Por Marta Durán de Huerta / El Toque
(8 de mayo, 2014).-El 6 de mayo se presentó en Casa Lamm, centro cultural de la Ciudad de México, el libro “Un grito de Socorro desde Juárez, Crónica de un asesinato impune”. La autora es Arsene Van Nierop, madre de Hester, la joven holandesa violada y asesinada en Ciudad Juárez en 1998. Este es un libro, que como dice el periodista Sergio González, nunca se debió haber escrito porque Hester no debió morir. Ninguna niña o mujer debió ser asesinada.
En la mesa de presentación estuvieron el editor de Penguin Random House Enrique Calderón, la abogada María de la Luz Estrada, de Católicas por el Derecho a Decidir, Arsene Van Nierop, Irinea Buendía, madre de una joven asesinada en el Estado de México y la diputada Martha Lucía Micher. Esta última empezó su ponencia y el sentimiento la fue dominando. Se le quebró la voz y lloró. El silencio en la sala fue impactante; un vacío total llenó la sala.
“En un tono sereno, Arsene van Nierop explicó “en septiembre de 1998 recibí la noticia del asesinato de mi querida hija en Ciudad Juárez. No puedo describir cómo me sentí. Caí en un agujero tan oscuro y profundo. ¿Cómo salir? Yo estaba segura de que la policía estaba buscando al sospechoso. En esta situación tan horrible pensé que la policía mexicana funcionaba casi igual que en Holanda. En Holanda no necesitas un abogado como en México. Tampoco me di cuenta de que la policía mexicana tiene otra mentalidad a la holandesa. Si lo hubiera sabido nunca le habría dicho a mi querida hija, toma la ruta de Ciudad Juárez”.
La familia Van Nierop estuvo de vacaciones en México. Hester acababa de recibir su título de arquitecta y quería hacer unas prácticas y una pasantía en Estados Unidos. Sin saber nada de la situación en Ciudad Juárez, Arsene le recomendó a su hija mayor, viajar en autobús a la ciudad fronteriza para cruzar la línea que divide dos países, dos culturas, dos mundos.
Arsene leyó pausadamente: “La policía me daba esperanzas y confié en ella. Intentamos continuar con nuestra vida con un dolor tan inaceptable como profundo; nuestra única ventaja es que no vivimos en el mismo país que el asesino, no nos lo vamos a encontrar en la calle, no será nuestro vecino. Nuestro asesino vivía al otro lado del mundo”.
Medio año después de la muerte de Hester una periodista holandesa me contó de los horrores en Ciudad Juárez. Antes pensaba que mi hija estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado. Después entendí que eso le puede pasar a cualquiera. Sergio González, el autor del libro Huesos en el Desierto me escribió para preguntarme algunas cosas para redactar un capítulo en su libro sobre Hester. También me recomendó acudir a Amnistía Internacional; así empezó mi lucha por los Derechos Humanos”.
“Arsene convirtió su dolor en fuerza para exigir justicia, no solo para Hester sino para todos los feminicidios. Creó laFundación Hester que recauda fondos para apoyar una ONG llamada Casa Amiga donde las víctimas de la violencia encuentran refugio, ayuda psicológica con terapia de contención, en especial los niños que han sido testigos de los asesinatos de sus padres; hay ayuda legal, médica, talleres como por ejemplo clases de karate para niñas y mujeres.”
Esta mujer menuda, de ojos azules como el cielo de Chihuahua, se ha convertido en vocera de las mujeres, de las víctimas que son transparentes o inexistentes ante las autoridades mexicanas. El activismo de Arsene la hizo merecedora de la Orden de Orange y Nassau, la más grande condecoración que se otorga en Holanda para honrar a quien lo merece.
Nadie se suicida a golpes
En la presentación del libro estuvo Irinea Buendía, madre de Mariana Buendía, víctima de feminicidio en Chimalhuacán, estado de México. Mariana se casó con Julio César Hernández Balines, un hombre violento, celoso y cruel. Las golpizas eran el pan de cada día: “Mi hija le tenía no miedo, sino pánico”, dijo a nuestros micrófonos la señora de pelo blanco y riguroso luto. “Yo estuve con mi hija el 28 de junio de 2010 una noche antes de su muerte y me dijo que al día siguiente lo dejaría definitivamente; que estaba dispuesta a dejar a su esposo, que ya no aguantaba ese infierno de maltratos físicos y psicológicos”. Mariana se fue a empacar sus cosas y al día siguiente, el 29 de junio, su esposo se presentó para decirme que mi hija se había suicidado, que se había ahorcado. Cuando llegamos al lugar de los hechos vi su cuerpo sin vida, lleno de golpes, de marcas de violencia y sus maletas listas”.
“Ya se había separado de él cuatro o cinco veces, pero volvió por miedo, continúa Buendía: “Él denunció suicidio ante las autoridades, yo asesinato y todo el contexto de violencia que ella sufrió. Nunca le dieron crédito a mis denuncias y nunca se siguió el protocolo del código de procedimientos penales”. “Yo pienso que las autoridades lo protegen; él es policía judicial en el Estado de México y la mecánica es hoy te protejo a ti, mañana me proteges a mí”, sentencia Buendía. “La corrupción en el Estado de México es muy fuerte igual que en el resto del país. Allá nos invitan a que denunciemos pero no nos hacen caso, por eso acudimos a la Suprema Corte” concluyó nuestra entrevistada que vive en el Estado de México, primer lugar en feminicidios de México.”
Cayó el principal sospechoso
A principios de 2014, la familia Van Nierop recibió una llamada telefónica: las autoridades mexicanas habían pedido la extradición a México del presunto asesino de Hester. El sospechoso usa cinco nombres como Roberto Flores o Adame López. Estuvo preso en una cárcel norteamericana por reingresar sin papeles migratorios a los Estados Unidos. Todas las descripciones que se tienen de él coinciden con las de los testigos. ¿Será? Arsene pide un juicio justo con pruebas científicas para evitar que se use a alguien como chivo expiatorio y calmar la presión internacional.
¿Quieres hablar con el sospechoso? Le preguntaron a Arsene que respondió: “No, no quiero saber nada de él, no quiero ni verlo”.


