Según el Diccionario de la Lengua, cínico es quien “hace alarde de no creer en la rectitud ni en la sinceridad”. En consecuencia, podríamos afirmar que la alta burocracia mexicana se enmarca perfectamente en esta definición, pues le importan un comino ambas cualidades éticas. Aunque los filósofos cínicos de la antigüedad clásica, lo eran más por su desprecio a los convencionalismos y su apego a la pobreza, el cinismo ha devenido con el transcurrir del tiempo en una actitud inmoral, por lo tanto reprobable. Al paso de los sexenios, el sistema político mexicano se dejó llevar por el cómodo vaivén del cinismo, de lo que es un prototipo la célebre frase “la moral es un árbol que da moras”, del ya casi olvidado operador político del viejo régimen, el general Gonzalo N. Santos, a quien apodaban “Alazán tostado”.
Sin embargo, en las altas esferas del poder se cuidaban las formas, situación que empezó a cambiar cuando el régimen del PRI emanado de la Revolución Mexicana, dio entrada a personajes con sentido del humor, como el olvidado “Tlacuache”, César Garizurieta, célebre abogado, político y escritor, autor de un inmortal apotegma: “Estar fuera del presupuesto es vivir en el error”. En la actualidad, la clase política en el poder compite para ver quién es más cínico, como si serlo fuera un mérito para pasar a la posteridad. Así deben creerlo, porque al paso de los sexenios el cinismo se ha convertido en una actitud que abre puertas para escalar posiciones de primera importancia, como podemos corroborarlo fácilmente en la actualidad.
En previsión de este comportamiento de la burocracia dorada, el nuevo dirigente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Caintra), Eduardo Garza T. Junco, pidió a Enrique Peña Nieto que “no deje pendiente el gran paso que significaría para nuestro país la instalación de un verdadero proceso institucional anticorrupción”, y que se concreten “organismos realmente independientes y autónomos”. El inquilino de Los Pinos le respondió que ya envió una propuesta al Congreso, con el fin de “tener en México un sistema integral de combate a la corrupción, que nos permita realmente combatir de raíz este flagelo que lastima a la sociedad”. Aunque no dijo que, en los hechos, el tal combate no llegará a las raíces, porque el jefe del Ejecutivo no podrá ser investigado, mucho menos juzgado al quedar intocada su inmunidad.
En consecuencia, es fácil asegurar que el deseo del dirigente empresarial no se habrá de concretar: la corrupción seguirá galopando en el país como si fuera encima de un majestuoso e incansable corcel. No puede ser de otra manera, mientras el régimen surgido de la contrarrevolución tecnocrática se mantenga firme en sus bases, aunque sus cimientos sean de lodo putrefacto que se resiste a sucumbir ante el peso de las protestas populares, las cuales por lo visto son insuficientes. De ahí que el gobierno y diversas empresas de China hayan decidido cancelar proyectos e inversiones que hubieran sido una tabla de salvación ante el naufragio que se avecina por la dependencia de Estados Unidos, que al paso de los años ha tenido resultados contraproducentes.
Según la agencia Reuters, el principal representante en México de la empresa FAW que fabrica automóviles y que es propiedad del gobierno chino, Zhang Nan, afirmó recientemente: “En este momento las empresas chinas no quieren invertir aquí. Es peligroso, realmente peligroso”. No es para menos después del fracaso de dos magnos proyectos, uno de los cuales iba a ser el inicio de una etapa de modernización del transporte fundamental en la actualidad: la construcción de la infraestructura para poner en operación el tren rápido entre la Ciudad de México y la capital de Querétaro. El otro, un gran centro comercial denominado “Dragon Mart”, sí tenía serios inconvenientes regionales, pero aun así se dieron todos los pasos para llevarlo a cabo. En ambos casos, los inversionistas chinos se sintieron engañados, perdieron tiempo y dinero, y sobre todo la confianza en el gobierno mexicano.
Podría decirse que el dirigente de la Caintra, o es un ingenuo que desconoce la realidad del país, o también es un cínico que no tiene empacho en decir frases y lugares comunes para quedar bien con el inquilino de Los Pinos. Es obvio que la lucha contra la corrupción seguirá siendo un “pendiente” más.

