La sociedad se puede quedar con la versión oficial, pero ¿un maestro con un arma?; el 19 de Junio pareciera que fue invisibilizado. Para unos no sucedió, otros lo olvidaron y algunos más, lamentablemente no saben dónde está Nochixtlán: Emma Martínez

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Nochixtlán, un domingo negro. La radiografía de una masacre… veamos.

Una radiografía es una técnica exploratoria que consiste en someter un objeto o cuerpo a la acción de rayos X para obtener una imagen sobre una placa fotográfica.

 El título cobra sentido cuando comienzas a leer…

“El 19 de Junio de 2016, poco después de las 8:30 de la mañana, algunos medios de comunicación nacionales comenzaron a enviar informaciones breves sobre “un enfrentamiento” entre policías y maestros”. Así comienza la lectura de la placa que resultó de la investigación (rayos X), que no deja duda de dónde, cuándo y el por qué de la masacre.

Era viernes, 1 de la tarde, me senté frente a la autora, con dos tazas de café haciendo efecto, no quería una entrevista “común”, esas preguntas se las dejaría a los reporteros que buscaban frases y datos duros de la investigación, tal vez alguno que no hubiera escrito ella en el libro. Habrá quien no se percató que las frases crudas y datos duros se encuentran en cada testimonio que Emma Landeros, la autora del libro, había guardado en su memoria y plasmado en 189 páginas y que redactó recordando cada mirada, mueca, cada silencio, con esos suspiros que no encontraban alivio después de haberse escapado de cada testigo que contaba su historia, todo está escrito en “Nochixtlán, un domingo negro, la radiografía de una masacre”.

¿Cómo llega a Emma, la noticia de Nochixtlán?

“Un día desperté, era domingo y había una alerta en mi celular en el grupo de WhatsApp del medio en el que trabajo, veo que dicen: Hay un muerto derivado de un enfrentamiento entre policías y maestros. Me impactó ya que yo trabajo con temas de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones y tortura”. En este tipo de noticias es difícil creer en las versiones oficiales, “son vándalos”, es siempre la versión del estado cuando se refiere a violencia contra manifestantes.

“La sociedad se puede quedar con esa primera versión (la oficial), pero cuando dices maestro, yo me pregunté; ¿un maestro con un arma?. Luego de la segunda alerta recibida al grupo de WhatsApp en donde se decía que había un segundo muerto, mi director general, me dijo: Tienes que ir a Nochixtlán. Esa fue la frase que se convierte en emblemática, yo sabía que no era una asignación, por el mismo tipo de línea y el mismo amor y pasión que compartimos por nuestro oficio, mi director y yo. Esto es lo que provoca que para nosotros no sea una asignación más, o por el simple hecho de ser una nota, lo primero que vimos es; aquí hay un testimonio que seguramente no se está contando. Ahí empieza la investigación que terminó en un libro”.

Emma toma un autobús, horas después de la masacre, no sin antes  investigar, contextualizarse, ¿Dónde queda, qué tipo de pobreza viven, que hay ahí, por qué pasó esto?.

Después de 5 horas de preparación del viaje, junto al que llama su “cómplice y jefe”, no tenían nada asegurado, ni fuentes, ni nadie que le dijera a dónde llegar, mucho menos qué era lo que le esperaba.

La llegada fue difícil, pero lo era más, el poder hacer que la gente quisiera hablar, que quisiera contar su historia ya que, el miedo, la rabia y el luto lo impedían. Maestros accedieron a hablar porque conocían en trabajo de Emma, sabían que el medio en el que trabajaba dedicaba su línea a dar espacio a todas esa voces que los demás medios no. Confiaron en su palabra, algo que en el medio de la comunicación se ve muy poco.

Dos veces viajó a Nochixtlán, la primera a horas de la masacre, la segunda en el primer aniversario. En la primera logró documentar varios testimonios, en la segunda visita logró observar que había sucedido con los casos que se denunciaron por medio de las primeras notas hechas por la reportera para el medio REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO.

Al llegar la primera vez sintió una zozobra, se respiraba un ambiente de intranquilidad y sabía que esas miradas que sentía a su caminar estaban llenas de dudas y miedo. Así comenzó a recorrer el lugar de los hechos, sintiendo la mirada de alguien que la seguía y que no dejó de hacerlo, aunque a lo lejos el pueblo temía por infiltrados. Caminó entre cenizas, entre vidrios rotos, un lugar devastado. Tocó puertas, buscó testimonios, pero el mismo miedo que les daba el que contando su historia hiciera que volvieran a rematarlos, no los dejó. Encontró a una enfermera voluntaria, ella es la que le ayuda a poder recabar la información que buscaba y lo consiguió de la manera menos usual: “Iré a ver a un chico,dijo la enfermera, está herido de bala, si aguantas ver las heridas, entra”.

El oficio de ser reportero es uno de los más difíciles, y más viviendo en México. Ella no sabía nada de enfermería, pero ayudó a la enfermera a curar a varios heridos y como recompensa la llevó hacia el primero de sus testimonios…

Las emociones no tienen nada que ver con el ser periodista, al ver la catástrofe, al ver la injusticia, la necedad y las mentiras del gobierno, así como a muchos jóvenes, hombres, mujeres y niños que sufrían los estragos del dolor de la pérdida y el luto, hubo momentos en los que tuvo que detenerse y respirar un poco del aire que contuvo ante el dolor ajeno que por momentos vivió como propio.

La mirada del maestro cuando contaba de qué murió su hijo, que estuvo ahí cuando le practicaron la necropsia y retó al médico a que si aguantaba la imagen de ver a su hijo abierto para extraer la bala que lo llevó a la muerte. Ahí se vulnera todo, la periodista, la mujer.

Después de la primera visita, al llegar a su hogar, se sentó en su sofá, llorando y preguntándose, ¿cómo voy a escribir una nota de estos testimonios?.

El libro se gestó de madrugada, justo cuando no había ruido y podía contar la otra historia, que escribió con la rabia que sentía por el simple hecho de ser humano. Meses después de haber terminado el libro, lo leyó ya terminado, y volvió a vivir, sentir todo.

El libro puede servir para entender el cómo, cuándo, y por qué. Te humaniza a valorar lo que se tiene en comparación de lo que otros han perdido. Y sobretodo  hace honor a la memoria de los caídos de la masacre de aquel 19 de Junio.

Emma Landeros presenta una historia escalofriante, como escalofriante es la realidad de la injusticia y la impunidad del México del “Nuevo PRI”. Una historia que todos debemos leer y reflexionar, ese 19 de Junio cayeron nuestros maestros, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, ese domingo perdimos un cachito de nuestra dignidad como pueblo, esa que no hemos querido levantar al olvidar -ignorar- la masacre de Nochixtlán, pero que este libro hará que sea recordada por siempre.

He leído muchos libros, y en todos hay un final feliz, donde el villano paga por sus delitos y el bueno vive feliz por siempre, este libro termina diferente:

“Cuando se habla de los ejemplos emblemáticos de violaciones a Derechos Humanos – de manera colectiva- no siempre se recuerda aquel 19 de Junio. Pareciera que fue invisibilizado. Para unos no sucedió, otros lo olvidaron y algunos más, lamentablemente, no saben dónde está Nochixtlán.”

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