La derecha contra la Universidad Pública (Parte 1)

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El pasado 27 de febrero el doctor por la Universidad de Oxford y académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) publicó un artículo de opinión en el diario Excelsior titulado “Educar para la mediocridad”. En este texto, quien fuera conductor del programa Entre 3 emitido por Tv Azteca, ensaya una crítica a la baja calidad de la educación superior en México utilizando una serie de argumentos que, por lo menos, deben considerarse extremadamente polémicos.

En el cuerpo del escrito Elizondo aventura conclusiones como la siguiente: “Como muchos estudiantes de las malas universidades salen sin saber gran cosa, no obtienen empleo en el sector privado, aunque, sobre todo en las universidades públicas, sí lograron aprender que la supuesta causa de todo el problema laboral es el modelo neoliberal que no genera suficientes empleos”.

Así, lejos de obedecer a la ineficacia de la política económica vigente para generar empleos –como afirman teóricos de izquierda- o, por el contrario, a la ausencia de políticas de desregulación laboral –según la versión de la derecha-, el politólogo mexicano hace de la “mediocridad” el factor principal que da cuenta de la falta de coordinación entre una oferta de trabajo efectivamente existente y una fuerza laboral incapaz de acceder a ella por su ausencia de capacidad.

Para fundamentar su afirmación, el egresado de Oxford University cita una “encuesta a empleadores” realizada por el Centro de Investigación para el Desarrollo A.C. (CIDAC), en la que se concluye que “un cuarto de los empleadores tiene vacantes y en 70% de los casos es por incompetencias de sus candidatos, como mala comunicación oral y escrita en español” que los egresados no encuentran trabajo.

Sin embargo, la encuesta realizada por la institución de investigación cuyo financiamiento ha provenido de donaciones privadas de organismos como Fundación Ford o el Banco Interamericano de Desarrollo, no ofrece ningún dato capaz de sostener la argumentación del académico y, mucho menos, permite avalar la conclusión del texto en su conjunto, según la cual: “la educación pública no puede ser un derecho para todos”.

El informe del CIDAC titulado Encuestas de competencias profesionales 2014 únicamente registra el punto de vista de empleadores de 481 empresas, quienes unilateralmente realizan un diagnóstico sobre las razones por las cuales no contratan a los egresados de las universidades.

Lejos de presentar los resultados de un análisis riguroso, como se esperaría de un académico, el artículo de Carlos Elizondo se limita a reproducir la voz de un grupo de empresarios y, a partir de ella, aventurar una  improbable explicación sobre un problema de economía política basado en datos gerenciales.

Sin lugar a dudas, existen empresas que no contratan cierto personal porque quienes aplican para algunos puestos carecen de las aptitudes esperadas, pero de ninguna manera es posible afirmar que, por ello, la más que documentada falta de oportunidades de empleo en México se debe a “la mediocridad de los  estudiantes”.

Sin recurrir al concepto de neoliberalismo para explicar de forma arbitraria un fenómeno de esta complejidad -tal como Elizondo atribuye a quienes estudiaron en universidades públicas-, vale la pena agregar una serie de datos para poner en contexto la situación referida.

El informe sobre “Trabajo decente y juventud: políticas para la acción”, realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en América Latina y El Caribe señala que de 2005 a 2011 el desempleo juvenil llegó a 13,9%; además, muestra que los trabajadores de 15 a 24 años siguen enfrentando mayores dificultades para encontrar un empleo y esto se complica cuando se trata de buscar un empleo de calidad.

En el mismo informe se muestra que la tasa de desempleo juvenil continúa siendo el doble de la tasa general y el triple que la de los adultos. Por último se señala que los jóvenes representan 43% del total de los desempleados de la región. Es decir, el desempleo juvenil es un fenómeno estructural en la región y, por lo mismo, resulta difícilmente atribuible a conceptos como el de “mediocridad” cuya consistencia teórica parece poco defendible

En lo que atañe a México existen datos que claramente refutan la hipótesis de Elizondo. En 2013 el número de empleos “creados” en el país fue de 430 mil, con esta cifra no sólo no se llegó a los 490 mil vaticinados por el Banco de México, sino que permanecimos lejos del  millón que se requiere para cubrir la demanda de trabajo emergente.

La opinión subjetiva de 481 empresarios en la que el académico del CIDE basa su argumentación, contrasta con los datos duros aceptados por el propio Banco de México, los cuales dan cuenta de la falta de creación de empleos en el país como un problema estructural.

A la falta de sustento teórico en el artículo del titular de la División de Estudios Políticos del CIDE, se debe añadir la facilidad con que emite afirmaciones subjetivas que denostan a la Universidad Pública. Esas afirmaciones, se encuentran arropadas por  un discurso que evidencia una concepción ideológica de la educación, según esta visión lejos de ser considerada como una condición que, por su naturaleza, debiera garantizarse para la aspiración de una vida digna -como todo derecho-, la educación parece ser comprendida como un bien económico cuyo acceso y dirección depende de los vaivenes del mercado.              .

Históricamente los intentos de privatizar la educación superior han ido acompañados de un embate ideológico cuya finalidad es preparar las condiciones que promuevan la aceptación DE un discurso destinado a mostrar la ineficacia del modelo educativo presente  y, por tanto, la necesidad de modificarlo por una perspectiva mercantilista.

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