Justicia, la deuda del Estado mexicano con su pueblo

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(01 de noviembre, 2013).- Seis años 54 días. La precisión en el conteo lleva una deuda, indígenas presos –del fuero común– en cárceles mexicanas sin un debido proceso: ni traductor ni asistencia jurídica que les permita tener certeza de que el crimen imputado lo cometieron y que la sentencia se apega a la ley.

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Pedro López y Juan Coyazo, junto a otros siete compañeros, quedaron libres a mediados de 2013 porque lograron demostrar las inconsistencias de sus casos. El proceso se llevó cuatro años e inició, precisamente, cuando en uno de los traslados de penal, el profesor Alberto Patishtan arribó al mismo Cereso donde estaban recluidos.

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Pdero López y Juan Coyazo

 “Cuando lo conocimos”, narra Pedro,  “encontramos la libertad y entendimos que existen otras cárceles en nuestros corazones”. El proceso de hermandad dentro de la cárcel encausó los caminos de La Voz del Amate –al que pertenecían Pedro y Juan– con la lucha política encabezada Patishtan por su liberación -en ese entonces sumaba nueve años.

Pedro y Juan recuerdan la historia desde la Ciudad de México, en las escaleras que ascienden al Ángel de la Independencia y rodeados por el altar para los niños que murieron en la Guardería ABC. Rostros de niños que los miran. Hay una coincidencia: los dos buscan justicia.

El crimen de los 49 bebés muertos. Su encarcelación injusta. Los 13 años de Alberto Patishtan en la prisión. Todos en el símbolo de la capital mexicana para celebrar la definición propia de justicia “en los reclamos del pueblo la encontramos”, explica Juan.

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Y esa definición permite entender cuando en el templete para celebrar la liberación de Alberto Patishtán el poeta Mardonio Carballo dice, “quisieron encerrarte y potenciaron tu libertad”; o cuando el líder del Sindicato Mexicano de Electricistas, Martín Esparza, afirma que es necesario “cambiar al país para conocer la justicia”.

En medio de las velas del altar, de las luces de los carros por Paseo de la Reforma, las palabras finales de Héctor Patishtan, el hijo de 17 años del profesor, pocos las entienden “hoy es el primer día con mi papá en libertad”. El tenía cuatro años cuando lo encarcelaron.

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