En una decisión sin precedentes, el expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, fue condenado este jueves a una pena de 27 años y tres meses de prisión por haber intentado dar un golpe de Estado. Por cuatro votos a uno, la corte suprema de Brasil determinó que Bolsonaro lideró una organización criminal para aferrarse al poder después de su derrota electoral en 2022 frente al actual mandatario, Luis Inácio Lula da Silva.
El tribunal lo encontró culpable de cinco delitos graves, incluyendo el de intento de abolición del Estado de derecho y liderar una organización criminal armada. La condena convierte a Bolsonaro en el primer ex presidente en la historia del país en ser sentenciado por un ataque a la democracia.

Las pruebas que lo llevaron a la cárcel
Durante el juicio, se presentaron pruebas que evidenciaron la injerencia de Bolsonaro en la trama golpista. El testimonio clave provino de su exayudante, el teniente Mauro Cid, quien confesó que el exmandatario recibió, leyó y modificó un decreto para declarar el estado de sitio, revertir el triunfo de Lula y detener a varias autoridades, incluyendo jueces del Supremo. También afirmó que existía un plan para asesinar a Lula y a otras figuras políticas.
La jueza Cármen Lúcia Antunes destacó que hay “pruebas suficientes” de que Bolsonaro actuó “con el propósito de erosionar la democracia”. Por su parte, el juez instructor, Alexandre de Moraes, afirmó que el ataque del 8 de enero de 2023 no fue un “paseo dominical”, sino un intento de golpe por parte de una “organización criminal”.

Futuro incierto y reacciones internacionales
Aunque Bolsonaro, de 70 años, ya estaba inhabilitado para ocupar un cargo público hasta 2030, esta condena se suma a las penas que ya tenía por otros delitos. Actualmente bajo prisión domiciliaria, su defensa buscará que continúe en esta situación, alegando problemas de salud.
La condena también ha tenido un fuerte eco internacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha calificado el proceso como una “caza de brujas” y ha intentado presionar a Brasil con aranceles y sanciones a jueces. La defensa de Bolsonaro incluso sopesó la idea de pedir asilo en Argentina.

Mientras que para muchos esta condena es un mensaje contundente de la justicia de Brasil al mundo, para sus seguidores, como su hijo, el senador Flávio Bolsonaro, es la violación de la democracia para condenar a un “inocente”. A pesar del veredicto, el conflicto podría no terminar aquí, ya que la defensa de Bolsonaro se aferra a la posibilidad de apelar la decisión o, incluso, buscar una amnistía en el Congreso.


