Según Enrique Peña Nieto, el mundo enfrenta “la amenaza de los nuevos populismos”; pidió que los pueblos estén alertas frente a quienes se aprovechan de los miedos de la gente. Criticó a aquellos que siembran odio y dividen a las poblaciones, “con el único fin de cumplir agendas políticas y satisfacer ambiciones personales”. Lo dijo durante su participación en la 70 Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU). ¿Acaso no es la cúpula gobernante la que, desde hace poco más de tres décadas, ha venido actuando del modo que describió el inquilino de Los Pinos?
Su dicho parte de una falsa premisa: el neoliberalismo está muy lejos del populismo clásico, al ser precisamente lo contrario del modelo establecido en la Rusia zarista para luchar contra la autocracia en el poder con el apoyo de las masas. Lo que tiene a la humanidad al borde de una tercera guerra mundial, es la inagotable voracidad que despertó en las élites la versión “moderna” de la doctrina económica que dio paso al capitalismo basado en el acaparamiento de los medios de producción. Váyase a saber qué fue lo que quiso decir realmente.
Los hechos demuestran que quienes utilizan el miedo de la gente a lo desconocido, son los ideólogos de los grandes bloques monopólicos trasnacionales, entre nosotros claramente los medios electrónicos. ¿No fue una consigna en la contienda electoral de 2006 que Andrés Manuel López Obrador era “un peligro para México”? ¿No quedó plenamente demostrado que de lo que se culpaba al líder de la izquierda verdadera, se hizo realidad en el sexenio de Felipe Calderón y se sigue magnificando en el actual?
La gran amenaza a la humanidad, lo ha dicho incluso el Papa Francisco, es el capitalismo en su versión neoliberal. Peña Nieto habló en la ONU como un simple palafrenero del Grupo de los Siete, quienes necesitan a voceros de países emergentes para no enseñar ellos, los jerarcas del selecto grupo, su verdadero rostro. Si hay protestas en las naciones empobrecidas, se deben justamente a los terribles abusos de los capitalistas deshumanizados, quienes quisieran que la gente afectada por su voracidad no elevara una sola queja.
Es un contrasentido absurdo de Peña Nieto afirmar que el mundo está amenazado por “los nuevos populismos”, cuando en la mayoría de países se llevan más de tres décadas de escaso o nulo crecimiento económico en beneficio de las élites del poder, como está perfectamente analizado y descrito por los grandes expertos globales en la materia, como Paul Krugman, Joseph Stiglitz, entre muchos otros que no se dejan corromper por los barones del dinero. El peligro concreto para la humanidad entera es la dramática desigualdad que corroe los cimientos de la actual civilización.
Este fenómeno no lo han provocado los populismos, nuevos o viejos, sino que es la consecuencia de una acumulación absurda de carácter monopólico por parte de un cada vez más reducido grupo de enormes empresas trasnacionales que no se sacian con nada. Son las mismas que se han venido apoderando de las riquezas de México, proceso que ha tenido como consecuencia un acelerado empobrecimiento de amplios sectores de ciudadanos. Los dos millones de pobres que se sumaron a las estadísticas nacionales en los dos primeros años del desgobierno de Peña Nieto, no tienen nada que ver con lo que éste llama “populismo”.
Lo que busca con discursos tan fuera de sentido y de lógica, es mostrar su entreguismo a quienes quisiera que vinieran a quedarse con nuestros últimos recursos energéticos, como así ha estado sucediendo con las minas del país. En tanto que se acerca la puesta en marcha de la llamada Ronda Dos de Pemex, no quiere exponerse a un nuevo y más notorio fracaso. Tal como está el mercado de los hidrocarburos en el mundo, las grandes trasnacionales del ramo esperan como buitres a que al desgobierno apátrida decida entregar estos recursos por canicas huecas.
Sin embargo, lo que Peña Nieto consiguió con su discurso en la ONU, más que la advertencia del mal llamado “populismo”, fue demostrar que es un demagogo, pues se atrevió a presumir que su gobierno es campeón en la defensa de los derechos humanos, cuando no hizo una sola mención al caso que le ha dado la vuelta al mundo: la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

