(04 de junio, 2014).- “Aquel cinco de junio del 2009 jamás debió ocurrir”, fue la primera línea que sonó en el Teatro Coyoacán la noche de este martes entre silencios y el duelo que desde hace cinco años enfrentan familiares de los 49 menores que perdieron la vida durante el incendio de la Guardería ABC mientras otros tantos aún tienen heridas permanentes que la tragedia les ocasionó.
La obra escrita por Humberto Robles y dirigida por Edgar Álvarez Estrada, conmocionó a las decenas de asistentes que durante la lectura dramatizada catalogaron la tragedia infantil como “un crimen colectivo de larga data que comenzó mucho antes del incendio y que aún no termina”.
Detrás de éste, narraron, existen muchos años de corrupción donde una obligación del Estado, haciendo referencia a la prestación de estancias infantiles, “se volvió franquicia” bajo la llamada subrogación.
“Desde aquel 5 de junio hay una voz que no deja de escucharse, ¡justicia! ¡justicia! ¡justicia!” declamaron.
Entre fragmentos leídos en primera persona del plural, el guión dio cabida a declaraciones reales de los padres de familia cuyos niños resultaron heridos o perdieron la vida.
“Ese día cuando íbamos de camino a la guardería dejamos nuestro bebé. Se paró y dijo: ‘adiós mamá’. Nunca pensé que sería el último adiós”, mencionaron los actores en escena.
Entre un auditorio lleno, los actores narraron el día del accidente dando voz a las declaraciones de las maestras que vivieron el cinco de junio.
“Se oía un caos. Se oía llorar a muchos niños. Su llanto como de dolor y desesperación. Pensamos que iba a explotar todo porque hay una gasolinera enfrente de la guardería”, mencionaron.
Durante dos horas, los actores narraron el dolor y desesperación de los padres que buscaron de hospital en hospital a sus hijos, algunos de ellos pararon su búsqueda cuando llegaron al Semefo, lugar en donde tuvieron que identificar a través de fotos a sus hijos, mismos que terminarían en cajas de madera cerradas, no porque se vieran mal, narraron, sino porque prefirieron que toda la gente los recordara durmiendo o jugando.
“Algunos se los llevaron a Guadalajara, ahí empezó mi pesadilla”, narro una actriz simulando ser una de las madres, quien recordó como al llegar a otro estado a ver a su hijo en el hospital, no los dejaron pasar, puesto que iban a tener una visita, se trataba de la primera dama en ese entonces Margarita Zavala.
“La primera dama y todos los de mejor posición son seres humanos como nosotros, todos somos seres humanos. No valemos ni menos mi más que nadie”.
Recordaron cómo a las enfermeras les advirtieron que no podían decir nada de lo que habían visto, mientras que los beneficiarios de la subrogación, ligados al Partido Revolucionario Institucional (PRI) y al Partido Acción Nacional (PAN) “ni siquiera dieron el pésame en persona”.
Tras un pase de lista que, evidenciaron, no debió existir, los actores acompañados de familiares y amigos en el Teatro lanzaron el cuestionamiento que desde hace cinco años los mantiene en búsqueda de justicia para los menores.
¿Quiénes son los culpables?
Los culpables fueron señalados con nombre y apellidos. Eduardo Bours, ex gobernador de Sonora, Daniel Karam y Juan Molinar Horcasitas ex directores generales del Instituto Mexicano del Seguro Social y Felipe Calderón. También, destacaron, fueron culpable la Suprema Corte de Justicia, la prensa que dejó de informar sobre la tragedia así como el grueso de la sociedad que no ha levantado su voz para pedir justicia.
Qué exigir a un lustro de la tragedia. Que los funcionarios y servidores públicos sean sancionados y aquellos que no alcancen acción penal sean sancionados administrativamente así como cesados de por vida para ocupar un cargo público. Que la Ley de Estancias Infantiles regule la protección de los niños, mantener la memoria de los y las niñas fallecidas erigiendo un memorial e impulsar el día 5 de junio como día luctuoso nacional, dijeron en la puesta en escena.
“Le ofrezco al ex gobernador Eduardo Bours que me de uno de sus hijos por un millón 400 mil pesos que fue lo que ofreció como indemnización, dijo uno de los padres de las víctimas al concluir la obra.
No cesar en la búsqueda de justicia, porque un día, dijo el padre, “un día la justicia se va a alcanzar”.


