El negocio de la alarma: cómo TV Azteca convirtió el sesgo televisivo en su trinchera política

En mayo de 2026, la confrontación entre el Gobierno federal y Grupo Salinas alcanzó un punto sin precedentes. Desde la conferencia matutina presidencial, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum instó abiertamente a la ciudadanía a «no ver TV Azteca», acusando a la cadena televisiva de articular campañas continuas de desinformación y ataques sistemáticos contra el proyecto oficial. La respuesta de la televisora fue inmediata y se catalogó la postura gubernamental como un acto de censura e intimidación a la libertad de prensa.

Sin embargo, el enfrentamiento público entre el Ejecutivo y el consorcio de Ricardo Salinas Pliego es la superficie de un mecanismo más profundo de desinformación constante que involucra el uso estratégico del lenguaje audiovisual, la construcción de pánicos mediáticos y la instrumentación de concesiones públicas al servicio de intereses corporativos y fiscales.

Los «focos amarillos» de la desinformación

De acuerdo a Luis Martínez, director y fundador del Observatorio Mexicano de Medios, la distinción entre la línea editorial crítica, legítima en cualquier democracia, y la manipulación propagandística radica en la intencionalidad.

El experto señala que el rigor periodístico básico exige dar respuesta objetiva a las preguntas fundamentales de la informaciónqué, quién, cómo, cuándo y dónde-; al analizar las pantallas de TV Azteca, sin embargo, resulta evidente que los hechos suelen quedar subordinados a juicios de valor preconcebidos.

«Cuando tú informas algo que pasa, te limitas únicamente a decir lo que está pasando. Cuando ya justificas por qué está pasando o generas un juicio de valor, ahí es donde empezamos a tener los focos amarillos», explican desde la dirección del Observatorio.

«Cuando la intención de acomodar el qué, quién, cuándo y dónde o la información está acompañada de una determinada opinión o intención política hacia que tú pienses una determinada cosa, estamos ante una intencionalidad clara».

Fragmento de la cobertura de TV Azteca y ADN40 sobre la implementación de la familia de libros de la Nueva Escuela Mexicana (NEM)

El especialista señala que tanto en noticieros de gran audiencia como en redes sociales, el sesgo se materializa mediante recursos técnicos recurrentes, como la construcción de la conspiración a través de fórmulas sensacionalistas como «la verdad que el Gobierno no quiere que sepas» o «lo que ocultan las autoridades», planteando escenarios de engaño institucional. 

En el caso puntual de TV Azteca, “la verdad” y “la libertad” han sido sus eslóganes principales; tras su reprogramación, “#TeHablamosConLaVerdad es su etiqueta primaria en redes sociales, mientras que consignas como “La Verdad es Inevitable” se repiten cada cierto tiempo en la programación y los spots publicitarios. 

Además, el especialista señala que la utilización de gráficos con palabras clave como «CRISIS» o «ESCÁNDALO»  en colores de alarma o imágenes de funcionarios públicos colocadas sobre fondos amenazantes o alterados con Inteligencia Artificial se usan con cada vez más frecuencia para predisponer a las audiencias. 

TV Azteca, por su parte, se ha valido de la palabra “narco” para describir tanto a la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum como a funcionarios y al expresidente Andrés Manuel López Obrador. Con términos como “narcoguerra”, “narcogobierno” o “narcopartido”, la televisora ha priorizado la cobertura a acusaciones y opiniones que carecen de evidencia periodística o jurídica; asimismo, el canal ha usado los señalamientos estadounidenses como una herramienta de reafirmación o validación a dichos calificativos. 

Publicidad de un programa especial sobre los señalamiento contra el ex gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya

Casos como la cobertura sobre el derrame de petróleo en las costas del Golfo de México en Veracruz también ilustran encuadres de catástrofe y presión política. La programación dedicada al tema por parte de la televisora priorizó la magnificación de pérdidas y la alarma económica local sin sustento técnico verificado, lo que no se limitó a un acto de supuesta presión política, también afectó a sectores como el hotelero y restaurantero.

Poder mediático como escudo corporativo y fiscal

La agresividad editorial de TV Azteca no ocurre en el vacío, se explica a partir de la estructura económica del grupo empresarial que la sostiene. El Observatorio Mexicano de Medios enfatiza que los canales de televisión son empresas privadas con nóminas e intereses financieros. En el caso de conglomerados de la magnitud de Grupo Salinas, la frontera entre el interés mediático y el interés fiscal de sus propietarios es difusa.

«No se puede separar la intención mediática del interés económico, del interés empresarial… Son familias de muchos años que construyeron sus empresas junto con el Estado, impulsadas por esta relación benéfica prensa-poder», advierte el Observatorio.

Cabe recordar que históricamente, los grandes grupos empresariales mantenían negociaciones políticas con el Ejecutivo o se beneficiaban de condonaciones fiscales al final de cada sexenio. Cuando el ex presidente Andrés Manuel López Obrador eliminó por ley las condonaciones masivas y endureció la fiscalización a grandes contribuyentes, el gobierno federal cerró la vía de la negociación política para condonar adeudos, lo que algunos empresarios, como Salinas Pliego, pudieron interpretar como un ataque directo a su modelo de negocio. 

Tras este cambio en la relación Estado-medios, se infiere que, al enfrentar las empresas de Grupo Salinas diferendos regulatorios o adeudos fiscales con el Estado, la señal abierta se convierte en una trinchera de defensa corporativa.

Balance del adeudo de Ricardo Salinas Pliego en 2024, presentado por el Servicio de Admintración Tributaria (SAT)

Así, la cobertura noticiosa deja de responder al interés público de la audiencia concesionada y pasa a operar como un contrapeso de presión empresarial frente al poder político. Asimismo, el especialista recuerda que a su vez existen canales y medios con una línea editorial más apegada al Estado, dinámica que no se ha podido romper durante décadas. 

El círculo vicioso de la desconfianza

Luis Martínez reflexiona que la estrategia de TV Azteca se retroalimenta del conflicto con el poder público. Al señalar sistemáticamente a los medios masivos desde la conferencia matutina sin precisar fallas periodísticas concretas, indica el especialista, el gobierno genera una estigmatización generalizada de la prensa. Al mismo tiempo, los excesos y las notas sin verificar emitidas por las televisoras, como en el caso de Azteca, justifican la narrativa oficial.

El resultado de esta confrontación es el colapso de la confianza pública en la información. De acuerdo con las investigaciones del Observatorio (como su estudio Todos mienten), la desconfianza hacia los noticieros tradicionales no produce audiencias más informadas, sino espectadores atrapados en sesgos de confirmación.

Por un lado, los sectores críticos a la administración consumen e incentivan la narrativa de TV Azteca no por su rigor, sino porque valida su animadversión política. Así, cualquier dato oficial o informe independiente es descalificado automáticamente si contradice la postura previamente adoptada por el usuario. Lo mismo ocurre a la inversa, con audiencias afines a la administración en turno que consumen medios y productos que reafirman su simpatía. 

El caso de TV Azteca evidencia los vacíos en la efectividad de los Derechos de las Audiencias en la televisión mexicana. Ante la irrupción de herramientas como la Inteligencia Artificial -capaces de multiplicar la fabricación de imágenes y noticias falsas-, la desinformación amenaza con conducir a un escenario de cinismo absoluto.

El representante del Observatorio Mexicano de Medios concluye: «Cuando la gente ya no sabe si algo es verdad o mentira, por defecto todo se vuelve mentira. Y cuando por defecto todo se vuelve mentira, dejas de poner atención». 

Finalmente, cabe la posibilidad de que exponer los hilos comerciales y políticos detrás de las pantallas, medios y canales sea el primer paso para devolverle a la ciudadanía el derecho a una información veraz.

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