Pablo Hernández / @monobailasolo
(11 de abril, 2014).- El viernes 31 de enero de 2014, tuve la oportunidad de presenciar uno de los mejores conciertos en mi experiencia musical. Con el excelente violinista noruego Helge Slaatto, se presentó el director artístico de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, el londinense Jan Latham-Koenig, en una faceta más humilde, como pianista acompañante. El concierto se realizó en la intimidad de la Sala Carlos Chávez de una capacidad de apenas 163 asientos. La jovialidad de Slaatto se combinaba a la perfección con la solemne seriedad de Latham.
El dueto ya se había presentado con anterioridad en la misma sala de conciertos, con un programa plegado de experimentalismo, lo que no fue de mi total agrado, así que tomé con escéptico el del 31 de enero, esperando disfrutar, por regla, de su virtuosidad. Aún más, al ver que el programa incluía obras del compositor estadounidense Henry Cowell, pilar del modernismo del sigo XX en su país, no me quedaba la menor duda de lo que me esperaba.
Pero para mi asombro, Slaatto lo dejo claro desde el principio:
El recital estará constituido por canciones de amor que los compositores hicieron a sus parejas y a su país.
De las obras que presentaron, de Grieg, Bartók, Bach y Gershwin, fueron de Cowell las que me dejaron helado. Selecciones de la Suite para violín y piano de 1926.
Sin dejar de lado uno de sus sellos característicos, los famosos clusters (notas que deben ser tocadas simultáneamente con los puños, las palmas de las manos o los antebrazos), el dueto presentó a un Cowell totalmente pasional.
Henry Cowell se dio a conocer a los quince años, cuando interpretó por primera vez en público su composición The Tides of Manaunaun (Las mareas de Manaunaun) de 1912, donde presentó también por primera vez sus clusters. Más adelante introdujo el uso del interior de la caja acústica, utilizando directamente las cuerdas del piano, como si fuera un arpa. Diseñó el ritmicón, maquina que reproducía los multi-ritmos que sus obras requerían, por la complejidad, fue posible escucharlas hasta que fueron grabadas en 1978. Asimismo, compuso obras consideradas elásticas, donde el intérprete podía tocar cuantas veces quisiera y en indistinto orden, ciertos pasajes de sus partituras.
Pero las composicioens que presentó en la Sala Carlos Chávez reflejaron más su intimidad. Cowell era bisexual, y sus relaciones con mujeres habían terminado de forma trágica: una de ellas, Edna Smith, murió en un accidente de auto en 1922. En 1936 fue arrestado por cargos morales y pasó cuatro años en la prisión de San Quintín. Tras cumplir la condena, Cowell se volvió más reservado y se apartó del experimentalismo que lo había representado hasta el momento.
Las Selecciones de la Suite para violín y piano son un claro ejemplo de la ambivalencia en su vida. Por un lado el violín dota de una melodía emotiva y pasional, mientras que el piano, con los clusters, da una profundidad y melancolía que guardaba el corazón de Cowell.
Como dato curioso, Henry Cowell fue maestro particular de compositores tan importantes como John Cage, Lou Harrison y George Gershwin.


