Alejandro Vélez / Nuestra Aparente Rendición @rendicion
(6 de mayo, 2014).- Cada vez que se acerca el 10 de mayo no puedo evitar recordar mis días de primaria y, sobre todo, el notable esfuerzo de los profesores de música para conseguir que una latosa y desafinada banda de 400 o 500 niños se aprendieran dos o tres canciones para interpretar durante la trascendental ceremonia del Día de las Madres que se llevaba a cabo año con año en la escuela a la que asistí. En alguna ocasión recuerdo que la canción que entonamos como merolicos frente a nuestras orgullosas mamás fue Madre de Silvio Rodríguez. La canción de Silvio fue escrita como regalo para las madres que asistieran a la Congreso de Mujeres Latinoamericanas en Chile que se llevó a cabo en 1973, pero también es un homenaje a los jóvenes de la Brigada trabajadora Ho Chi Minh, que murieron por las minas antipersonas que el ejército de los EEUU plantó en varios de sus ríos.
En ese entonces las intenciones poéticas y sociales del cantautor cubano escapaban a mi infantil entendimiento, pero hoy que vuelvo a escuchar la canción y se acerca otro Día de las Madres, donde miles de madres no tienen nada que celebrar -porque tienen a su hija o hijo desaparecido- me parece que podemos escucharla con oídos más sensibles. En una de las estrofas dice: “Madre, los que no estemos para cantarte esta canción /madre, recuerda que fue por tu amor”. Y al escucharla no puedo evitar pensar que en México a los desaparecidos y desaparecidas los contamos por decenas de millar. Según un reporte de la CNDH citado por el “Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos Hasta Encontrarlos” hace un par de días, el número de desaparecidos en México puede estimarse en 42,300. Si le sumamos a las madres de asesinados, es muy posible que a más de 160,000 madres les hayan arrebatado el festejo de este día. Nos lo dice Guadalupe Aguilar, madre del desaparecido José Luis Arana Aguilar, en su invitación a la marcha que se llevará a cabo este 10 de mayo en el DF: “Desde hace tres años no festejo el Día de la Madre, porque si no hay hijo, no hay madre.”
Pero la verdad es que en México hay “mucha madre”, muchas madres, padres, hermanos y acompañantes solidarios que resignificaremos este 10 de mayo para que resuene allende las fronteras que México vive un catástrofe de desaparición de personas que el Estado pretende silenciar -si acaso administrar- para que no impida el rumbo de sus “ambiciosas” reformas estructurales. No se trata de celebrar o mitificar la maternidad, sino de socializarla, transformarla en un acto político que sirva para avisar de los peligros de seguir ignorando, ya sea por miedo, apatía o indiferencia, la gravísima realidad mexicana. Se trata de evitar que este delito de lesa humanidad siga sucediendo en México.
¿Cómo lo haremos? Tomando el espacio público, ese que pertenece a los ciudadanos y que a golpe de amenazas, porrazos, gases lacrimógenos y encapsulamientos han pretendido arrebatarnos. Si marchamos para defender el petróleo, para defender los derechos laborales y últimamente para defender el internet y nuestra privacidad, por qué no hacerlo para acompañar la lucha de miles de mujeres que además de buscar a sus hijos, hijas, esposos, hermanos, amigos, están exigiendo procesos de justicia y verdad. Ellas han sido victimizadas, humilladas, criminalizadas e ignoradas en las instancias gubernamentales, y lo menos que podemos hacer, ya que es imposible sentir su dolor en carne propia, es caminar con ellas, acompañarlas en esta larga y agotadora gesta.
Aunque parezca un evento aislado, la Tercera Marcha de la Dignidad Nacional “Madres Buscando a sus Hijas, Hijos, Verdad y Justicia” que se llevará a cabo el 10 de mayo – a las 10 de la mañana- del Monumento a la Madre al Ángel de la Independencia en el Distrito Federal, es resultado de un proceso doloroso de crecimiento y politización que han llevado a cabo las madres y demás familiares de personas desaparecidas en México. En dicho proceso el miedo y el sufrimiento han pasado de ser agentes paralizadores a un motores. Lo mismo les sucedió, a su debido tiempo, las Madres de la Plaza de Mayo y a las Madres de Srebrenica, por dar algunos ejemplos exitosos de acción colectiva.
Así que sirva esta pequeña reflexión como invitación para que este sábado 10 de mayo, mientras los restaurantes estén a rebosar, los escaparates de las tiendas refuljan con ofertas especiales para la ocasión, incluso mientras en alguna ceremonia escolar los niños entonen canciones de Silvio Rodríguez, salgamos a las calles para visibilizar esta catástrofe, para seguir construyendo memoria y para exigirle al Estado que asuma sus responsabilidades en el proceso de búsqueda.


