Por: Armando Escobar G.
Tw: @Escarman
Dios mío, por qué para ser feliz es preciso no saberlo, por qué siento el amor y lo quiero mirar y no consigo verlo
por qué lo amado hoy con el tiempo se hará doloroso y extraño.
Por qué no hace calor y en lugar del amor nos hicimos daño.
Nacho Vegas: “En lugar del amor”
Onetti bebe un poco de ¿agua?, un par de hielos chocan contra el cristal del vaso. Onetti dice que está nervioso, después se confiesa torpe cada vez que habla, pero comienza a hablar. Onetti se detiene, piensa un poco, parece que va a agregar algo… pero calla. Onetti piensa para sí mismo; busca la cajetilla de cigarros en el fondo de la bolsa izquierda de su saco oscuro, toma uno y lo enciende dejando escapar una cortina de humo que le cubre parte del rostro, las manos, pero sobre todo, la boca.
Onetti tiene las palabras, pero calla.
Joaquín Soler, quizá un poco extrañado por los constantes silencios del escritor, busca preguntas como buscapiés ansiando una respuesta en el suelo. Porque “siempre hay una respuesta”, pero Onetti no hablará de más, exigirá a su entrevistador, como a cada uno de sus lectores, que llene el silencio de un eco sordo que casi siempre tiene como respuesta: “Adivine, equivóquese”.
Onetti contará algunas anécdotas de su infancia mentirosa, hablará del extraño origen de los O’Nety y de Santa María; finalmente, se declarará un loco amante de la narrativa, pero también un escritor poco disciplinado y caótico. Joaquín Soler, por su parte, tendrá que detener las divagaciones del autor —o sus silencios— con un “continuemos con la obra”. Desfilarán, entonces, en estricto orden cronológico, los títulos de las obras más representativas de aquel hombre que “se llamaba Onetti, no sonreía, usaba anteojos, dejaba adivinar que sólo podía ser simpático con mujeres fantasiosas o amigos íntimos” para detenerse en un cuento que sobresale de entre todos los demás libros por su título desgarrador: “El infierno tan temido”.
“Es un título que, pienso yo, es especialmente caro para Juan Carlos Onetti”, dice Soler, y Onetti agrega: “no sólo el título, también el cuento.” Después, Soler, quizá en el único punto salvable de su entrevista, se atreve a cuestionar el origen de ese cuento. Onetti responde sin tapujos:
Era una pareja de dos chicos que trabajaban en la radio y se habían hecho ese juramento de amor, que nada nada puede interferir, pase lo que pase. Bueno, cuando ella violó el juramento de amor, el individuo rompió con ella. Entonces, por despecho –y eso ha sucedido–, ella comenzó a mandarle cartas donde había una fotografía de ella. Y fotos obscenas todas, para martirizarlo. Ahora yo recuerdo que me habían dicho que yo no era lo suficientemente puro como para escribir esa historia. Me había hecho esa advertencia quien me contó la anécdota. Me puse a escribirla y varias veces noté que fracasaba… hasta que un día [una amiga] alemana, que puede estar por ahí escuchando, me dijo: — ¿por qué no lo escribes como una novela de amor? Porque si ella le sigue mandando las fotos, es porque sigue enamorada del individuo. Aunque quiera destruirlo. Porque si no, se olvidaría totalmente de él—. Entonces fue así escrito, como novela de amor. Los hechos son todos verídicos.
Onetti se refiere en este fragmento de la entrevista a aquella anécdota que le compartió su amigo Luis Batlle Berres y que después se transformaría en “El infierno tan temido”, uno de los cuentos del escritor uruguayo más celebrados por la crítica. Este cuento narra la demoledora relación en la que se envuelven Risso, un hombre viudo de 40 años, redactor de la sección de hípicas de un diario, y Gracia César, joven actriz de 20 años. Risso, sin saber el verdadero alcance de sus palabras, promete a Gracia la indestructibilidad de su amor frente a cualquier adversidad, incluso la misma infidelidad. Por su parte, Gracia lleva al límite esta sentencia y confiesa a su marido que durante una de sus giras con la compañía de teatro tuvo una aventura sexual con un espectador que no le inspiraba más que lástima. Risso, olvidando cualquier promesa, reacciona como cualquier macho ofendido y no duda en romper el matrimonio. Lo destructivo comenzará cuando Risso empieza a recibir fotografías obscenas en las que se puede ver a Gracia con distintos hombres en distintos lugares de Sudamérica. A partir de este hecho, Risso se sumergirá en un oscuro pasaje espiritual que, tras enterarse de que la mujer ha enviado fotografías a todas las personas que lo rodean, lo llevará al suicidio.
La anécdota es, basta decirlo, sumamente simple. Lo extraordinario en “El infierno tan temido” se concentra en el viacrucis que Risso tendrá que recorrer para llegar a la decisión de poner fin a su vida. Este viacrucis es magistralmente construido por Onetti, ya que el cuento abre al lector una interminable serie de interpretaciones que tiene los siguientes polos: algunos consideran que se trata, efectivamente, de una tortuosa manifestación de amor destructivo; otros, por su parte, un poco más abstractos y existencialistas, consideran que el cuento se centra en la incomunicabilidad que sufre el individuo frente al otro género, es claro, pero también frente a todo el género humano. Todos, por supuesto, estarán de acuerdo con la idea de que en este cuento Onetti parece advertirnos que la imposibilidad de alcanzar el amor, aunque sea el simple y absurdo amor creado por el Hombre, es sin lugar a dudas el infierno más temido por todos.
“El infierno tan temido” de Juan Carlos Onetti ha sido publicado por diferentes editoriales en distintas antologías, recomiendo los Cuentos Completos reunidos por Alfaguara.


