(27 de mayo, 2014).-Los habitantes están apostados en las terrazas con rifles para disparar a lo que no les plazca. Llega el enterrador y le toma medidas al cadáver tendido frente al salón. Por el fondo de la calle aparece un personaje. Es el nuevo sheriff al que prenden la estrella en el pecho. Va hacia su oficina, pensando en cómo acabar con la banda de cuatreros que tiene aterrorizado el lugar con expolios y austeridades. Por un momento cree ser Clint Eastwood y se apresta a limpiar el pueblo de malhechores.
La descripción anterior del periodista español Arturo González es una las mejores maneras para describir la llegada de PODEMOS a la política institucional en España, un país profundamente lastimado por una crisis económica insostenible.
PODEMOS, que desde su origen precisa que va más allá de un partido político y que basa su fuerza discursiva en la herencia y espíritu del Movimiento de los Indignados o #15M, apuesta por convertir el hartazgo en cambio político, construyendo democracia a través de la participación ciudadana y la unidad popular.
Los militantes de este movimiento ciudadano han destacado en su programa político entre otras cosas la necesidad de romper los grilletes que la Unión Europea, encabezada por Angela Merkel, ha impuesto ha España y que ha llevado a la mayor parte de la población a un empobrecimiento sin precedentes.
Los perfiles que contendieron por los espacios en el parlamento son tan íntimos y tan cercanos a la ciudadanía que el proyecto fue capaz de crear un destello de esperanza y estimular el ánimo de una enorme cantidad de españoles que nuevamente ven en la política una verdadera posibilidad para mejorar sus vidas donde exista más Democracia, más derechos y más economía al servicio de la gente.

