Paola Gutiérrez / @PaolaCGutierrez
Hoy les escribiré sobre un tema que está en boca de muchos y que ya he abordado anteriormente de manera relativa y superficial, el Pacto por México.
Escribiré sobre ello de nuevo porque es un tema que no debe perderse de vista. A mi parecer es una verdadera tontería, no veo una razón de peso para que se firmara un pacto de tal naturaleza, que no olvidemos usurpó la soberanía de 2 de los 3 poderes del Estado mexicano de manera grosera.
El Poder Legislativo se volvió una oficialía de partes donde simplemente se reciben las iniciativas ya pactadas por los partidos. Más recientemente el Poder Judicial, firmó un añadido del Pacto que establece que los firmantes respetarán la ley, dejando de fuera al Poder Judicial en su función de determinar si esto efectivamente ocurre o no. Aparentemente, todo lo relacionado con el mal uso de los recursos y programas públicos con fines electorales será resuelto entre lascúpulas de los partidos, lo cual me lleva a la famosa comisión que los firmantes del Pacto por México crearon para dar certeza a las elecciones, dejando fuera desde luego al Instituto Federal Electoral (IFE), que bien o mal por lo menos medio aparentaba.
Es una verdadera tontería mediática el hecho de que los firmantes del Pacto digan que pactaron cumplir con lo pactado entre ellos, y de paso con lo que diga la ley, cuando se supone que la letra de las leyes no está sujeta a condicionamientos de ningún tipo.
Al firmar un pacto se supone se acepta que todas las partes son iguales, sin embargo en este pacto hay un doble ganador, el Gobierno Federal y su partido. Es decir, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el gobierno juegan por dos, y si consideramos importante al Partido Verde Ecologista de México (PVEM), pues por 3.
Con lo anterior, como en los mejores regímenes autoritarios, incluso como en las mejores épocas del PRI y de Porfirio Díaz, la oposición, el legislativo y el judicial están al servicio del Rey Presidente y su Partido.
Una de las razones de “peso” para la existencia del Pacto es que ofrece una posibilidad de diálogo entre actores políticos de derecha, de izquierda y sus términos medios… Perdonen, para empezar es un diálogo condicionado y de todos modos el pacto carece de justificación, no por el contenido que es bastante aceptable, sino por la forma en que se negoció, anulando el dialogo en aras de una unidad que no convence a nadie
En mi columna del 27 de febrero para este medio escribí y hoy reafirmo: cada quien decide con quién se lleva. Lo que aquí está a discusión son las relaciones que se fraguan en el terreno de la responsabilidad política. Desde luego que la izquierda tiene que entablar interlocución con todos los sectores de la sociedad. La política es confrontación, pero también diálogo, entendimiento y acuerdos, pero que quede claro: estas relaciones tienen que darse en un marco de respeto y teniendo siempre presente que los principios no se negocian ni se cooptan.
No tiene sentido un pacto donde está a voluntad de las partes el cumplirlo o no, los pactos son para cumplirse… si no, ¿para qué se firman?
Ahora sí los partidos grandes de oposición, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido Acción Nacional (PAN), son meros títeres. En particular, el PRD se parece mucho al Partido Popular Socialista (PPS) en los tiempos de Vicente Lombardo Toledano, pues por un lado dice defender las luchas del pueblo mexicano y por el otro le dan una bofetada cruel. A Morena, la otra fuerza política relevante, aún no nos han otorgado el registro y cuando el IFE nos lo dé no vamos a ser un partido de oposición, sino la oposición, una oposición que propone alternativas, una oposición que para empezar propone un Nuevo Proyecto de Nación.
El Pacto por México ha minado la credibilidad de los partidos políticos firmantes, que se dicen diferentes pero déjenme escribirles que esos sí son todos igualitos, con todo y sus problemas internos que francamente no pesan mucho en el desarrollo del Pacto.
Hay un principio del derecho moderno, que se usa más que nada para los pactos aparentemente no políticos: Pacta sunt servanda, es decir, los pactos deben obedecerse.
A mi mente vienen estas palabras de José Ortega y Gasset: “A la república sólo ha de salvarla pensar en grande, sacudirse de lo pequeño y proyectar hacia lo porvenir”.
Creo que el Pacto por México es parte de lo pequeño.


