Ilustración: Pe Aguilar / @elesepe1
I.- Una vez más la apodada “Suprema” Corte de Injusticias contra la Nación, ha enseñado que no puede salir de su atraso histórico, pues el presidencialismo sigue imponiéndose para hacer más eficaz su autoritarismo, usando los medios jurídicos para los fines antidemocráticos y contrarios al mínimo republicanismo. Ninguno de sus once ministros: Gutiérrez Ortiz-Mena, increíblemente: José Ramón Cosío, deshonrando su formación kelseniana. Pardo Rebolledo. Sánchez Cordero. Arturo Zaldívar, Pérez Dayán, Franco González. Luna Ramos (quien siempre ha sido reaccionariamente conservadora, como su hermano en el TRIFE, por fin jubilado para evitar sus fallos serviles a Peña); ¡Medina-Mora, el incondicional del peñismo! Y Jesús Silva Meza; ni su mediocre presidente se atrevieron a atraer el asunto de los periodistas dirigidos por Carmen Aristegui, que fueron echados de MVS-Vargas, para quedar bien con Peña, pisoteando las libertades de prensa, de información y de crítica.
II.- El fallo servil del pleno de esa Corte (al estilo de la cómica radionovela: Tres Patines), se basó, irracional y con barbarie despótica, en el sentido de que “la demanda presentada por defensa de la comunicadora carece de elementos jurídicos (¡elementos jurídicos la violación a los Artículos 6 y 7 constitucionales!), para su atracción al máximo tribunal”, tal y como la reportera Blanche Petrich (La Jornada: 4/VI/15), con otras notas que completan la panorámica informativa que con el fallo absurdo, muestra un precedente que anuncia represiones a sangre y fuego, ya que el malestar social empieza a desbordarse contra la élite que se hizo “indigna de gobernar”, anuncian una crisis general con revueltas por todo el país, azuzadas por el desastre del desmoronamiento peñista que nunca pudo tomar siquiera el timón de una nave estatal que va directo al iceberg que plantea el enfrentamiento del pueblo en las calles (y “a río revuelto”, los narcotraficantes, delincuentes, secuestradores, etc.), para generar una situación explosiva desde sus entrañas. “El México bronco” al que no hay que despertar y menos por hambre e injusticias.
III.- Y como no tenemos un Tribunal Constitucional (facultades que se agandalló esa Corte monárquica-sexenal, que Zedillo puso más a la orden del presidente en turno), la Nación sigue en manos de representantes y funcionarios designados, hoy por Peña, quien ha nombrado a tres de esos once. Se está desmoronando, se despeña el régimen presidencial de Peña; y tiene en severo desafío a las instituciones del Estado convertido, de Federal, en Centralista por la concentración del poder en el peñismo que carece de habilidades políticas para componer el desastre. Y la Corte, que ya no es Suprema, ni de Justicia y menos de la Nación, al pronunciarse en contra de discutir en el Pleno el atropello empresarial de la millonaria familia Vargas, por no salir al paso autoritario de Peña, es un tribunal corrompido por el actual mal gobierno que controla los tres poderes, y asfixia la vida democrática representativa, para abortar el estallido social contra quienes se han hecho “incapaces e indignos de gobernar”.

