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Ética y pornografía. ¿Víctimas o putas?

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Carlos Bauer / @CarlosBauer3_0

(10 de octubre, 2013).- Hace unas horas, una editora de REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO escribió una excelente nota en la que reflexiona sobre machismo y violencia de género en la sociedad mexicana a partir del caso de una conductora que se quita la ropa interior en el curso de una entrevista televisada con un conjunto de música grupera. Como suele suceder en este tipo de notas, lo más interesante fueron los comentarios de los lectores.

Algunas personas –en su mayoría, mujeres– compadecían a la conductora, señalando su incomodidad ante la situación y el acoso ejercido por sus entrevistados, a pesar de que el video la muestra divertida y hasta provocativa con quienes le piden dar un espectáculo frente a la cámara. Otras –en su mayoría, hombres–, levantan dedo flamígero y no vacilan en acusar a la conductora de puta, a pesar de que ella está haciendo un trabajo como animadora de televisión.

Para el primer grupo de personas, la chica es una víctima sin voluntad en medio de los chacales. Para el segundo, es una mujer que, por su característica de puta, no merece el respeto de los demás y se tiene bien ganada cualquier humillación que le sea infligida puesto que no se da a respetar. Ambas visiones me parecen simplistas y degradantes para la mujer, aunque por razones distintas.

Asumir que la conductora era simplemente una víctima del –indefendible, por supuesto– machismo y que ella en nada propició la situación, es relegarla a un papel pasivo, en el que se descarta la posibilidad de que ella disfrute haciendo este tipo de trabajo y se pierde de vista que tiene el poder para detenerlo. No intento soslayar la cuestión de que su trabajo es vejatorio en sí mismo, pero sí quiero llamar la atención sobre el hecho de que ella parece disfrutarlo, lo que invita a reflexionar en torno al papel de la mujer en la reproducción de las conductas machistas –espero sea bastante claro que esto no lleva a decir ella se lo ganó.

Porque esta última era la postura del segundo grupo de lectores que llamó mi atención. “Hahaha y luego chillan que las violan, pues asi como no”, dice el más desenfadado de ellos. No voy a tratar de elucidar si una conductora que se deja manosear y responde divertida a las insinuaciones sexuales de sus entrevistados es o no es una puta. Después de todo, eso es un problema que le concierne a ella y sólo a ella, ¿no? Pero es característico de la mentalidad machista rebajar a una mujer a la categoría de puta para negarle sus derechos y ponerla fuera de la órbita de la ética. ¿Acaso el que una mujer sea puta, en el sentido más estricto de la palabra, nos da derecho a tratarla sin el más elemental respeto, a humillarla aunque ni siquiera seamos nosotros quienes le estamos pagando?

Cierto, hasta aquí no he hablado de pornografía. Sentí la necesidad de escribir estas ideas porque me quedé realmente horrorizado al ver la ligereza con que algunas personas se lanzaron a opinar sobre la escena de la conductora –aunque también hubo reflexiones interesantes; en su mayoría, quiero decirlo, de mujeres–. Pero, ¿acaso no es muy similar la polarización de opiniones en torno a la pornografía? Las actrices son siempre víctimas o putas. Otro día intentaré poner algunos matices de gris en ese cuadro a blanco y negro.

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