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Lo que México se juega durante el Mundial de Brasil

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Gerardo Ambriz

(10 de junio, 2014).- Es un hecho que la mayoría de los mexicanos saben que el mundial de fútbol de Brasil dará inicio el día 12 de junio. Lo que no podemos asegurar es cuántos de ellos sabrán que durante la primera ronda del torneo se procesarán las leyes secundarias en materia energética y que precisamente cuando México enfrente a Brasil, es decir, el 17 de junio, los representantes de las clases dominantes en la Cámara de Diputados votarán, sin discusión a fondo previa, a favor de dichas leyes.

No obstante que la programación para esas fechas tiene todas las características de una maniobra burda y tramposa para distraer la atención de la sociedad, Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía y dueño de gasolineras en Quintana Roo, se atrevió a afirmar que esta situación no fue algo deliberado.

Pero cómo creerle, acaso  también fue una simple casualidad que el 12 de diciembre, día de la virgen de Guadalupe, se votara a favor de la reforma constitucional que legalizó la venta de los energéticos al capital privado.

Es indudable que los que están detrás de la decisión de consumar las reformas en esas fechas saben perfectamente que, tanto en el día de la guadalupana, como en los días futboleros, la población no se ocupa de otra cosa diferente a esos fines; y lo saben porque diferentes estudios, estadísticas y hasta el sentido común, no han dado señas de lo contrario.

En su momento, ellos apostaron que el 12 de diciembre la atención y movilización de los devotos superarían, por mucho, a las de aquellos que se manifestarían en contra de la reforma, situación que en verdad ocurrió; ahora, ellos mismos pronostican que el hambre de fútbol opacará a las posibles protestas.

Con lo dicho no creo estar sobrevalorando la importancia que el futbol tiene para una nación, especialmente para la mexicana, y su uso por parte de las clases dominantes. Estudios hechos por diferentes disciplinas han demostrado los grandes intereses económicos que trascienden lo que sucede en la cancha de juego.

Como ejemplo tenemos la crónica que el gran periodista polaco Ryszard Kapuscinski tituló “La guerra del fútbol”, donde narró el conflicto bélico que hubo entre Honduras y Guatemala en 1969. Todo eso a raíz de un partido de fútbol entre esas naciones. Por cierto, en ese partido se jugaba la calificación para competir en el mundial de México 1970.

Por su parte, el marxista inglés Terry Eagleton, en un artículo titulado “El fútbol, ese leal amigo del capitalismo”, realiza un rápido recuento de los grandes intereses económicos que rodean al deporte de las patadas. En su artículo, escrito a propósito del mundial de Sudáfrica 2010, señala que “si cualquier fundación intelectual derechista tuviera que dar con un esquema capaz de distraer al populacho de la injusticia política y compensarlo por una vida de durísimo trabajo, la solución siempre sería la misma: fútbol”.

 Peor aún, según el autor de “Por qué Marx tenía razón”, el fútbol tiene una importancia tan grande en la sociedad que ni siquiera un cambio revolucionario lograría abolirlo. Más fácil que esa proeza sería que el máximo ejecutivo de British Petroleum recibiera un donativo de destacada fundación caritativa, y eso porque el poder del fútbol es tan grande que con razón se le le ha reconocido la función de válvula de escape para cualquier ánimo subversivo, al ofrecer a sus seguidores: “belleza, drama, conflicto, liturgia, carnaval y la impar marca de la tragedia, por no hablar de la oportunidad de viajar a África y volver sin abandonar la borrachera”.

Ironías aparte, que el fútbol sea tan amigable al sistema capitalista, lo tienen más que claro los dueños de los medios de producción y sus personeros dentro de los gobiernos. En el caso de México es todavía más evidente el efecto narcótico que provoca en la sociedad el deporte inventado en Inglaterra, pues a pesar de que la selección nacional mayor nunca ha ganado nada en los mundiales, sus aficionados nunca pierden la esperanza de verla levantar la copa.

Esta esperanza sin fundamento es alimentada hasta la náusea por los únicos que se han beneficiado económicamente de ella, a saber: el duopolio televisivo. Mismo que ha cumplido muy bien su papel como aparato ideológico del estado: primero, influyendo directamente para la llegada de un presidente dispuesto a seguir perpetuando un modelo económico por demás injusto; segundo, distorsionando, confundiendo y malinformando a la población acerca del verdadero contenido de las reformas; y tercero, distrayendo a su audiencia de lo que realmente le afecta, o le afectará en un futuro próximo.

Desgraciadamente el mal mayor que caerá sobre México en pleno mundial no será el de hacer cada vez más ricos y poderosos a los dueños de Televisa y Tv Azteca; con las leyes secundarias, que sin debate previo se aprobarán a mediados de junio, se estaría dando un paso definitivo para la consolidación del capitalismo en su fase neoliberal.

Recordemos que la reforma energética forma parte de un paquete de reformas, como la laboral, la de medios y la educativa, que consolida un proyecto neoliberal que empezó en el salinato, el cual no tiene otro objetivo que la reproducción de un sistema económico donde rige la lógica de mercado, es decir, donde se ahoga toda libertad, igualdad y fraternidad “en las gélidas aguas del cálculo egoísta”, o donde “la desalmada libertad de comercio” ha dejado tras de sí: miseria, corrupción, migración, violencia y explotación redoblada de seres humanos y recursos naturales.

Las leyes secundarias en materia de energéticos no son un juego. Con ellas se le piensa dar luz verde al capital extranjero, que no se anda con bromas y vendrá con nuestra Constitución por delante y unos misiles de largo alcance por detrás, dispuesto a invertir y beneficiarse, hasta donde su voracidad se lo permita, de la electricidad y el petróleo de México.

Con ese panorama ¿No es más fácil impedir que se aprueben las leyes que permitirían eso, en vez de luchar por su derogación una vez que entren en rigor? ¿Qué harán la mayoría de los mexicanos?, permanecerán pegados frente al televisor viendo el mundial mientras los legisladores les clavan una puñalada en la espalda, o les demostrarán a los que detentan el poder político que es posible gritar: ¡Ya basta!

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