(14 de febrero, 2016).- Molestia, gritos e incluso maldiciones contra las autoridades federales, prevalecieron por varios minutos entre los familiares de los reos que quedaron en el penal de Topo Chico, en Monterrey, Nuevo León, luego de que les informaron que la hora de entrada para ver a sus seres queridos había sido retrasada un par de horas y por tanto, tendrían que esperar más.
Frente a la puerta, a pocos metros de distancia, los vecinos de la zona colocaron varias veladoras en forma de cruz, para recordar la memoria de al menos 49 presos que fallecieron en lo que las autoridades penitenciarias, de la entidad –encabezadas por Jaime Rodríguez, El Bronco– y el federal, catalogaron como “una riña” entre grupos antagónicos del crimen organizado.
Desde muy temprano, comenzó a llegar la gente; en particular mujeres, cargadas de bolsas plásticas y de mandado repletas de recipientes de plástico que aunque así lo quisieran, no guardan el calor de la humeante comida que con mucho esfuerzo hicieron para los suyos.
La fila comenzó a formarse incluso antes de que apareciera el sol en el horizonte. Los custodios paseaban por ella, observando de arriba abajo a las féminas y a uno que otro menor que llevaban de la mano. “Se reforzó la vigilancia”, advertían los uniformados de vez en vez.
Mientras esperaban, varios curiosos se acercaron a observar las listas descoloridas en las que se enumeraron a los reos que fueron trasladados a otros penales.
La Fuerza Civil informó a los familiares que la entrada no se realizaría a las ocho de la mañana, como generalmente sucede, sino a las 10 de la mañana, pero la molestia incrementó cuando los uniformados dieron que quedaba prohibida la entrada de los niños.


