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El sueño que soñó de niño | Minificciones mundialistas

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Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo) / Proyecto Diez

(10 de junio, 2014).- Esteban quería ir al Mundial de Brasil. En 2011 comenzó a ahorrar. No mucho, porque para ahorrar se precisan excedentes, y más que excedentes, Esteban tenía faltantes.

Pero eso no le impidió ir juntando dinero. Decidió evitar muchos lujos: ya no se iba en camión a su trabajo, ahora caminaba; ya no compraba ningún tipo de refresco, mucho menos cerveza. Ahora solamente agua, y de la más barata: hervía la que salía del grifo y ésa se tomaba.

Esteban quería ir al Mundial: el sueño que soñó de niño. Hizo todo lo posible. Nada de comer de más, nada de ropa nueva, nada de gastos superfluos. Lo necesario.

A un año de iniciar el Mundial, Esteban no tenía mucho. Apenas la mitad de lo que costaba el paquete en la agencia de viajes.

Vendió televisor, celular, DVD, sillas, mesas, manteles, cubiertos, platos, dos joyas que su mamá le heredó, el reloj de su papá…

Dos meses antes de iniciar la justa deportiva, cuando llegó a la agencia de viajes, llevaba varias bolsas llenas de morralla junto con decenas de billetes de a veinte y cincuenta pesos.

A Esteban le alcanzó para ir al Mundial.

En el aeropuerto los despidieron sus amigos. Esteban jamás había viajado en un avión. Era su primera vez. Estaba nervioso. Iba solo porque en el barrio eran muy pobres para ir al Mundial. Verían los partidos que la televisión abierta se dignara pasar. Los demás, no.

Se sentó en el asiento que le correspondía. No mentimos si decimos que Esteban estaba temblando. Tenía sesenta y cinco años y jamás había salido de país. Ir al Mundial era su sueño.

Pero los sueños que se cumplen a veces no se parecen a los sueños que se sueñan.

Despega el avión. Esteban nervioso. Avión comienza a volar. Esteban aún más nervioso.

Más de ocho horas de vuelo. Esteban además de nervioso, incómodo. Vomita varias veces durante el vuelo. No puede dormir. Esteban cansado. Esteban con cabeza adolorida. Esteban con cuerpo que parece desvanecerse.

Se anuncia el aterrizaje.

Maldito corazón de Esteban: no soportó el nerviosismo de cumplir aunque sea un poquito el sueño que soñó de niño.

Infarto al corazón.

Esteban llegó muerto a Sao Paulo.

Ese mismo día, con diferencia de unos minutos, la selección mexicana de fútbol aterrizó en suelo brasileño. Todos llegaron sonrientes: cumplían un sueño.

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