El Rancho de Villa, entre la identidad y la fe

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Colima 3.0 / @Colima3_0

(24 de abril, 2014).- Cada martes, la localidad Lo de Villa -mejor conocida como “Rancho de Villa”- recibe la visita de cientos de caminantes que llegan hasta su templo para venerar al Señor de la Expiración, patrono de dicha población, y por tal motivo el lugar se convierte en una romería que deja ver la idiosincrasia colimense.

“El Rancho de Villa” se encuentra aproximadamente a cinco kilómetros de la capital del estado, por lo que se ha construido un corredor que llega desde la zona conurbada Colima-Villa de Álvarez hasta el poblado, en beneficio de los caminantes.

En un principio, las caminatas respondían al fervor religioso, ya que se consideraba un sacrificio, una “manda” que los feligreses cumplían en agradecimiento a algún milagro concedido por el santo patrono.

Sin embargo, hoy en día, no todas las personas van necesariamente a cumplir con sus preceptos religiosos, sino que mucha gente aprovecha el bullicio y la efervescencia para hacer ejercicio, convivir con la familia o simplemente caminar por caminar bajo la sombra de los árboles.

“Venimos porque ya es costumbre, no tanto por hacer manda” mencionan varios, lo que hace notar que el acto mismo de caminar hasta el templo del Señor de la Expiración, se ha transformado para muchos en un ejercicio por sentirse parte de una costumbre o tradición, dejando a un lado los motivos de fe.

Llegando al pueblo es notoria la verbena popular, que bien ha servido para establecer una de las microeconomías más sólidas en Colima, resaltando la venta de “encaladillas”, galletas típicas de la población hechas a base de maíz, de las que se encuentran una gran cantidad de puestos.

Muchos habitantes del Rancho de Villa han sabido aprovechar con creces la enorme cantidad de visitantes que arriban los martes, ya que no dejan pasar la oportunidad para tender sus puestos en donde ofrecen desde ropa, pan, aguas de sabores, entre un sin fin de mercancía que genera ingresos para sostener la economía familiar.

La plaza del poblado se convierte en una feria popular, se instala un mercado ambulante o “tianguis” en una de las calles aledañas, se ve a los niños y niñas correr y jugar con globos o juguetes, la gente entrando y saliendo al templo y los comerciantes aprovechando cada momento para vender su mercancía.

Más allá de lo religioso, los martes en el Rancho de Villa dan una muestra clara de construcción tradicional y cultural que las mismas personas generan con sus propias dinámicas y que a su vez conforman elementos que suman y alimentan las identidades de los pueblos.

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