La Diócesis de Saltillo mandó a la ciudad de México al sacerdote Adolfo Huerta Alemán, conocido como ‘Gofo’, para especializarse en Filosofía por la Universidad Pontificia de México. Conjugó los libros con su apostolado social en el barrio de Tepito: hablarles a prostitutas sobre Derechos Humanos y dignidad.
En sus inicios, cuando era sacerdote de la parroquia de Nuestra Señora de Atocha, un matrimonio le externó: “Queremos decirle que si usted sigue en esas fachas y contando chistes en misa, nos vamos de esta parroquia”
En la homilía, al verlo ataviado con playera negra, las uñas pintadas y su melena larga, los católicos más puristas decidieron abandonar la parroquia… aunque después regresaron.
En su librero, se pueden leer títulos de todo género: desde El Concilio Vaticano II hasta novelas existencialistas y de ciencia ficción; en su escritorio permanece una calavera que, según Gofo, es una manera de recordar a la muerte como un proceso natural de la vida.
“Me dijo que en las fiestas de jóvenes había más comunión que mis misas. Me dijo, en mis fiestas desde que llegas, aunque seas desconocido, todos te saludan de mano, pero en tu templo, cuando llegas a misa, nadie te pela, te dan la mano en la paz, pero de puro compromiso”, platica, y luego prosigue, “Lo que voy a decir puede sonar sacrílego, pero me dice mi hermana que en la carne asada de las fiestas hay más comunión que en tomar la comunión, porque en las fiestas todos comparten, platican mientras comen, pero en las misas, uno comulga en filita, salen del templo y a pesar de que se ven cada semana, seguro que nunca platican con el del lado”.
Así es la vida de Gofo, recorriendo Tamaulipas en su motocicleta, yendo y viniendo, de oficiar misa a bendecir casas, escuchando metal.
Quizá todo tenga respuesta en que el padre Gofo ni cree en Dios y goza con total plenitud del sexo.


