Pablo Hernández / @monobailasolo
(28 de marzo, 2014).- El pasado domingo 23 de marzo, en la Sala Nezahualcóyotl, la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata de la UNAM interpretó una de las obras obligadas en el repertorio solista para uno de los instrumentos de la familia de cuerdas. Hablo del Concierto para violonchelo de Edward Elgar (1857-1934). Interpretado por grandes violonchelistas como Casals, Rostropovich y Yo-Yo Ma, pasó a la historia por la grabación que realizó Jacqueline du Pré en 1965 con John Barbirolli y la Orquesta Sinfónica de Londres.
El compositor inglés logró el reconocimiento internacional ya en la madurez. La persistencia con la que se colocó entre los más importantes autores de su país se dio gracias al apoyo que siempre tuvo de su esposa Alice. Aquel joven clasemediero y autodidacta llegó a ser nombrado Sir Edward William Elgar. Como muchos músicos del post romanticismo, la Primera Guerra Mundial influyó directamente en sus trabajos: fue durante los primeros años de la posguerra que apareció su Concierto para violonchelo, que reflejaba un ambiente introspectivo y saturnino.
Al momento de despertar de la anestesia, convaleciente aún de una operación de amígdala, Elgar pidió lápiz y papel, y anotó la idea de una melodía que se convertiría en el tema de su concierto, considerado el último de importancia de su esplendido periodo de creatividad, entre 1899 y 1919.
La obra fue estrenada el 27 de octubre de 1919, seis meses después falleció Alice, y con ella también falleció la creatividad de Elgar.
Después del estreno, el concierto prácticamente pasó al olvido. Fue hasta la década de 1960 que una joven violonchelista británica de nombre Jacqueline du Pré lo incluyó en su repertorio, colocándolo en su merecido lugar en la historia. Constancia de ello es la grabación en estudio de 1965, y la filmación de 1967 donde es acompañada por la New Philharmonia Orchestra, bajo la batuta del marido de la violonchelista, Daniel Barenboim, cuando ésta ya presentaba síntomas de esclerosis múltiple, enfermedad que la llevaría a la muerte con tan sólo 42 años de edad.
En el año de 1998, Anand Tucker presentó la película Hilary y Jackie, basada en el libro escrito por Hilary y Piers, hermanos de la violonchelista. Inmediatamente después del estreno, el filme se rodeó de controversia, pues presenta a una Jacqueline desalmada y frívola, y a un Barenboim materialista e ingenuo. Y por el otro lado, una Hilary bondadosa, pilar de la historia.
El tenor de las críticas va en el mismo canal, los hermanos se subieron de la forma menos decorosa a la fama de Jacqueline, influenciados por la envidia, los celos y el dinero. Hay que mencionar que Hilary compitió con su hermana en la música, aunque sólo se le conoció como una flautista sin trascendencia. Los mismos hijos de Hilary censuraron el comportamiento de su madre.
El documental de 1967, realizado por Christopher Nupen, deja una mejor constancia de la grandilocuente presencia de Jacqueline, considerada la mejor violonchelista del siglo XX, no solo por su virtuosidad, la emotividad de sus interpretaciones quedó para siempre en el corazón del público. El Concierto para violonchelo de Elgar la acompaño durante sus años de esplendor, desde los 17 hasta los 28, cuando tuvo que dejar a su compañero para siempre, el violonchelo, un Stradivarius Davidov 1712, que ahora se encuentra en manos de Yo-Yo Ma.


