Jalisco: la lucha contra la demolición del Mercado Juárez

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Proyecto Diez 

(03 de mayo, 2014).- La decisión está tomada. Pese a manifestaciones y descontentos de locatarios para que no derrumben el mercado Juárez, el alcalde de Tlaquepaque, Alfredo Barba, anunció que será en junio cuando inicien las obras de demolición.

El lugar de trabajo de cientos de personas podría convertirse en polvo de la noche a la mañana para dar lugar a un proyecto arquitectónico moderno. Esta situación preocupa a locatarios.

La remodelación se financiará con una inversión privada de aproximadamente 90 millones de pesos, por parte del grupo Impulsa México, que encabeza el ex futbolista Néstor de Torre.

“¡No nos vamos a salir!”

El cielo azul no tenía nubes que cubrieran el sol que se sentía muy cerca de la tierra. Era la 1 de la tarde y el reporte del clima anunciaba 30 grados en la zona metropolitana de Guadalajara; si la piel hablara, diría que el ambiente se sentía caliente como un infierno.

Era lunes 21 de abril de 2014, se respiraba tensión, había gritos de enojo de parte de locatarios, proveedores, clientes y uno que otro chismoso que protestaron afuera del Mercado Benito Juárez.

Esta vez no estaban vendiendo, esta vez no estaban comprando, estaban reunidos para gritar que no se saldrán de su mercado, para manifestar su hastío hacia la demolición de su fuente de trabajo e ingresos.

-¡No nos vamos a salir!- gritaban con euforia.

– ¿Quién se va salir?- coreaban los demás.

– ¡El presidente!, contestaban.

En las pancartas se leía: “No a la demolición, sí a la remodelación”, “Ya tembló y no se nos cayó”, “Barba no sobrepases las dimensiones del poder”.

La camioneta de Televisa ya estaba instalada. La reportera Beatriz García de la Cadena, quien según notas difundidas en la red, cobra en el ayuntamiento tapatío, iba a transmitir por unos minutos los testimonios de los manifestantes, la nota en vivo en medio del calor, de los gritos y de las ollas con agua de limón y jamaica que repartían los locatarios en vasos de plástico. Parecía una fiesta en vez de manifestación.

Al pasar en sus camionetas, por la estrecha calle de Álvaro Obregón, los policías subían el vidrio como si el miedo a ser atacados abundara en ellos. Un elemento de vialidad cuidaba que los autos pasaran y no lastimaran a nadie. Los conductores de los autos, un tanto desconcertados, respondían a la petición de los manifestantes de tocar el claxon en señal de apoyo.

Después de 40 minutos de iniciada la manifestación cerraron la calle Juárez, que intercepta con Obregón y 16 de Septiembre, para impedir el paso de los autos y evitar el caos vial que se presenció minutos antes.

Inconformidad hacia Alfredo Barba en el Mercado Juárez. FOTO: Milenio.

Inconformidad hacia Alfredo Barba en el Mercado Juárez. FOTO: Milenio.

Al finalizar el enlace en vivo, la reportera de la televisora, Beatriz García, se resguardaba del sol en la camioneta que portaba el logotipo de la empresa para la que trabaja, como si no le importara lo que pasa con los manifestantes y sólo pensara en el aumento de sueldo que acaba de recibir por parte del priísta Ramiro Hernández, alcalde de Guadalajara.

Según algunos medios, la mencionada cobra un cheque quincenal por 16 mil 664.74 pesos en ese ayuntamiento en la dirección de Mejoramiento Urbano.

A la 1:40 de la tarde, las personas con sus cartulinas en mano se movieron hacia la presidencia municipal en reclamo a Alfredo Barba. Le pedían que saliera y hablara del tema.

“¡Qué salga, no nos vamos a dejar!, ¡Ya no queremos caciques!, ¡El pueblo se harta de tanta pinche tranza!” gritaban como si fuera una porra.

Al no obtener respuesta, sólo se quedaron con la satisfacción de reiterarle al primer edil su postura. Y cuando el reloj y el movimiento solar marcaban las 2:05 de la tarde, los comerciantes regresaron al mercado ya que, aunque dejaron encargados sus puestos para que la venta no se detuviera, querían regresar a sus obligaciones.

Mientras caminaban como en verbena católica hacia el mercado, algunos se percataron, por una de las ventanas con barrotes de la presidencia, que Alfredo Barba se encontraba en entrevista con Beatriz García de la Cadena.

El alboroto de algunas personas no se hizo esperar, se volvieron a ir frente la puerta principal del ayuntamiento, muchos estaban parados debajo del árbol que les daba sombra mientras elementos de la policía resguardaban el cancel fino negro que permite la entrada y salida de personas al edificio presidencial. Pero tampoco hubo respuesta.

Eran las 3 de la tarde y ya se escuchaba en el corte informativo que pasan cada hora en estaciones como 106.7 y 105.9 por “cortesía” de Radiorama, que Alfredo Barba había declarado que la obra del Mercado Juárez dará inició en mayo, aunque en otros medios declaró que en junio.

El alcalde de Tlaquepaque, Alfredo Barba. FOTO: 1070 Noticias.

El alcalde de Tlaquepaque, Alfredo Barba. FOTO: 1070 Noticias.

El punto es que ningún efecto a favor de los más de 300 manifestantes logró la piel quemada y los gritos de los hombres con cachucha y mandil y de las mujeres, de todas las edades, con su chongo o trenza. Estos locatarios y trabajadores que no tenían ni una hora de haber terminado de demostrar su rechazo a la obra, en los medios de comunicación ya se mencionaba que no fueron escuchadas sus quejas.
Para aliviar los males, los jugos de Doña Jose

En la entrada al mercado por la calle Independencia, a un costado de presidencia y después de atravesar el pasillo donde venden pósters y se pueden leer anuncios pegados en la pared, hay un local pequeño en donde venden chocomiles, jericallas, licuados, biónicos y jugos que sirven para aliviar distintos males: el jugo verde que tiene piña, nopal y apio que dizque sirve para limpiar el intestino. Ahí, detrás del mostrador, está Doña Jose, una señora de aproximadamente 60 años, de las “más nuevas” del mercado, ya que apenas tiene 20 años trabajando ahí.

Molesta dice que no dará entrevistas sobre el tema ya que los reporteros de distintos medios de comunicación que han ido a entrevistar a sus colegas, los locatarios, no han respetado la información y opinión que se les proporciona, según dice “se han dedicado a hablar bien de Barba y ni siquiera dicen lo que les contestamos”.

Los comerciantes cuentan con la grabación de la entrevista que les hicieron y al leer las notas se dan cuenta de que los periodistas sólo son “voceros de los de arriba”, por eso, todos se unieron para decidir que no hablarán del tema con ninguna persona, con ningún reportero.

El mercado municipal Benito Juárez está ubicado entre las calles de Morelos y Obregón, donde solamente cabe una persona y el asfalto está lleno de baches y desperfectos.

Este mercado comenzó a darle vida a Tlaquepaque y a llenarlo de tradiciones desde 1979. En esa época sólo contaba con el sótano y con el paso del tiempo se construyeron dos pisos más; ladrillos coloreados con pintura blanca y roja que forman la fachada rectangular, actualmente un poco deteriorada.

El nivel que está debajo de la calle, como el tren ligero, es el sótano, donde salen los olores de la comida mexicana: pozole, tacos dorados, birria, enchiladas, sopes. Debajo de la tierra también encontramos carnicerías y puestos de ropa, cazuelas y juguetes entre paredes blanco con rojo y un piso de cuadros que dan la impresión de un color tinto.

A las 4 de la tarde luce sin vida y cortinas blancas con mugre escurriendo, en efecto, el mercado no tiene un aspecto impecable, por eso solamente los comerciantes quieren una remodelación que no los ausente mucho tiempo de su vida cotidiana, de sus clientes, de ese lugar que ha visto crecer a generaciones.

En el primer nivel es donde los gritos no cesan: “¡Pásele, pásele!”, “¿Cuánto cuesta?”, “¿me da un kilo?”, “¿cómo le va fulanita?”, “¡Compermiso!”.

Aquí encontramos la verdura, la fruta, los chiles secos, las tostadas, cremerías y birote, tres puestos de discos pirata, pollerías y pescaderías, los nopales, abarrotes y puestos de tacos.

En el segundo nivel es donde están las artesanías y el estacionamiento, ese que tiene 15 años sin mantenimiento y pasan solamente autos pequeños o no pasa ninguno, ya que no utilizan este espacio, después de la remodelación se le dará un uso.

El 17 de febrero de 2014, Alfredo Barba les comunicó a cerca de 300 locatarios, que el mercado tenía que demolerse pues está viejo. Que serían reubicados en distintos lugares de esta zona turística. Las réplicas ante tal decisión no cesan.

No hay vuelta atrás

La mañana del 29 de abril se reunieron comerciantes y el alcalde “para discutir el destino del edificio que el ayuntamiento quiere remodelar, pese a la negativa de los locatarios”.

Los inconformes dijeron que desconfían de Alfredo Barba y luego de horas de discusión se llegó al acuerdo de que los locatarios revisarán de nuevo el proyecto y en 15 días volverán a reunirse, aunque el alcalde dijo que “el proyecto va por que va” (La Jornada Jalisco 29/abril/2014)

Si los que venden dentro del mercado están seguros de que no quieren la demolición y no confían en su alcalde, ¿qué los hará cambiar de opinión?

Así es como el edificio blanco con rojo que además de llenar de tradición a Tlaquepaque y ser la fuente de ingresos de cientos de familias, será aplastado, demolido y extinguido como la luz de una vela.

Se dará vida a “los planos del nuevo proyecto en los que se consideraron menos locales de los actuales”, que se edificarán tras la reconstrucción total del mercado; ésta que no “requiere de la aprobación del cabildo” sino que “basta con la aprobación de los regidores” priistas. (Página 24 5/abril/2014).

El mercado Juárez se convertirá en polvo y resurgirá de la tierra pero esta vez como un edificio del siglo XXI, ya que el peritaje realizado por Protección Civil de Jalisco determinó, el miércoles 30 de abril, que “se necesita o un reforzamiento o una demolición”.

Ante esto el alcalde decide que se tiene que demoler, aunque los locatarios no aprueben el proyecto, pues ellos, los principales afectados que no quieren ceder a la imposición de Barba, deben entender que “la obra va a caminar” ya que la inversión privada sólo es posible si se hace de esta manera.

Ahora se duda si el proyecto será un mercado o un centro comercial en el que los inversionistas instalarán bancos y otros comercios en el exterior del nuevo edificio, infiriendo que algunos lugares de trabajo de los residentes serán invadidos por ellos.

Quedando solamente a la espera del desalojo, los portadores de camisas blancas en las que se lee “Yo amo a mi mercado Juárez”, en cuestión de tiempo tendrán que ceder (que no lo harán) a la esperanza de Alfredo Barba para buscar una solución, de no ser así, el priísta recurrirá a los actos de autoridad que tenga que hacer y darle paso al “procedimiento legal para llevar a cabo la obra” (La Jornada Jalisco 1/mayo/2014)

Aunque las protestas de los vendedores no se terminen, aunque sigan declarando su inconformidad, aunque se sigan asoleando y gastando la voz, a pesar de que su alcalde les ofrezca un estacionamiento para que vendan como lo han hecho toda su vida, el mercado desaparecerá sin dejar ni una piedra, sólo recuerdos para los habitantes de Tlaquepaque y sus turistas.

Se difuminarán con el viento los gritos de venta, el olor a comida, los rostros amables de los vendedores, la satisfacción de los compradores, los domingos en donde los pasillos están inundados de personas, los colores naturales de la fruta y verdura que adornan los locales y dieron vida durante 35 años, pronto se van, desaparecen.

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