El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha encendido el debate político al confirmar su posible candidatura a la reelección en 2026. Con su característico estilo, Lula afirmó este viernes que, si mantiene su actual estado de salud y energía, buscará un cuarto mandato para “no devolver este país a esa panda de lunáticos que casi lo destruyeron”.
Lula: Trayectoria de un regreso impulsado por la salud y la política
La trayectoria política de Lula es bien conocida. Después de gobernar Brasil entre 2003 y 2010, regresó al poder en 2023 para su tercer mandato, en un momento de fuerte polarización política. Su posible reelección en 2026, a sus 79 años, representa un desafío tanto personal como político, especialmente después de haber enfrentado diversos problemas de salud en los últimos años.
Lula ha sido claro:
“Si en el momento electoral estoy con la salud con la que estoy hoy, con las ganas que tengo hoy y con la disposición que tengo ahora, seré candidato para ganar las elecciones”.
Su principal motivación, según sus propias palabras, es impedir el regreso de la derecha y la extrema derecha al poder, a quienes acusa de haber “semidestruido” el país.

El presidente ha comparado la situación que encontró Brasil al asumir su tercer mandato con la devastación en la Franja de Gaza, destacando la “destrucción intencional” de ministerios clave y el debilitamiento de la democracia durante la administración de su antecesor, Jair Bolsonaro. Bolsonaro, inhabilitado políticamente por intentar un golpe de Estado, es un fantasma que Lula busca desterrar definitivamente del panorama político.
Entre los posibles rivales de Lula en 2026, destacan gobernadores de estados importantes como São Paulo (Tarcisio de Freitas), Goiás (Ronaldo Caiado), Minas Gerais (Romeu Zema) y Paraná (Ratinho Júnior), todos con aspiraciones presidenciales y vinculados a partidos de centroderecha. De Freitas, exministro de Bolsonaro, es el que mejor se posiciona en las encuestas frente a Lula.
Además de las cuestiones internas, Lula ha puesto el foco en la necesidad de regular las redes sociales para proteger el proceso democrático, argumentando que “si no las reglamentamos, estaremos vulnerables” a la difusión de ideas antidemocráticas.
Aunque Lula admite que la inflación y un escándalo de desvíos de recursos para jubilados han afectado la imagen de su gobierno, confía en que el crecimiento económico, la baja de la inflación y la caída del desempleo en los próximos meses revertirán la situación. Según el mandatario, los próximos meses serán de “cosecha” de las iniciativas de su gestión, lo que debería mejorar la percepción pública antes del año electoral.
El “Efecto Trump” reaviva el apoyo a Lula
Un factor inesperado ha impulsado la popularidad de Lula en los últimos meses: las amenazas del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump. La reciente advertencia de Trump de imponer aranceles del 50% a las exportaciones brasileñas, supuestamente para ayudar a su aliado Jair Bolsonaro a evitar un posible encarcelamiento, generó una fuerte reacción en Brasil.
La postura firme y rápida de Lula ante estas amenazas, afirmando que “Brasil es una nación soberana con instituciones independientes y no aceptará ningún tipo de tutela”, resonó profundamente en la opinión pública. Esta actitud ha sido elogiada en la prensa y se ha vuelto viral en internet, reavivando el apoyo a Lula y sus esperanzas de una reelección.

De hecho, días después de las amenazas arancelarias de Trump, los índices de aprobación de Lula alcanzaron su nivel más alto en meses, con encuestas mostrando entre un 43% y un 50% de aprobación, un aumento significativo desde mayo. Los analistas políticos ven esto como un “golpe de suerte” para el presidente y un ejemplo más del “auge anti-Trump”, un fenómeno global que ha impulsado a políticos que desafían al expresidente estadounidense.
Antes de este “efecto Trump”, la popularidad de Lula había caído a sus niveles más bajos, y una parte considerable de los brasileños no quería que se presentara a la reelección. Sin embargo, la intervención de Trump ha cambiado el panorama, ofreciéndole a Lula un mensaje claro y una oportunidad para consolidar su apoyo de cara a las elecciones de 2026.
La situación es compleja, con la política interna de Brasil mezclándose con las tensiones internacionales y el legado del bolsonarismo. Sin embargo, lo que es claro es que Lula da Silva está decidido a luchar por la presidencia, impulsado por su visión para el país y el inesperado espaldarazo de un adversario transcontinental.


