El “gobierno abierto” de Peña nos lleva al despeñadero

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I.- La Cumbre de la Alianza de Gobierno Abierto 2015 no se realizó de cara al pueblo. Fue a todo lujo en el palacio de Bellas Artes, cuyos cimientos y casi la mitad de su construcción fueron obra de Porfirio Díaz (al que tanto admira Peña, con el camouflage de que es devoto del presidencialismo de Álvaro Obregón, sobre el que supuestamente escribió su tesis en la religiosa y fundamentalista universidad Panamericana donde le enseñaron lo de las “cadenas para rezar”). En esa reunión se ventiló el tema de los gobiernos “abiertos” y transparentes. Y las notas coinciden en que Peña sentenció que “el combate a las prácticas de corrupción es justamente la transparencia y esta plataforma a la que convocan los gobiernos abiertos es el mejor antídoto para realmente desterrar prácticas de corrupción y estar a favor de la apertura” (Erika Hernández, Francisco Reséndiz y de Rosa Elvira Vargas con Alfonso Urrutia: Reforma, El Universal y La Jornada: 29/X/15),

II.- Estuvieron representantes de 66 países. Son reuniones cupulares en las que se autoelogian, hablan de métodos democráticos, de cómo combatir la corrupción y supuestas formas para que los gobernados sean cada vez menos víctimas de los malos gobernantes. El término “gobiernos abiertos” de que hablaron en esa Cumbre, se ha derivado de lo que Karl R. Popper ha desarrollado como: Sociedad abierta, generada por las democracias directa e indirecta (La Sociedad Abierta y sus Enemigos, Paidós), por medio de rendir cuentas y transparentar decisiones y conductas de los funcionarios para esculcar si hay corrupciones. Y sancionar a los gobernantes. Éste no es el caso de los “servidores públicos” que siguen sirviéndose de los dineros del pueblo, pues el nuestro es un gobierno cerrado; y las declaraciones de Peña son una burla, porque sabe que él, su esposa y sus empleados llevan más de tres en la más absoluta impunidad.

III.- Esto está haciendo que el descontento social aumente. Que las revueltas presagien levantamientos populares y con o sin Hidalgos, Morelos y Matamoros o Zapatas o Villas, sus protestas se encaminen –antes del final del peñismo– a manifestaciones prerrevolucionarias por hambre, despidos, pérdida del valor adquisitivo de los ¡75 pesos de salario mínimo! que algunos mexicanos reciben de las 500 mil familias que concentran toda la riqueza generada por el trabajo de millones, que son abandonados por el IMSS y el ISSSTE a la voracidad del comercio privado. Miles de enfermedades azotan a los mexicanos empobrecidos, mientras el peñismo conduce la nave estatal al despeñadero. Que éste se hunda nada importa; pero la Nación no permitirá ser arrastrada por un gobierno fallido y favorable a los empresarios. Hay un enfrentamiento de gobernados y gobernantes. Éstos tienen a las fuerzas del “orden” y el apoyo estadounidense para seguir imponiéndose con mano dura contra los que se opongan; y donde las delincuencias criminales pescarán en el “río revuelto” del desastre económico y político que tiene a los mexicanos entre la pared de resistir, o la espada de rebelarse al precio que sea como ha sucedido ya en nuestra historia.

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