(27 de enero, 2015).- El candidato “favorito” para quedarse con el puesto de gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, por parte del Partido de la Revolución Democrática (PRD) ha declarado que las versiones que lo colocan como virtual ganador, por apoyo de Los Pinos, son sólo parte del “imaginario colectivo” y que la relación que tiene con Peña Nieto es “meramente institucional”.
Presuntamente él advirtió a Peña Nieto acerca del “foco rojo” que significaba La Ruana antes de que ocurrieran los hechos del 16 de diciembre, donde perdieron la vida nueve personas.
De igual manera que la candidata del Partido Acción Nacional (PAN), Luisa María Calderón, se enfrenta a la contienda por segunda vez, en un ambiente que está plagado, nuevamente, por la violencia pero con la diferencia de que esta vez hay un descrédito total hacia los partidos políticos y un descontento social extremo.
Para él los primeros problemas a vencer, en los comicios electorales del 7 de junio, son la apatía, el descontento de la sociedad, la poca credibilidad hacia los partidos además del inminente abstencionismo.
Para él el camino de las autodefensas no es el correcto para resolver los conflictos que vive la región. “La justicia por propia mano no es la ruta. Yo respeto mucho a la gente que tuvo que salir a defenderse porque no tenía opciones, pero ahora las cosas han cambiado y es tiempo de replantear el camino. La responsabilidad de la seguridad pública es del gobierno, del Estado, y quien tenga vocación para hacerlo”.
Dice soñar con la justicia social, que la gente más humilde le recuerda sus orígenes. Que aunque lo acusen de vanagloriarse y sentirse ya gobernador él se mueve “con la humildad de gobernar para todos” y que no se nubla su objetivo.
La lucha por el poder puede hacer que todos los políticos tengan mímesis extrema con el pueblo y busquen los simpatizantes a toda costa. Lo que no es condicionante es el crimen y violencia extrema que vive esta entidad que pareciera vive sin ninguna ley y, tras la destitución del “Virrey” Castillo, que de manera desesperada busca, desde el gobierno federal, dar contento a una sociedad que ya no cree en las eternas promesas electorales y en los títeres del poder.

