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Herencia maldita

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Para donde camine este gobierno de la Cuarta Transformación se va topando con nuevas minas que intentan hacerlo volar por los aires en pedazos, forzar la derrota y suplicar la rendición.

No hay un solo frente que el régimen pasado no haya tocado por la corrupción. Todo lo público fue un pretexto para crear un mecanismo de beneficios para una minoría.

Peor aún, los mismos políticos que encabezaron el saqueo y nadaron en recursos públicos mediante la corrupción como método y dejaron al país en ruinas, nos quieren convencer de que “lo hacían mejor”. No asumen los costos de sus agravios, por lo que su narrativa es una ofensa a la inteligencia.

En estos días hemos tenido más ejemplos de esa corrupción criminal que resiste a desaparecer sobre todo en algunos estados. Ante el Senado, el titular del Insabi, Juan Ferrer, reveló que en algunas entidades se roban medicamentos que son entregados por el gobierno federal y luego los comercializan. “Lo lamento decir así, se los roban y comercializan en farmacias”.

En el caso de Michoacán, un anuncio del gobernador actual, Alfredo Ramírez Bedolla, refleja los excesos de su antecesor Silvano Aureoles: tenía bajo su mando 160 escoltas. Un séquito que refleja los excesos del perredista que dejó a la entidad con más de 20 mil millones de pesos en deudas, un déficit presupuestal de más de 18 mil mdp y un quebranto de más de 12 mil mdp en materia de seguridad pública. Una corrupción criminal que incluyó la falta de pago al magisterio bajo el pretexto de que la Federación debía resolverlo todo.

Pero el salpicadero de corrupción no solo es presente sino también pasado y en la medida que sus actores principales no rindan cuentas no podemos permanecer silenciosos ni cómplices.

En la FIL en el Zócalo de la CDMX, Francisco Cruz, autor del libro “El Señor de la Muerte”, habló de otro asunto irresuelto de corrupción y de la relación entre el expresidente Felipe Calderón y Genaro García Luna.

Del exsecretario de Seguridad Pública Federal
afirmó que “desde niño fue un criminal” y que su relación con el crimen organizado empezó a fines de los años 80, por lo que en 1987 creó una banda para robar casas.

Pero Cruz fue más lejos y declaró: “García Luna hizo presidente a Felipe Calderón” ya que en la campaña de 2006 puso a la AFI al servicio de Calderón e “infiltró los movimientos de López Obrador”.

Pero estas historias son solo unas postales de la corrupción que en todas las escalas nos han mermado como sociedad. El propio presidente Andrés Manuel López Obrador ha reconocido que como opositor se quedó corto en el diagnóstico y que se dio cuenta que el problema era aún peor.

Así, la corrupción hallada ha sido proporcional al tamaño de la reacción de esos grupos que, cada vez con mayor virulencia y con maquinarias propagandísticas a su disposición, reclaman el regreso de sus privilegios.

El dinosaurio está ahí, en el cuarto de al lado, ha despertado y añora sus fueros. Por eso la batalla contra la corrupción, esa herencia maldita, no puede ser tarea de un solo hombre sino de millones de personas conscientes que, a partir de un nuevo contrato social y democrático, pongamos un dique definitivo al saqueo.

P.D.

Reconoció John Kerry la lucha de AMLO contra la corrupción y el Programa Sembrando Vida. Lo van a acusar de “chairo”.

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