Por: Valentina Pérez Botero
Twitter: @vpbotero3_0
Dicen que es un procedimiento de consultorio. La mujer se acuesta, como en cualquier cita al ginecólogo, abre las piernas y el médico introduce el espéculo que abrirá el espacio necesario para que pasen dos jeringas: una con anestesia local y la segunda, con la promesa de aumentar su punto G.
El efecto de aumentar la sensibilidad y el placer sexual cuesta entre 600 y mil 500 dólares, y su efecto sólo llega hasta máximo cinco meses. Quienes ofrecen el G shot dicen que, además de ser un procedimiento poco invasivo, sólo inhabilita a la mujer para tener relaciones sexuales durante dos días.
El invento es la creación de un controvertido cirujano plástico de Beverly Hills, David Matlock, quien además de patentar la inyección ofrece un curso sobre su aplicación que cuesta casi 5 mil dólares.
La promesa -de más, mejores y múltiples orgasmos– ha circulado en el mundo de la cirugía estética desde 2002 aunque su comercialización fuera de Estados Unidos es reciente. Los resultados de la inyección parecen milagrosos. En la red se encuentran testimonios de cambio de vida, de revolución sexual, de alucinantes horas de sexo…
Pero, ¿Dónde queda el punto G? Aunque esta inyección estandariza su ubicación en la vagina, estudios han revelado la variabilidad en la ubicación. Hay mujeres que sí lo tienen atrás del hueso púbico, al interior de la vagina, aunque también se ha encontrado que algunas lo tienen enfrente; así que la inyección podría, en principio, estar aplicada en el lugar equivocado.
La inyección contiene ácido hialurónico, que se encuentra al interior de algunas articulaciones, y es también la materia prima de muchas inyecciones estéticas que utilizan colágeno para aumentar el tamaño de labios, por ejemplo. La sustancia en sí alerta a algunos especialistas, quienes dicen que en procedimientos faciales se ha encontrado que su aplicación llega a producir el efecto contrario: disminuye la sensibilidad.
El peligro de disminuir la sensibilidad se complementa con la complejidad de la zona en la que es inyectada, pues existen millares de terminaciones nerviosas y puntos clave de la función sexual femenina.
Aunque el dr. Matlock asegura que su eficacia ronda el 87 por ciento, los científicos dudan de la veracidad de los estudios en que se sustentan: nunca se ha hecho público ni su metodología ni su alcance. Incluso, la pregunta más fatídica recae en lo poco que se sabe de sus efectos a largo plazo ¿Reduce la libido, el deseo sexual, la sensibilidad? ¿Puede crear dependencia?


