Por: Armando Escobar G.
tw: @Escarman
Ellos querían hacer la independencia, ¡y vaya que lo hicieron bien! En cambio, yo me he perdido en un sueño buscando algo que no existe, no existe…: la redención de las Américas libres y unidas.
El sueño comenzó a hundirse, a traspasar mis manos, desde el primer día en que alcanzó los vuelos infinitos de la realidad. Cayó de entre mis dedos como el puño de tierra que se desmorona en terrones siempre buscando su origen, el suelo profundo de las ilusiones derrumbadas.
¡Ya no tengo patria por la cual sacrificarme! ¡Maldita sea la patria! Soy el inquilino de mi propio lugar, sigo en línea recta el terrible sino que me sentencia a ir de aquí para allá, esperando del correo intermitente un pasaporte válido emitido por este gobierno inválido; fingiendo cortesía y ganando abatimiento.
Me voy sin irme, me voy quedándome. Sé que de este puerto no zarpará ningún velero, que no me espera Europa, que nunca me esperó mi tierra. Postergo mi ida anunciada tan sólo para ver cómo van quemando a mis espaldas las huellas de mis pasos siempre descalzos. El tiempo se desprende en los girones de lo que no podrá ser. Gira mi estómago, me atormenta la tos, escupo la bilis de la derrota y las noches no bastan para sudar mis fiebres en tibias sábanas blancas. Me niego, me defiendo de las inmundicias de la muerte, pero ella me espera paciente, acurrucada en la hamaca del olvido. Todas estas noches bastan para que me aterren cada uno de mis sueños; cada estrella es el reflejo de las lágrimas que me sorprenden el insomnio. Y los días no son suficientes para desconocer el rostro que ya no puedo afeitar, esta cabeza vacía y rapada, estas costillas de perro moribundo y rabioso que suelta la última mordida antes del sacrificio.
Las pintas de carbón me recuerdan que no soy más que la pólvora mojada del arsenal. Soy el general en su laberinto que mira cómo se va despidiendo Venezuela, el que se va sin poder decirle adiós a Manuela. Soy la espiral que se desvanece al ver cómo se va alejando Bolivia, se entristece Quito. Se desprende Colombia que siempre es puntual a la cita con sus enemigos separatistas: cada uno de sus hijos. ¿Cuántos animales muertos se llevó el río después del temporal? Nunca imaginé Panamá. Nunca imaginé al mar penetrando esta tierra y separando al norte y al sur que se miran los ojos como dos tristes extraños, que comparten las mismas penas, sin nunca poder consolarse en abrazos.
Me voy despidiendo, me alejo sin despedirme. Santa Marta se asoma detrás del río, la muerte se asoma detrás de Santa Marta. En esta casa vieja me depara esa robusta mesa de caoba en la que habrán de robar los ocho botones de oro del saco azul que enardeció todas mis victorias. Me verás sumergido en las ropas encogidas en mis brazos, como el perchero de mi cuerpo menguado y cuidadosamente embalsamado. Sé que me olvidarás.
Me verás morir con tan pocos amigos en la cabecera, sin una mujer que vele este lecho de profunda soledad y pérdida sin remedio.
Una, dos, tres cargas de tierra encima…
… hagan lo que se les dé la gana.
Se acabaron los milagros.
El general en su laberinto de Gabriel García Márquez ha sido publicado en México por la Editorial Diana, varias ediciones.


