.

Los vecinos, por su parte, al verlos, tuvieron miedo. Cientos de granaderos se movilizaron para evitar que dañaran las instalaciones de la televisora. Todos los reconocieron, nadie les habló. Así, como llegaron se fueron: “Ah, ah… Anarquía. Ah, ah… Anarquía”. Entre la confusión y la falta de confrontación, uno de sus compañeros fue detenido a las afueras de Salto de Agua. Nadie abogó por él.

Todos se retiraron y el fantasma de la guerra se evaporó dejando lugar nuevamente al día a día. Así se podría reseñar otro primero de mayo en la historia mexicana.

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