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La montaña rusa del deseo sexual: la bipolaridad

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Valentina Pérez Botero / @vpbotero3_0

 

(01 de agosto, 2013).- La dualidad que determina el prefijo de la palabra bi-polaridad condiciona la cotidianeidad de las personas que viven con este diagnóstico psiquiátrico: del entusiasmo a la depresión. Aunque clínicamente los polos intentan balancearse, los efectos de los medicamentos y estados de ánimo en la sexualidad son ignorados.

El entusiasmo desborda el deseo sexual. En este polo los psiquiatras encuentran facetas de hipersexualidad: aumento del deseo, no satisfacción –a pesar de la masturbación continua o actividad sexual recurrente–, adrenalina por el cambio de pareja; entre otras actitudes que ponen en riesgo las relaciones estables de la persona bipolar, su salud sexual –ante la promiscuidad y el sexo sin protección en el que se pueden involucrar– y el placer –pues el aumento del deseo no significa aumento en la gratificación.

Al entusiasmo le puede seguir una fase de depresión que se caracteriza por la falta de interés en el sexo –y en todo lo demás–. Las personas bipolares en la fase de depresión muestran poco interés en el sexo e incluso pueden experimentar problemas para tener y mantener una erección o para llegar al orgasmo.

A estos dos extremos en el apetito sexual se suman las consecuencias secundarias que pueden ocasionar las medicinas: bajo deseo sexual o impotencia en los hombres.

A pesar del complejo panorama, que se suma al ya complicado mundo de la sexualidad, los expertos recomiendan que cualquier inquietud se plantee al médico encargado del tratamiento y se esté muy pendiente a los síntomas que anteceden ambos episodios para que se puedan contrarrestar con información y diálogo, en la pareja.

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