Isóptica: democratizar la mirada

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“Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad”.

Bertolt Brecht

La isóptica es el efecto visual que hace que en los teatros se alcancen a ver claramente todos los objetos que están en escena desde cualquier ángulo del público. Pone las cosas a la vista de todos, democratiza la mirada.

¿Cómo podemos opinar sobre algo, formarnos un criterio o incluso tomar postura sin haber observado cada elemento involucrado? Esta columna se tratará de eso, de arrojar los hechos a un escenario con isóptica, pues la opinión del que escribe —y por tanto, su postura— se va construyendo siempre desde la observación, siempre tratando de romper los cercos para mirarlo todo antes de atreverse a decirle sí no a algo.

¿Cómo decirle sí no al Tren Maya, por ejemplo, sin conocer las décadas de abandono en el sureste del país, sin saber que la repentina preocupación de la derecha por el medio ambiente no menciona que el 95 por ciento del trazo pasará por derechos de vía existentes, por donde ya hay carreteras, tendidos eléctricos y líneas de ferrocarril que ellos hicieron en su momento?

No hablan de los pasos de fauna, esos amplios puentes por donde pasará la vegetación de la selva permitiendo la movilidad segura de jaguares y otros animales. Tampoco hablan de los puentes aéreos para los primates y demás medidas que ellos no contemplaron cuando intervinieron aquella zona. No se difunden los planes de protección a sitios arqueológicos, los consensos logrados con las comunidades, los planteamientos de un ecoturismo comunitario que impida repetir la historia de Cancún y sus alrededores, obsequiados a los grandes empresarios de la hotelería gringa.

¿Cómo decirle sí no al Tren Maya sin atender la esperanza que está depositando la mayor parte de pobladores en el proyecto, gracias a sus implicaciones en cuanto a conectividad y desarrollo?

Si analizamos también casos como el del aeropuerto Felipe Ángeles, contra la trama de corrupción y ecocidio del de Peña en Texcoco, encontramos pistas similares. Más aún si hablamos de las pensiones para adultos mayores, los apoyos a personas con discapacidad, las becas para que niños, niñas y jóvenes puedan seguir estudiando o insertarse a la vida laboral; el acceso a la salud de manera universal y ya no como un privilegio de clase; los apoyos al campo, a la pesca, a la reforestación, entre otros.

Si contrastamos el saqueo y desmantelamiento sistemático de las instituciones del pasado con las políticas de austeridad republicana de hoy, pasa lo mismo. ¿Cómo evaluar el desempeño del actual gobierno sin revisar el pasado, sin comparar? ¿Cómo apoyar que se elimine el outsourcing sin conocer la reforma laboral peñista? ¿Cómo estar a favor de la desaparición de los fideicomisos sin estudiar el salinismo, sin enterarse de que los apoyos a artistas, investigadores, etcétera, se van a mantener sin la necesidad de una triangulación opaca y corrupta? ¿Cómo entender que la transición energética necesita que primero se rescate la soberanía para no terminar hincados o atados de manos ante los intereses de las oligarquías transnacionales?

Cuando se pone todo sobre la mesa, cuando todo en el escenario está a la vista, sin duda es más fácil hacer un balance y tomar postura. La realidad, lo que concebimos como realidad, es la batalla constante de las ideas, es el sentido común en disputa; es el viejo mundo resistiéndose a morir y el nuevo mundo luchando por nacer; como dice Gramsci, es el claroscuro donde aparecen los monstruos. Por eso, antes de atacar o defender las cosas, nos conviene mirar desde la isóptica.

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