Lo educativo se vuelve social: los errores del Ejecutivo frente a la movilización magisterial

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Redacción / @Revolucion3_0

Foto: Ser Veracruz

(12 de septiembre, 2013).- Para Uriel Flores Aguayo, diputado federal del PRD por el estado de Veracruz, la protesta social en contra de la reforma educativa ha tenido diversas consecuencias en el país y ha evidenciado la nula voluntad política y el despotismo democrático de la mayor parte de los legisladores y del Gobierno Federal.

“Desde los dos días posteriores a la aprobación de la ley más polémica, la del Servicio Profesional Docente, las concentraciones y actividades de los maestros, marchas y suspensiones de labores en las escuelas, debieron haber alertado a las autoridades correspondientes sobre los alcances de las protestas de tal manera que fijaran propuestas serias y efectivas”.

Explica que en esa ruta esquiva y dispersa, el gobierno dejó pasar tiempo valioso para encarar con transparencia y confianza las impugnaciones magisteriales. Todo eso es lo que no se debe hacer en estos tiempos de impactante velocidad informativa, de crisis de representación política  y ante la acumulación de agravios sociales de todo tipo. En términos de confianza ésto ya es irreversible.

Sin embargo, aseguró es fundamental señalar la actitud y las acciones con las que se debió haber respondido: “el Ejecutivo hubiera pedido que los movilizados nombraran una comisión para dialogar con ellos, directamente, exponiendo con sinceridad sus alcances y ofreciendo interlocución para efectos de reuniones en las instancias  federales; con eso se ganaría la confianza de los maestros, quienes, por lo menos, le reconocerían su papel de Gobernante de todos y la eficacia de sus gestiones.”

“Para tal fin, era necesario desmontar el aparato mediático  minimizante,  y cuestionador, de la autenticidad de las movilizaciones. Dejar de lado el mal entendido principio de autoridad, que nadie estaba controvirtiendo y, lo mejor, prescindir de las figuras grises y repudiadas de los líderes sindicales, cuya aparición fue radicalmente contraproducente”

Además, considera que para estos casos se requiere diálogo paciente, serio y respetuoso; entender que son realidades distintas las de la calle y las de organismos formales; que en ciertas circunstancias, como pasa en todo el mundo, se tiene que hablar con quienes representen a la sociedad movilizada en la coyuntura determinada.

“Pretender que todo es normal es engañarse, vivir en el error y dejar de cumplir un papel democrático. Incluso, si pasa el tiempo y las protestas se diluyen, como ocurre normalmente, queda la memoria, se registran las responsabilidades y siempre habrá un saldo que pagar o que cobrar”.

Finalmente, declara, que las acciones tomadas por la mayoría de los legisladores ha tenido como consecuencia el repudio en las calles y en la plaza pública,  “creyeron o no midieron bien, que no iba a pasar nada, que no tendría un costo político; ya vieron que no, en pancartas y consignas la gente movilizada les está reclamando y llamándolos traidores; son un avance democrático tales acciones”.

“Lo educativo se vuelve social por su incidencia en la sociedad en tanto involucra a padres de familia, niños y jóvenes, maestros y comunidades; los genios de las reformas pactistas y sus legisladores paleros no midieron el ánimo social, la confusión y rechazo que iban a despertar; están ante la gran lección de que los Mexicanos tenemos dignidad, pero que todo tiene un límite”.

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