(14 de Octubre, 2015).- Uno de los principales sicarios del cártel de los “Guerreros Unidos”, Jonathan Osorio Cortés, “El Jona”, declaró que los encargados de la incineración de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa en el basurero Cocula tenían la instrucción de tomar fotografías de dichas acciones para demostrar el cumplimiento de su deber, de acuerdo con la versión oficial de la Procuraduría General de la República (PGR).
Según la confesión del sicario, tuvo un rápido ascenso en su carrera delictiva en el cartel, al cual se unió en mayo de 2014 y que fue uno de los principales responsables de la incineración de los estudiantes de Ayotzinapa.
“Me integré a los Guerreros Unidos en mayo de 2014, con un sueldo de 7 mil 500 pesos al mes. Cuando llevaba un mes en Cocula recibí un paquete de cuatro personas que habían levantado en el (río) Balsas. Lo que se nos había dicho era que estas personas eran malas” relató en su declaración el detenido.
“Dos de ellos secuestraban, uno robaba niñitos a los cuales trasladaba de Cocula a Tijuana en donde los vendían. La cuarta persona era una mujer que había hecho un intercambio en el que ofreció trabajar con La familia michoacana con tal de que liberaran a su mamá” sostuvo el presunto delincuente en la versión oficial.
“Mi participación era llevarles comida a quienes cuidan a esas personas en el monte o basurero. A la semana de llevar a cabo esta función sé que se recibió una orden de “El Cepillo” (Felipe Rodríguez Salgado, quien dirigió la presunta incineración) para que se liberara a la muchacha, la cual ofreció trabajar para La familia, y al resto, es decir, la mujer que vendía niños y los sujetos que secuestraban, deberían ejecutarlos” refirió el Jona, según la investigación de la PGR.
“A mí se me encargó cuidar a la muchacha, mientras (se inserta el nombre de una persona testado en la versión pública) y (otro hombre al que se identifica con el sobrenombre de Primo) daban muerte a la mujer que vendía niños y a los secuestradores; a ellos los mataron en el basurero de Cocula, el cual está retirado de la colonia Vicente Guerrero” añadió el integrante del crimen organizado.
“En esa ocasión (el nombre está tachado en versión publica) los decapitó, mientras Primo preparaba una plancha con piedras más o menos grandes, llantas que se colocaban en medio y leña; encima de esta plancha se ponían los cuerpos y se les incineraba con diésel. El cocimiento duró como ocho horas. Para eso hay que estar atizando y meneando para que se calcinen bien los cuerpos. Cuando ya están consumidos en cenizas, se apachurran con un tronco pesado y largo machacando bien los huesos; conforme se van aplastando y meneando se van convirtiendo en cenizas tan sencillas como las de un tronco bien calcinado”.
Finalmente, el sicario explicó que “se procedió a recoger las cenizas en bolsas y se tiraron al río Cocula. El sitio de la pira se desmontaba y luego se limpiaba con varas para esparcir la tierra quemada y luego se colocaba basura encima”.
Además, cada vez que un delincuente incineraba a una víctima, fotografiaba dichas acciones para demostrarles a los jefes que habían cumplido su deber.
Aunque la habían prometido un pago, según la versión oficial, el sicario no recibió el pago en dos meses.

