spot_img

La nueva voz: relectura, apología y proyección del pensamiento de Octavio Paz

- Anuncio -


El arte es voluntad de forma porque es voluntad de duración.

 Cuando una forma se desgasta o se convierte en fórmula,

 el poeta debe inventar otra. O encontrar

una antigua y rehacerla: reinventarla.

Octavio Paz

Luis F. Alcántara / @RHashtag

(31 de marzo, 2014).- Octavio Paz fue un poeta y un pensador moderno. Quizás sea plausible decir que fue el poeta y el pensador moderno. Un equívoco ideológico se ha encargado de reducir la precisión y el valor de su figura y nombre. Sí, su pleito con los distintos grupos de posturas ideológicas predominantes en el siglo pasado afectaron la recepción de su obra y deformaron la visión de jóvenes y viejos ante un pensador de ese calibre. Y lo hicieron a tal grado que hoy en día se le sigue denostando entre varios círculos estudiantiles y académicos, en los que aún resuenan los ecos del radicalismo, las imposiciones, la revolución y el totalitarismo. Probablemente no sea justo asegurar que los revolucionarios del XX no entendieron la obra de Paz o que no hubo nunca vínculo alguno entre sus pensamientos y el del poeta. De la misma forma, no es justa ni certera la aseveración de que Paz fue un intelectual de derecha o, como más comúnmente se piensa, que tuvo devaneos, inseguridades y cambios bruscos en cuanto a sus posturas políticas. Más bien parecería que don Octavio Paz, el hombre y el poeta, siempre estuvo más allá de posturas, poses, partidos políticos e ideologías todas.

Lo digo de una vez, con toda la claridad posible: Octavio Paz fue, durante la mayor parte de su vida, básicamente un hombre de izquierda. De una izquierda moderada, por supuesto. Partamos de un principio claro y sigamos una línea cronológica, para llevar cierto orden.

Durante su juventud, recién terminados sus estudios en San Ildefonso e iniciada su carrera en la Facultad de Derecho, influenciado por amistades de la época, así como por algunas lecturas de los famosos “poetas comprometidos”, Paz tuvo un breve periodo de participación activa, mas no por ello militante, en el pensamiento de la extrema izquierda. Pronto termina esta inclinación y don Octavio rompe con los comunistas, socialistas, anarquistas y demás posturas radicales. Pero esto no significa que abandonara las ideas de izquierda. Poco tiempo después, de todos es conocida su participación, invitado por el mismo Pablo Neruda, en el Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia. Y todavía más adelante, se le reconoce el haber sido el único funcionario en renunciar a su cargo y romper con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz tras el 2 de octubre de 1968. Actos de tal solidaridad y humanismo, ¿cómo pudieron verse opacados al grado de que su autor aparezca como un antagonista público ante varias generaciones? ¿Qué hizo don Octavio para que se le denostara durante tanto tiempo y de tan variadas maneras? La respuesta resulta simple pero encierra una verdad dolorosa y devastadora: fue un hombre libre.

Insisto en un punto: los sectores más radicales fueron los primeros en romper con Paz y en atacarlo sistemáticamente. Esos revolucionarios que izaron la bandera de la crítica como estandarte del progreso, y apuntaron con ella hacia todo: las instituciones, el sistema, la Modernidad, el Estado, la sociedad; todo, repito, se vio bajo la lupa de la crítica ideológica, excepto la ideología misma. No muchos poetas, artistas y pensadores fueron capaces de percibir los sutiles cambios de una Modernidad en decadencia, herida de muerte tras dos guerras mundiales, de levantar el espíritu crítico que fue fundamento de esta época histórica. No muchos tuvieron la sensibilidad necesaria para percibir el equívoco que significaban las ideologías y la enajenación propiciada por ellas. Octavio Paz fue uno de ellos. Al hacer objeto de su visión crítica integral y humanista a toda postura política y señalar sus errores, puso en su contra todo mundo. Sin embargo, esta postura constituía una obligación moral para el pensador tanto como para el ciudadano. Hombre de convicciones, hombre total, don Octavio actuó siempre en consecuencia con sus ideas humanistas; criticar con sagacidad el pensamiento renqueante del siglo XX (en esto hablo en general, tomando en cuenta las excepciones de grandes intelectuales oriundos de distintas naciones) no tenía otro móvil ni otra justificación. Escapó de una simplona “toma de postura”, que en su época significaba estar simplemente a favor o en contra, y prefirió la polémica con todos, sólo para sostenerse en su calidad de hombre libre. Le parecía reprobable el absurdo sentido de totalidad y absoluto que promovían los regímenes autocráticos, así como los dogmas que terminaban por convertirse en imposiciones tan inhumanas como cualquier acto de la degradación fascista: “No hay nada más atractivo para ciertos espíritus que los «compendios universales y las explicaciones generales del mundo», decía Marx. Se refería a la religión, sin saber que profetizaba la suerte de su doctrina en el siglo XX.”[1] Para Paz, el absolutismo constituyó el error más grande del siglo y significó el último escalón en la degradación de la Modernidad.

Por otro lado, no fue únicamente la visión política la que impulsó a nuestro autor en sus textos. Las problemáticas sociales siempre fueron una gran preocupación. Tomando en cuenta un comentario que hice arriba, acerca del absolutismo y la Modernidad agonizante, mencionemos un par de cuestiones que involucran el pensamiento del poeta y su conflictiva con ciertos grupos.

Segunda mitad del siglo XX. El mundo en una etapa de ambigüedad, oscilando entre dos bloques antagónicos que se disputan la supremacía absoluta. ¿Qué ocurría con la sociedad en este punto de la historia? La mirada aguda y la mordaz crítica de don Octavio muestran las problemáticas en una forma muy clara. Un cambio en el poder, en el centro del mundo operante ya desde varias décadas atrás y que se manifestó en toda su terrible magnitud durante la mal llamada Guerra Fría, modificó la vida de una vez y para siempre. Lo que se disputaban ambos bloques, Capitalista-E.E.U.U. y Socialista-U.R.S.S, era el control del mercado. Ya no son las instituciones estatales quienes dictan las leyes para la sociedad, sino el monstruo que se las tragó, el Mercado. El progreso material y económico que desarrollo el capitalismo terminó por consumir, con toda su fuerza, la base de ideas y formulaciones humanistas, ilustradas o románticas, que dieron pie a la Modernidad. Esa época que concibió la historia como un proceso lineal y propuso la visión hegemónica del futuro, una vez derrumbada, engendró una nueva época, que se parece a ella, que se confunde, pero que no es igual. Particularmente, el sistema de valores sufrió grandes modificaciones: a la solidaridad, la compasión, el compromiso, los sustituyeron la competencia, el éxito, la tecnología. El socialismo no fue sino un intento, por lo demás destinado desde el inicio al fracaso, de recuperar esos valores modernos, ya en decadencia desde mediados del XIX. Caída la Modernidad, el tiempo lineal y la promesa de futuro se desvanecen. El hoy toma el lugar preponderante. El pasado y el futuro no son sino en el presente. “Creo que la nueva estrella (…) será la del ahora. Los hombres tendrán muy pronto que edificar una Moral, una Política, una Erótica y una Poética del tiempo presente. El camino hacia el presente pasa por el cuerpo pero no debe ni puede confundirse con el hedonismo mecánico y promiscuo”[2]. La advertencia es clara: los nuevos tiempos pueden crear o pueden destruir, podemos edificar una nueva época con menos errores que la anterior, viviendo en el presente, o podemos hacer más acuciosos dichos errores y dejarnos llevar por el hedonismo absurdo. La historia nos ha mostrado lo que elegimos. “Joyce dijo que la historia es una pesadilla. Se equivocó: las pesadillas se disipan con la luz del alba, mientras que la historia no terminará sino hasta el fin de nuestra especie. Somos hombres por ella y en ella; si dejase de existir, dejaríamos de ser hombres.”[3]

Pero el espíritu crítico del poeta, entre la sociedad y la política, recorrió muchos y variados caminos. Uno de los más trascendentes, por supuesto, fue el de la poesía misma. O, más que la poesía, el arte todo. E incluso, más aún, el completo aparato de la industria artística. Desde la producción de una obra de arte, hasta su consumo por el espectador.

Aplastado el mito de la revolución como vía hacia el progreso, tomado el control del mundo por el Mercado, las formas en que se crea, se concibe y se consume el arte varían a su vez. El monstruo se hace omnipotente y omnipresente, la industria editorial no podía escaparse de sus dominios. Surgen las editoriales transnacionales, la reverberación de editores omnisapientes, críticos “profesionales” y, lo más doloroso de todo para los autores, lectores sonámbulos. En éste, como ningún otro caso, Paz no se anda con miramientos o dudas y se lanza a la crítica justificadamente despiadada. Desde los años ’30, Walter Benjamin habló acerca de las nuevas técnicas de (re)producción artística, señalando sus posibles ventajas y sus posibles (funestas) desventajas. En literatura, el impulso que recibieron algunos géneros particulares (novela, más que otro) tuvo su problemática propia. La proliferación de libros durante el siglo pasado dio pie a la publicación casi indiscriminada de literatura. Así, con los cambios sociales ya mencionados, se dio paso a una industria de la novela fácil, del cuento vacío, de la poesía inexistente. Los criterios cualitativos que regían el índice de publicaciones fueron sustituidos por los cuantitativos y por ello Paz pudo afirmar, ya desde 1990: “La industria editorial contemporánea tiende a disolver la diversidad de públicos en una mayoría impersonal. No se trata de la voluntad deliberada de esta o aquélla persona ni de la conspiración de un grupo; la tendencia está inscrita en la naturaleza misma del sistema que rige la actividad editorial. El comercio literario hoy está movido por una consideración meramente económica el valor supremo es el número de compradores de un libro.”[4] Cuando ha vencido el hedonismo y el Mercado gobierna, el entretenimiento cobra la importancia mayor en la vida del hombre fragmentado. El arte pasa a ser intrascendente y banal, un mero accesorio para una sociedad espectacularizada. ¿Cuál es el problema de que se vendan muchos libros, para todo público? El problema es que, cuando el arte se reduce a una mera curiosidad por parte de excéntricos y morbosos, y las enormes ventas son de narco y pornoliteratura, el público se transforma de lector en consumidor, un pueblo se vuelve más ignorante y, por tanto, más vulnerable. Paz lo sabía y lo expresaba: “Ganar dinero es legítimo; también lo es producir libros para el gran público, pero una literatura se muere y una sociedad se degrada si el propósito central es la publicación de best-sellers y de obras de entretenimiento y de consumo popular.”[5]

En suma, Octavio Paz fue un hombre íntegro, total. Que cometió errores y que éstos le valieron mayor animadversión de la que ya tenía es absoluta y rigurosamente cierto. Lo aborrecible es que se le acuse sin motivos concretos de situaciones tan inverosímiles como absurdas: de traidor a la patria, de derechista reaccionario, de neoliberal, etc. A muchos escritores se les perdona su mercenarismo ideológico, a algunas escritoras se les justifica ser “socialités literarias”, pero a don Octavio se le injuria por su amistad con Emilio Azcárraga, como si acercarse a cualquier figura del poder y recibir ayuda de su parte fuera un pecado per se. Creo que hace falta una revisión más aguda de la obra y el pensamiento el más grande intelectual que ha tenido nuestro país. Hombre de palabra, de convicciones certeras, orientadas siempre hacia lo humano, Octavio Paz sufrió un sino que muchos grandes hombres han sufrido: la necesidad, la obligación moral de no renunciar nunca a su condición de hombre libre. La libertad fue para Paz motor y meta, objetivo y frontera, arco y lira. Hizo de ella su modus vivendi y se apegó a esa convicción tanto como a sus pasiones humanas como forma de conquista de sí mismo. Y nos legó un pensamiento que fue canto que fue vida.

Quisiera terminar, ya que hablamos de Octavio Paz el hombre libre, con una cita del mismo, en la que nos habla, con uno de los giros más conmovedores y profundos del pensamiento contemporáneo, su postura respecto a eso mismo, la libertad: “La libertad no es una filosofía y ni siquiera es una idea: es un movimiento de la conciencia que nos lleva, en ciertos momentos, a pronunciar dos monosílabos: sí  y no. En su brevedad instantánea, como la luz del relámpago, se dibuja el signo contradictorio de la naturaleza humana.”[6]

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER