Por Lilia Arellano
(23 de mayo, 2014).- La dimensión del contenido de la información es superior a cualquier otro tema que esté en la agenda diaria, porque tiene que ver con la seguridad sobre el presente, el hoy y el mañana, de las próximas 72 horas. Las cifras que, hasta hace unos años no llamaban la atención de los ciudadanos, están ahora presentes, se manejan en todo tipo de conversaciones, son parte de nuestros insomnios. Sin embargo, como una muestra más del sentido contrario a los intereses mayoritarios que mantiene el gobierno federal, indicadores que caen de nuevo en una promesa que debió verse cumplida hace un año, no merecen más allá que dos boletines de prensa en los que se percibe el deseo de no despertar alarma, aunque su contenido y lo que vemos en nuestro entorno es más que suficiente para un muy especial desasosiego hasta caer en la desesperanza que no sabemos el nuevo rumbo que tomará.
El Banco de México (Banxico) en su última reunión se mantuvo distante de celebraciones por algún viso de despunte económico. Su reporte fue de inmediato desmentido por Hacienda. Luego el Consejo Coordinador Empresarial mostró otro informe que coincidía plenamente con el de Banxico. Ya no fue suficiente con que la dependencia de los tributos hiciera declaraciones, por lo que tuvo Enrique Peña Nieto que salir para declarar que la economía va para arriba, que estamos despuntando, que se transita por el camino correcto gracias a sus reformas estructurales. Y llegó el momento de un temido “choque de trenes” que, no se dio, porque la dependencia que negaba los reportes contrarios a sus buenos deseos, no sólo se mantuvo de acuerdo con la parálisis que se padece, sino que se saltó el 2015, el año electoral, para prometer que será en el 2016 cuando se rebasen los pronósticos de crecimiento –erráticos todos-, que se han presentado a lo largo de esta administración.
Prometieron un 3.9 de crecimiento para este año. Se los bajaron a 3.4. El Banxico advierte que estará entre un 2.3 y 3.3 por ciento. O sea, otro bajón que Agustín Carstens trató de maquillar señalando que el pronóstico refiere esos porcentajes por los registros del primer trimestre, pero que el resto del año se puede regresar al crecimiento, que es un bache. De entre sus declaraciones, lo más incomprensible, tratándose de un ex titular de Hacienda y se supone que experto en estas lides, se encuentra en su indecisión sobre si hay o no desaceleración: “es nuestra perspectiva que la parte más importante de la desaceleración posiblemente ya se dio y esperaríamos al final de año es un crecimiento más vigoroso”. Con un pie dentro de los estudios serios y los reportes cimentados y el otro con el compromiso con el gobierno federal actual, al funcionario no le queda otra que disfrazar futuros, sin embargo es inocultable que la inflación crecerá y habrá un mayor número de desempleados.
Cuando sienten que el agua les llega al cuello, que la presión de la opinión pública va en ascenso, funcionarios como don Luis Videgaray salen de inmediato a tratar de apagar fuegos, sin percatarse que al quedarse sin agua, sus incendios son ya inextinguibles. Vierten una serie de promesas que en breve se verá que no podrán cumplir y en las cuales muy pocos y, naturalmente de entre ellos los que se ven beneficiados con contratos o con ventas con grandes volúmenes, no solo creen, sino que dan fe de su existencia. El refrán es muy claro: “no hay mal que dure 100 años ni enfermo que los aguante”. Por lo tanto llega el momento de “hablar con seriedad” -¿o sea que lo que dijeron antes eran vaciladas?-; hay que ser objetivos -¿quiere decir que antes solo nos comunicaron sus sueños o los que tuvieron los de su servicio y se los platicaron?-; todo este preámbulo para dar el golpe y salir de una vez por todas del atolladero:
“No veremos el crecimiento el próximo año –¡señor Videgaray, apenas estamos en el quinto mes de este! ¿o sea que serán 19 meses más de objetivos económicos no alcanzados, de desempleo, de paralización, de cierre de empresas, de ir acumulando todas las desgracias que, como en cascada se dejaron venir en cuanto usted ocupo Hacienda?–, tampoco en el próximo trimestre. Esperamos que en la segunda parte de la administración pueda alcanzarse una tasa sostenida de cinco por ciento de crecimiento”. Si las cuentas y las fechas no fallan, la segunda parte comienza dentro de año y medio, por lo que será hasta el 2016 cuando se empiecen a registrar signos de recuperación.
Afirma que el gasto público “creció el primer trimestre un 13.6 por ciento; la inversión física fue del orden del 45.6 por ciento “comparados con el mismo periodo del 2013”. Muchas expectativas sobre el cúmulo de experiencia con el que contaban los priistas para manejar al país, para sacarlo de la crisis, se han derrumbado y no sin suficientes bases. Ni se han reducido las alzas en la gasolina; menos aún en el costo de la energía eléctrica; se prometió que bajaría el gas que es indispensable en todos los hogares mexicanos, como lo es también la luz; se habló de una reforma hacendaria que permitiría la formación de una nueva base tributaria que ayudara a disminuir la economía informal; de la aplicación del gasto público para generar, en un tiempo record, los empleos que desde el 2006 requiere el país. Ni una sola promesa cumplida, se han retractado de muchas de sus declaraciones, de entre ellas la más sobresaliente es la de los combustibles y la luz y en otras dan cifras alegres, hablan de multimillonarias inversiones en las entidades las cuales duran las 24 horas que son noticia y no se vuelve a acordar de ellas.
Todo aquello que pretendían combatir se multiplicó: la economía informal, el uso de efectivo, el hambre, la pobreza, la inseguridad, el desempleo, la corrupción, impunidad, desaseo electoral, intromisión en los otros dos poderes, etcétera. Y es entonces cuando uno se pregunta si en la soledad del gran palacio el mexiquense reflexiona sobre la existencia de las capacidades que en principio consideró acompañaban a muchos miembros de su gabinete o si duerme tan campante, en sábanas de seda, con un séquito que siempre y a toda hora le dará la razón y por lo tanto está cierto de que todos son brillantes, inteligentes, buenos mexicanos, hombres honestos, honrados que sirven a su país. Un severo análisis le revelaría quienes si encuentran en el servicio público un estímulo importante y por lo tanto son útiles a su mandato y a quienes simplemente, debe tocarles las golondrinas antes de que sea demasiado tarde.


