El día que Mancera prometió no subir el costo de Metro

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Óscar Balderas / @oscarbalmen

(17 de diciembre, 2013).- Aquel 8 de mayo de 2012 era un día soleado para el candidato a jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera Espinosa. Su campaña rumbo al Palacio del Ayuntamiento, para suceder al todavía mandatario Marcelo Ebrard, lucía sin posibilidad de derrota para el joven exprocurador que encantaba a la izquierda y a los ciudadanos en general.

Un día cualquiera para el doctor en Derecho Penal: la campaña de la priista Beatriz Paredes se caía a pedazos, la abanderada del PAN, Isabel Miranda de Wallace, no conectaba con los jóvenes y muy pocos conocían a la nominada de PANAL, Rosario Guerra. El movimiento #YoSoy132 aún no existía, Peña Nieto seguía cancelado como ponente en la Universidad Iberoamericana y Andrés Manuel López Obrador continuaba en un improbable tercer lugar en las encuestas presidenciales.

Mancera siguió su agenda rigurosamente: se levantó, hizo ejercicio en su casa al sur de la ciudad, se  bañó, vistió un saco azul con camisa blanca y corbata amarilla –indispensable para ubicarse visualmente en la izquierda política– y pidió a su chofer conducirlo a la reunión que, por la mañana, sostendría en el Palacio de Minería con el Colegio de Ingenieros Civiles.

Ahí, el presidente del organismo, Clemente Poon Hung, le entregó una propuesta del Programa de Infraestructura de la Ciudad de México como lo hizo con el resto de las candidatas. Sonrió junto a Mancera -el abanderado de la coalición Movimiento Progresista-. Se estrecharon manos. Abrazo. Flashes. Aplausos. Era un día soleado.

Como testigos de honor del encuentro estaban Fernando Gutiérrez, presidente de la Sociedad de Exalumnos de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, y Mauricio Jessurun, presidente de la Cámara Nacional de Empresas de Consultoría. Miraban a Mancera desde la primera fila del caluroso auditorio, seguros de que ahí estaba un hombre que entraría a la selecta lista que integraban Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, Andrés Manuel López Obrador, Alejandro Encinas y Marcelo Ebrard.

Mancera subió al podio. Se acomodó su corbata amarilla, ubicó su boca a la altura de un micrófono sostenido por un delgado tubo y comenzó a hablar: deseó una ciudad de crecimiento vertical, verde, moderna, sustentable y con una Línea 12 ampliada hacia la delegación Álvaro Obregón.

Al bajar, unos diez reporteros lo abordaron. Querían saber cómo se financiaría esa ampliación. Lo rodearon. Encendieron cámaras de televisión, grabadoras y después de algunas otras preguntas, una mujer preguntó: “En caso de ganar, candidato, ¿tiene previsto un incremento en la tarifa del Metro?”

Era 8 de mayo de 2012. Día soleado cuando Mancera, serio, respondió: “De momento no tenemos pensado un incremento en el Metro. Lo que tenemos que hacer es optimizarlo, tenemos que utilizar todos su espacios y vamos a seguir dando el servicio”.

Al día siguiente, fue noticia en la mayoría de los medios de comunicación impresos, televisión, radio y digital.

El diario El Universal, en la nota “Mancera plantea que la ciudad crezca ‘vertical’”, firmada por la reportera Johana Robles, se publicó: “Miguel Ángel Mancera descartó que, en caso de ganar las elecciones del próximo 1 de julio, haya un aumento en el precio del boleto del Sistema de Transporte Colectivo Metro”.

En el portal del periódico El Sol de México la reportera Abigaíl Cruz tecleó: “El abanderado del Partido de la Revolución Democrática, PT y Movimiento Ciudadano informó que continuará con la política de subsidios a ese medio de transporte colectivo, por lo que descartó un aumento en el precio del boleto”.

En Reporte 98.5 FM se informó así: “De llegar a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera mantendrá la tarifa del Metro en tres pesos y buscara ampliar algunas líneas de este sistema de transporte a fin de hacerlo más funcional para los 4 millones de usuarios que lo utilizan diariamente”.

Casi dos meses después, Mancera se convirtió en el candidato a jefe de Gobierno más votado en la historia de la capital. El 1 de julio de 2012 acumuló 3 millones 31 mil 156 votos y ganó el puesto político más importante en el país, sólo debajo del de presidente de la República. Su 66.56 por ciento de preferencia luce todavía como un récord difícil de igualar o superar.

Pero catorce meses después, Mancera rompió su promesa. Olvidó aquel día soleado del 8 de mayo de 2012 y anunció que para el 13 de diciembre del 2013 la tarifa aumentaría dos pesos más. Dejaría el Metro en 5 pesos, lo que lo convertiría en uno de los más caros del mundo en proporción con el salario mínimo, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico.

Las primeras planas de los diarios atestiguaron el viraje del jefe de Gobierno: “Sin aumento de tarifa se pone en riesgo el Metro: Mancera” (Milenio), “Hoy aumenta a cinco pesos el precio del boleto del Metro” (Excélsior), “Aumenta tarifa del metro en la capital mexicana” (Prensa Latina), “Aumento al Metro, mentira de Mancera enfrenta a las izquierdas”.

El día 13 de diciembre de 2013 fue un día nublado para el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera, el que siendo candidato, le prometió a sus votantes una mentira.

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