Por Alejandro Pintamalli / El Toque
(29 de mayo, 2014).- Un niño parece afeminado en la televisión y se disparan los comentarios homófobos en las redes; fallece una cantante de cumbia peruana y llueven los tuits racistas sobre su tumba; un periódico lanza la pregunta: “¿Forzar a una mujer a tener sexo, es violación?” Bienvenidos al mundo del sálvese quien pueda.
Las redes sociales y los foros de Internet revelan sus dos caras, a la vez que aportan un medio democrático de expresión, brindan las herramientas para liberar un odio oculto que se beneficia del anonimato, la falta de jurisprudencia y de denuncias.
¿Cuántos de los lectores aquí presentes no lo han hecho? Al pie de un artículo, con nombre ficticio, se insulta, se discrimina y se siembra cizaña. El fútbol es un terreno fértil, pero también lo es (y de forma muy especial) la sección de espectáculos, la vida de las tan mentadas “celebrities”, que no son otra cosa que personas de carne y hueso que visitan los platós de televisión y que muchas veces descienden como paracaidistas en el “show business”. Ya ven, a mí también me salió la crítica…
¿Cómo se le pone freno a esas expresiones desbocadas? No parece fácil, reconocen por igual la peruana Esther Vargas, creadora y directora de Clases de Periodismo y la colombiana Renata Cabrales, editora de redes sociales de la Casa Editorial El Tiempo. “Perú es un país racista, donde hay muestras de racismo cotidiano que no llegan a la agresión física, “real”; pero lo que se vive en las calles de Lima se refleja en las redes sociales de forma excesiva, aprovechando el anonimato, donde adopta una mayor dimensión y el ruido es más alto”, dice Vargas en un programa reciente de radio de RNW.
Su opinión no es un mero antojo. Montados en los recursos de las redes, muchos usuarios peruanos descargan a diario sus insultos y burlas contra personajes del espectáculo como lo hicieron contra la cantante Dina Páucar, o la fallecida Edita Guerrero (de la agrupación de música norteña Corazón Serrano). La parlamentaria Hilaria Supa fue también blanco de dardos virtuales después de solicitar que se retirara del aire un personaje televisivo que discrimina a la mujer andina.
Otro ejemplo nos llega desde Colombia. Un joven tuitero se burló de la tragedia que dejó 31 niños muertos en la localidad de Fundación, en la costa atlántica. El autobús en el que viajaban de regreso de una actividad religiosa se incendió. Sin ningún reparo ni vergüenza, este estudiante de Derecho (insólito), escribió: “¿Con lo cara que está la gasolina y desperdiciarla en 32 costeños? Tienen huevo”.
“Un acto condenable para el que deberían existir correctivos de tipo jurídico, pues traspasan el límite de los comportamientos en red”, opina Renata Cabrales. Y se pregunta por qué Twitter no elimina estos contenidos “que exhiben valores tan negativos para una sociedad”.
Según Esther Vargas, “los medios le ponen gasolina”, haciéndose eco de la polémica y replicando las malas prácticas de las redes, como una reciente convocatoria del periódico español La Gazeta en cuya cuenta oficial de Twitter planteó si “forzar a las mujeres a tener sexo, es violación o no”. Quizás, desliza Vargas, la clave esté en la condena pública: “Estos casos han permitido que se exprese la solidaridad de algunas personas y que se condene el racismo”.
“Agregaría que estamos a tiempo de salvaguardar la relativa oportunidad que tenemos de expresarnos con libertad”, dice Renata Cabrales. Y concluye: “Si no nos autorregulamos como comunidad, trabajando en equipo con las marcas que proveen canales de comunicación digital, muy seguramente no faltará quien proponga leyes que terminen por coartarnos más de lo que nosotros mismos no pudimos”.
Entonces, no incurrir en excesos ni consentirlos, vigilar y responder, como se hizo con el hashtag #somostodosmacacos, en respuesta a la agresión racista contra el futbolista del club Barcelona Dani Alves cuando le arrojaron una banana desde una tribuna.
Eso sí, los medios no esquivan el bulto y tampoco deberían echar combustible a la polémica. El pasado 14 de mayo, el periódico español El Confidencial, bajo el lema de “El diario de los lectores influyentes”, decidió cerrar el grifo a los comentarios que se publicaron en las noticias sobre la muerte de la presidenta de la Diputación del Partido Popular de León (España), Isabel Carrasco, asesinada a tiros. ¿La razón? “La acumulación de intervenciones que suponían un daño evitable a la familia de la fallecida, en forma de insultos y mofas sobre ella” que, justificó, “excedía lo que podíamos gestionar de forma adecuada”.


