Salvador Castelán / Revista Hashtag
En política, nada ocurre por casualidad. Cada vez que un acontecimiento surge, se puede estar seguro que fue previsto para llevarse a cabo de esa manera.”
Franklin D. Roosevelt, presidente de EE.UU. (1933-1945)
(11 de junio, 2014).- Las democracias occidentales han alimentado la atractiva idea de que vivimos en sociedades en las que poseemos libertad absoluta: tenemos educación, ciertas oportunidades, podemos votar y, por supuesto, protestar, sin embargo… ¿hasta qué punto nuestras sociedades, para subsistir, dependen de a estratégicas de control de la población?, y, ¿cómo condicionan nuestra supuesta libertad absoluta?
Históricamente todos los gobiernos prevén diferentes acciones para controlar a la población, sin embargo, en nuestras sociedades esas estrategias conviven con discursos en los que se enaltece el grado de libertad alcanzado por sus individuos.
En algunos países en vías de desarrollo, el conocimiento y la educación se transforman en ideológicas dirigidas a las élites que toman las decisiones en tanques de pensamiento y universidades diseñadas para conducir a esas sociedades por medio de armas silenciosas.
La aparición de los “Chicago boys” es uno de los ejemplos más claros de esta situación, el conocimiento y la ideología de una élite terminó dictando las políticas que, a la postre, determinarían las formas de gobierno en América Latina. Al golpe de Estado en Chile, siguió la implementación de políticas neoliberales en todo el mundo, provocando devaluaciones, minimizando el Estado social de una manera gradual y casi imperceptible.
En todo el mundo se impusieron medidas económicas que otrora hubieran parecido inaceptables. En el caso de México, el Tratado de Libre Comercio y las actuales reformas constitucionales, fueron parte de esta transformación impuesta desde hace más de 30 años. Los resultados de esas medidas han sido desastrosos: precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios bajísimos que no aseguran una vida decente. Si todos estos fenómenos hubieran sido aplicados en un sólo momento, el descontento podría haber generado una movilización de alto impacto, sin embargo su aplicación gradual ha servido como una medida de control.
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Toda ciencia es esencialmente un medio para llevar a cabo un objetivo. Para los mecanismos de conducción social, el medio (estrategia) es el conocimiento, el objetivo es el control. Pero queda pendiente la pregunta: ¿el control para beneficio de quién?
La tecnología de armas silenciosas se desarrolló gracias a investigaciones operativas desarrollada por el Estado-Mayor Militar en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. El objetivo de esta investigación era estudiar problemas estratégicos y tácticos de defensa área y terrestre, destinados a utilizar efectivamente recursos limitados contra algún enemigo.
Con el tiempo se dieron cuenta que estos mismos métodos podían servir para el control social. Pero era necesario mejorar algunas cuestiones. La Fundación Rockfeller puso estas investigaciones en práctica financiando un ciclo de estudios en el Harvard College, así se creó el Harvard Economic Research Project para estudiar la estructura de la economía americana. Poco tiempo después la Fuerza Aérea se sumó al proyecto.
Cuando terminó el periodo de estudios se realizó un encuentro de alto nivel que se llevó a cabo para determinar la siguiente fase de investigaciones en operaciones sociales. El proyecto Harvard había sido exitoso y algunos de estos resultados fueron publicados en 1953, en ellos se sugería la posibilidad de una ingeniería socio-económica[1]. La Guerra Tranquila fue declarada por la Élite Internacional tras un encuentro que se realizó en 1954.
Bien que el Sistema de Armas Silenciosas fue concebido hace 38 años, la evolución de este nuevo sistema no ha sufrido reveses o contratiempos mayores.
Esta guerra ha logrado muchas victorias en varios de los frentes alrededor del mundo. Con esta técnica se han podido controlar muchos aspectos económicos, políticos, sociales y psicológicos de las sociedades, y nos venden la idea de que somos libres pero estamos condicionados desde edades muy tempranas a reaccionar como nos lo indican.
Los estudios mencionados mostraban que si se mantiene a una sociedad desinformada se logra menos organización pública, si se crea preocupación e inquietud (noticias de inseguridad o enfermedades) se debilita a la sociedad y ésta pierde defensas; cuando se ataca el núcleo familiar y se les atomiza; se controla a placer la educación; reduciendo la liquidez y dando más créditos se esclaviza a los agentes sociales, es así como los organismos pueden recabar valiosa información con datos de costumbres, viajes, diversiones, etc.
El conformismo social y la programación de la información crean patrones de conducta similares, cuando disminuyen las quejas contra los impuestos (como es el caso de México en gasolinazos, aumento de tarifas de luz, agua, etc.) se optimiza el control, generando en la población una menor resistencia a dicho poderío. Se pueden poner varios ejemplos de esta situación, no sólo en nuestro país, puede parecer duro o poco creíble pero en subsecuentes colaboraciones podremos ir profundizando en diferentes cuestiones.
Voy y vengo.

