Hoy Día de Muertos, es oportuno recordar a un muerto ilustre: la Constitución de 1917, muerta y enterrada oficialmente en 1983, cuando el actual grupo gobernante toma el poder para dar inicio al programa de gobierno impulsado por el Consenso de Washington. A partir de entonces el país dio un vuelco histórico que nos retrotrajo a la época en que los hermanos Flores Magón, Ricardo, Jesús y Enrique, luchaban intensamente, en completa desventaja, contra el dictador Porfirio Díaz.
Para la historia queda el registro fotográfico del día en que colocaron una manta en el balcón de la oficina del diario “Regeneración”, que daba a la calle, con el letrero siguiente: “La Constitución ha muerto”. Claro, se referían a la Carta Magna de 1857, la cual había sido pisoteada y mancillada cotidianamente por el dictador. Esta acción les costó uno más de los múltiples encarcelamientos, que finalmente cobraron la vida de Ricardo, el más firme opositor a Díaz.
El grupo que usurpó el poder en 1983 para entregarlo a la cúpula oligárquica y al Grupo de los Siete, no tuvo ningún empacho en “matar” a la Constitución de 1917, de por sí muy dañada por los mandatarios cuyos intereses estaban más a la derecha, principalmente Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdés y Gustavo Díaz Ordaz.
Este episodio no debe ser olvidado, como tampoco la epopeya de los hermanos Flores Magón, los más ilustres precursores de la Revolución Mexicana, sin cuya labor ideológica y política la Carta Magna de 1917, hoy enterrada, no habría tenido el impacto social que finalmente tuvo. Basta conocer el “Programa del Partido Liberal” (fundado por Ricardo), para tener una idea precisa de la importancia del mismo en los postulados que hicieron de la Constitución de 1917 una de las más avanzadas de su tiempo.
Fue dicho documento el que inspiró a los revolucionarios de la Convención de Aguascalientes más imbuidos de ideas progresistas, para que los debates de Querétaro dieran la importancia debida a la cuestión social. Fue así como pudieron colocar en su articulado los artículos tercero, 27 y 123, los que por cierto fueron hechos añicos desde la llegada de los tecnócratas salinistas. En la actualidad, esto es fácilmente comprobable con la entrada en vigor del mal llamado Pacto por México.
Por eso, el grupo en el poder no tiene empacho en decir que toda su labor gubernativa se apega a la Constitución. Esto es verdad, en cuanto que se refieren a un documento que nada tiene que ver con el original que firmaron los constitucionalistas de Querétaro en 1917. En la actualidad. México es una nación sin leyes, privada de Estado de derecho, como lo fue en los tiempos que les tocó vivir y luchar a los hermanos Flores Magón, junto a otros valientes patriotas que no aceptaban la soberbia de un dictador entregado a un grupo de hacendados apátridas.
De ahí el interés de los tecnócratas en el poder en que los jóvenes no conozcan nuestra historia, pues se darían cuenta de las similitudes extraordinarias entre el régimen del dictador Díaz y el que encabeza la derecha por conducto de los partidos PRI, PAN, Partido Verde el Panal y sus satélites de “izquierda”, cuyo único interés es sacar el mayor partido de las prebendas que reciben a cambio de su traición.
La paradoja a la que no prestan atención es la que se deriva del hecho de que mientras más aprietan el cuello a las clases mayoritarias más se evidencia su verdadero compromiso con la clase que hoy es el equivalente al grupo de hacendados porfiristas. Eso mismo ocurrió en los años previos a la caída de la dictadura en 1910. En su soberbia y prepotencia, los hacendados, al igual que el dictador, creían que no había nadie que les pudiera hacer frente, mucho menos cuando los Flores Magón ya habían sido “vencidos” y habían dejado de ser una molestia enojosa.
Nunca se pusieron a pensar, el dictador y sus amigos hacendados, que la semilla que habían sembrado en sus años de lucha, había fructificado en muchas partes del país, creando condiciones idóneas para el levantamiento social que se produjo apenas iniciado el siglo veinte. ¿Acaso no están imbuidos de la misma soberbia y prepotencia los tecnócratas salinistas?

