(03 de julio, 2014).- Una cosa es recurrir a la historia para encontrar las claves del dominio y revertirlo, y otra muy diferente es recurrir al pasado para enfrentar una situación adversa desde una retórica de la memoria. No se puede encarar una situación adversa desde una retórica que recurre a la memoria y al pasado. Sin embargo, en caso de hacerlo, habría que considerar al menos, si recurrir a la memoria y al pasado ante una situación advera es un buen argumento.
En este sentido, lo anterior parece no ser objeto de consideración, para una “izquierda” de partido que en el marco de una serie de reformas constitucionales, entre ellas, por supuesto, la reforma energética, se presenta con una retórica que recurre a la memoria y al pasado como argumento. Es decir, un discurso y una retórica que recurre a la invocación de la memoria de Lázaro Cárdenas, como argumento de autoridad moral en contra de la reforma energética y de la privatización de Pemex.
En mi opinión, considero que no se puede argumentar a ese nivel. Acudir a la retórica de la memoria ante una situación adversa, no es sino recurrir a un argumento de autoridad bastante débil. Más aún, no toda situación, requiere la retórica de la memoria para darse impulso y legitimidad. Recurrir a la retórica de la memoria ante una situación adversa, no es sino depositar las esperanzas en la voluntad de los que nos han enseñado son “nuestros héroes”, eso sería la esperanza del mesianismo. En otras palabras, no se puede hacer política desde la memoria y el pasado. Tampoco se tratar de saldar las deudas que tenemos con los “héroes de la nación”, ni se necesita la retórica, el discurso, la autoridad moral, ni el “pasado heroico” para encarar una situación adversa, mucho menos hace falta recurrir a señalamientos o acusaciones nacionalistas y patrioteras, que poco o en nada contribuyen al debate y a la discusión.
Contraria a este tipo de retórica y argumentación, considero que de lo que se trata no es de moralizar sobre una situación, ni de razonar y argumentar desde la memoria y el pasado, sino que de lo que se trata es de centrar la argumentación en la Lógica de la privatización. El asunto es que la Lógica de la privatización no consiste meramente en privatizar las empresas estatales, sino que la clave profunda es la privatización “progresiva” de los servicios públicos y de las empresas públicas, háblese de la educación, la salud o el transporte, por la vía del control en la gestión y en la administración “interna”, por parte de los privados y de un grupo de funcionarios del gobierno.
En el caso de la reforma energética y de Pemex, considero que ese es precisamente el punto central, razón por la cual, insisto, no se trata de acudir a llamamientos morales, ni se trata de señalar los abusos y excesos, sino que se trata de argumentar en contra del carácter “progresivo” de la Lógica de la privatización. Es decir, se trata de argumentar sobre el carácter “progresivo” de la Lógica de la privatización que plantea la reforma energética, así como de sus efectos o alcances, a mediano y largo plazo, en materia de la pérdida de gestión y de control de Pemex, y de la industria energética.
Esto significa centrar la argumentación en dos niveles claves de la discusión. El primero consiste en no dejar de insistir en el tema contractual o en la figura jurídico-política de los contratos, esto es, no dejar de insistir en la relación contractual del gobierno con los privados. En el sentido de que bajo esta Lógica contractual del gobierno con las empresas privadas, se tiene que centrar la argumentación y poner en evidencia, en el conjunto de normas que aseguran que tanto privados como el gobierno, en una relación contractual conjunta y estratégica, se repartan y obtengan el control de los recursos energéticos. Entonces, reitero, de lo que se trata es de entrarle de lleno al asunto de los contratos y de la Lógica de los contratos, pues es lo que permite y posibilita que, tanto privados como funcionarios del gobierno, puedan obtener sin mayor dificultad el control y la gestión “interna” de Pemex y del sector energético.
El otro aspecto clave en la discusión, íntimamente relacionado con el asunto del control y de la gestión, y que se plantea en la reforma energética, es el concerniente al tema de la creación de una administración autónoma al interior de Pemex. En otras palabras, es la anunciada conversión de Pemex que pasaría de una empresa “pública” a una empresa “productiva”. Lo central de dicha implementación, consiste en que bajo esta Lógica “progresiva” de privatización, al declarar a Pemex como una empresa productiva y autónoma, la administración autónoma “divide” internamente a la empresa, y el grupo de gestión autónomo toma el control de la misma, lo que significa que en un plazo no tan largo Pemex terminaría bajo el control de un grupo de empresarios privados y de funcionarios del gobierno.
Es en este sentido que, desde mi punto de vista, considero que tanto en el tema de la de los contratos como en el de la administración autónoma, como figuras claves en el carácter “progresivo” de la Lógica de la privatización, el asunto de fondo reside en la fundamentación de los ideologismos que le dan sustento a la reforma energética, y que por cierto, provienen del liberalismo, particularmente de los ideologismos liberales de “productividad” y “competitividad”. En otras palabras, considero que la cuestión de fondo aquí son los ideologismos de “productividad” y “competitividad” mismos que, por supuesto, están en el fundamento filosófico de las ideologías burguesas y liberales, y ahora también en la ideología burocrática.
Por lo que más allá de señalamientos y de acusaciones nacionalistas y patrioteras, o de invocaciones a la memoria y al pasado heroico, se trata de abrir el debate, y de centrar las críticas y la argumentación, hacia los ideologismos burgueses y liberales acerca de los supuestos que representa la noción del mercado “abierto”, “competitivo”, “productivo” y “regulado”, que le dan forma y sustento a la Lógica de la privatización, así como a la relación estratégica, contractual, entre empresas privadas y gobierno. Dicho en términos marxistas, se trata de criticar y de poner en evidencia, el discurso y la relación estratégica de un “bloque de clases dominantes”, compuesto entre burgueses-privados y burócratas-gobierno.


