La impregnación de la violencia en la niñez

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El viernes pasado se suscitó una de las desgracias que más ha cimbrado a la sociedad mexicana, pues un niño de 11 años disparó contra su profesora y compañeros de clase para después quitarse la vida, hechos que ocurren de forma frecuente en Estados Unidos, donde existe un fácil acceso a armas de fuego, por lo que el debate en torno a las causas del incidente ha dejado más dudas que certezas.

Las causas son multifactoriales, no se puede atribuir a una sola razón los hechos acontecidos en el municipio de Torreón como lo señaló de manera tan simple el gobernador de Coahuila, Miguel Riquelme Solís, al afirmar que fue por emular un videojuego.

La falta de figuras paternas es un factor que puede ser perjudicial para las nuevas generaciones que necesitan sustentos para poder desarrollarse, además de la manera en la que se relacionan los niños con sus compañeros y con sus profesores, pues el tener buenas calificaciones no es un indicador que determine que se encuentra sin problemas internos.

A esta situación también debe sumarse la manera en la que son criados los niños y la constante violencia que viven y que observan por todos lados, desde la que se aprecia en su contexto inmediato, hasta en las plataformas de cultura digital, por lo que pueden orillar a alguien a actuar de forma violenta.

Es por ello, que la responsabilidad no sólo radica en el núcleo social más cercano que es la familia, sino que también debe apreciarse desde el contexto de interacción en el que posiblemente alguien sufra acoso escolar y que la violencia sea normalizada a tal grado que puedan responder contra sus semejantes.

La tragedia del Colegio Cervantes exhibe una realidad que nuestra sociedad trató de negar durante años, pero que está cada vez más presente, con condiciones sociales, familiares y culturales cada vez más complejas que requieren no sólo de la completa atención de los padres de familia o de los tutores, sino que también las autoridades deben actuar con modelos de prevención y actuación inmediatos.

El gobierno en todos sus niveles y la sociedad en general deben colaborar y trabajar de forma coordinada para que se eduquen a los niños de manera más oportuna para que se eviten nuevas desgracias, pues la desgracia de Torreón es un aviso de una sociedad más descompuesta y de generaciones más expuestas a la violencia en distintos niveles.

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