(20 de marzo 2014).- Desde su invención, la fotografía se convirtió en uno de los elementos claves para entender la historia reciente del mundo. Su capacidad para capturar los momentos le otorgó ese carácter testimonial que permite reconstruir épocas, anécdotas, hasta vidas con mayor facilidad.
El Museo Archivo de la Fotografía Ciudad de México presenta la exposición ‘La otra Ciudad, Fotografías de la Ciudad de México 1900-1918’, con un acervo que llegó recientemente a manos del fotógrafo Ricardo Espinosa.
Cien fotografías estereoscópicas conforman esta muestra, todas con un peso vital en la historia del México de principios del siglo XX. En ellas podemos apreciar desde los cambios arquitectónicos que fueron ocupando la ciudad, hasta la llegada de los ejércitos de Villa y Zapata a la capital del país en esa época convulsa de la Revolución Mexicana.
Las fotografías resaltan tanto por su carácter documental como por su composición estética. No sólo estamos frente a un archivo de gran valor histórico: frente a nosotros tenemos fotografías de gran belleza que, de paso, cuentan cómo fue el crecimiento de la ciudad, cómo funcionaban las familias de clase media de la época, qué cambios vinieron con el conflicto armado.
Lo mismo encontramos a Porfirio Díaz paseando en una carretela, que el descubrimiento de una escultura de cabeza de serpiente prehispánica a un costado de la Catedral metropolitana.
De la autoría de las fotografías, los curadores de la exposición creen que se debe a Ángel Sandoval, un hombre de clase media con domicilio registrado en la calle de Humboldt, en el Centro Histórico, en un lugar de donde se cree que fueron tomadas varias de las fotografías encontradas.
Además de lo anterior, el recinto en donde se exhiben las fotografías se muestra como el lugar ideal para reencontrarnos con la historia, a unos pasos de la Catedral, en el corazón de la capital mexicana, donde todo eso ocurrió. A cien años de que fueran tomadas las imágenes, dejan una lección para el México actual: hay que ir hacia la historia cotidianamente, para no repetir los errores del pasado.





