*Artículo de Opinión
(28 de marzo, 2014).- Las mujeres de Paz… Las mujeres de Paz… He meditado mucho sobre este texto que me propuso una persona, supongo que por el hecho de que me interesa el feminismo o porque soy mujer, antes que dijera algo especificó –con buena intención–, que no como las mujeres objeto, sino como las grandes mujeres que lo acompañaron. La primera reacción que tuve fue que no podía escribir un texto así, que –pese a la aclaración– lo único que fomentaría, sería, en efecto, el sexismo.
Seguramente esas tres mujeres –con las que vivió el poeta, ensayista y escritor Octavio Paz– fueron y son excepcionales, sus historias valen por sí mismas sin mencionar el nombre y apellido de este hombre al que se le han rendido homenajes, dedicado artículos, reportajes, poemas, columnas, críticas y números completos de revistas.
Podría hablar de ellas tal como se habla de los hijos de grandes personajes entre ideólogos, escritores, políticos, expresidentes, tan sólo haciendo referencia a lo que se dedican, mencionando sus oficios o profesiones, o sus cualidades y defectos; como también se refiere de quienes fueron sus madres y padres, mentores o amigos.
Se trata de datos que a cualquiera le interesaría saber, pero si hablamos de las compañeras, las amantes, las esposas o grandes amigas, se desencadena un poco de morbo al respecto, cualquiera quisiera leer un best-seller o ver una película que narrara las artes amatorias de un escritor que ¡además fue poeta! –ergo, suponemos que era grande en el amor–, nos gustaría conocer detalles de su vida privada e íntima, de qué conversaba con ellas, cuáles eran sus pleitos de alcoba, cuáles los motivos de su separación, qué palabras empleó para “enamorarlas”, qué tenían de especial estas mujeres para que un hombre tan preciado sucumbieran ante ellas, etcétera.
Como también nos interesaría saber, por ejemplo, de las vidas privadas y relaciones de pareja de las grandes escritoras, políticas, ideólogas, feministas; qué tal una Rosa Luxemburgo; una Rosario Castellanos; la primer mujer presidente en el mundo, Sirimavo Bandaranaike; o qué tal la fotógrafa y cineasta Leni Riefenstahl; o la primera en obtener una presea olímpica, Betty Robinson; o las pintoras Rosalba Carriera y Leonora Carrington; o la poeta Alfonsina Storni.
¿Qué tenían de especial esos hombres con los que convivieron y sostuvieron relaciones íntimas?, ¿quiénes eran ellos? Sabemos de las parejas de Simone de Beauvoir, la gran filósofa y feminista francesa, o de la pintora mexicana, Frida Kahlo, por ejemplo.
Para rescatar del anonimato mediático a las mujeres que vivieron con Octavio Paz, no basta con 5 mil caracteres –mucho menos si se contaran tres historias– cada una precisa una exhaustiva investigación, muchas más páginas, de las que seguramente sólo un par corresponderá a la relación de pareja que sostuvieron con el escritor mexicano.
Propongo hablar de ellas a partir de sus historias de vida, sus “grandes amores”, que seguramente no fue sólo uno y, muy posiblemente, ni siquiera el que imaginamos. Dedicar tiempo a escribir de sus facetas como hijas, hermanas, estudiantes, escritoras, pintoras; de los miedos, fortalezas, derrotas, alegrías, malestares, placeres, de sus grandes obras y su trabajo, sin que el pretexto sea el nombre y apellido de un hombre a quien se le recuerda por la fecha en que nació.
Así, que si queremos hablar de cada una de ellas que sea en la fecha en que nació, murió; o en la fecha en que publicó, narró, espetó, ganó, perdió, habló, transgredió, etcétera. Porque todas, como cualquiera otra, son mujeres de paz, pero también de guerra.


