La mañana del 16 de septiembre amaneció templada en la Ciudad de México, como si la capital recuperara respiro después de una noche de fiesta en la que más de 200 mil personas abarrotaron el Zócalo para dar el grito. Pero el eco de las campanas y de los “¡Viva México!” pronto se mezcló con otro estruendo: el de los discursos en el arranque del desfile militar.
Y esta vez, el que encendió los reflectores no fue un general ni la propia presidenta Claudia Sheinbaum, sino el secretario de Marina, almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, quien habló sin rodeos de un tema incómodo: el huachicol fiscal dentro de la propia institución.
“Fue muy duro aceptarlo, pero hubiera sido imperdonable callarlo. El mal tuvo un fin determinante, en la Marina no encontró lugar ni abrigo”.
Así lo declaró con voz firme desde el templete, frente a los altos mandos y a la mandataria federal, Claudia Sheinbaum.
El golpe interno que no se ocultó
El almirante se refirió de manera directa a los presuntos vínculos de mandos navales con una red de huachicol fiscal: la introducción masiva de combustibles al país bajo fracciones arancelarias falsas, con el fin de evadir miles de millones en impuestos.
“Fuimos nosotros mismos quienes dimos el golpe de timón, porque la lucha contra la corrupción y la impunidad son parte central de la transformación”, añadió.
Morales subrayó que no se trató de encubrir, sino de exponer ante la ley y ante la conciencia ciudadana los actos irregulares.
“Pase lo que pase, duela lo que duela, se trate de quien se trate… nuestra lealtad nos sostiene”, enfatizó.
El secretario recordó que la Marina, desde su creación en 1821, ha estado ligada a la construcción del Estado mexicano y al fortalecimiento de la soberanía. Por eso, dijo, erradicar cualquier intento de corrupción es también una forma de honrar esa historia.
Soberanía en voz de Sheinbaum
Tras el almirante, fue turno de la presidenta. Con su primer desfile militar como comandante suprema, Claudia Sheinbaum cerró la tanda de discursos reforzando un mensaje que se ha vuelto sello de su administración al frente de México: la defensa de la soberanía.
“Hoy, con gran entereza, es claro que nuestro pueblo conoce su fuerza e historia, y por eso ninguna injerencia es posible en nuestra patria”.
Así lo afirmó, en un mensaje que pone frente hacia las amenazas de Donald Trump desde Washington.
La mandataria aseguró que México seguirá siendo un símbolo de paz y fraternidad, comprometido con la cooperación y la autodeterminación de los pueblos.
Entre ausencias y símbolos
En el templete también se notó lo que faltaba: el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ausente por motivos de seguridad, según fuentes del Ejecutivo.
Con los cielos rugiendo por el paso de los aviones y la Plaza de la Constitución teñida de verde, blanco y rojo, el desfile no solo mostró músculo militar, sino también la narrativa política del momento: una Marina que se atreve a hablar de sus propios demonios y una presidencia que blinda su discurso en torno a la soberanía.
Un 16 de septiembre que no se quedó en símbolos: se convirtió en declaración de principios.


