Alejandra Moreno / @achearta81
(25 de marzo, 2014).- Al inicio de Cuando Harry encontró a Sally (When Harry Met Sally, 1989, con Billy Cristal y Meg Ryan), los dos personajes que acaban de conocerse sostienen la siguiente conversación:
Harry: ¿Con quién tuviste el mejor sexo de tu vida?
Sally: No voy a contestar eso.
Harry: Está bien, no me lo digas.
Sally: Shel Gordon.
Harry: ¿Shel? ¿Sheldon? No, no, no pudiste tener buen sexo con alguien que se llame Sheldon.
Sally: ¡Lo tuve!
Harry: No, no lo tuviste. Sheldon se encarga de tu contabilidad, si lo que necesitas es una endodoncia Sheldon es tu hombre… pero coger no. Es el nombre. “Házmelo, Sheldon, eres un animal, Sheldon, móntame, Shel-don.” No funciona.
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Ya decía Freud que “el comportamiento de una persona en lo sexual es un claro ejemplo de cómo actuará en otras áreas de su vida”.
Hay mil manuales para aprender a ser el amante ideal, te puedes saber el Kamasutra y dominar todas las posiciones a la perfección, pero el buen sexo tiene más que ver con la personalidad de los involucrados que con el dominio de la técnica.
De acuerdo con un estudio publicado por la revista Medicina Sexual, a través de una encuesta realizada a 100 personas de diferentes nacionalidades se descubrió que quienes eran más extrovertidos tenían una vida sexual más funcional que las personas que eran tímidas.
Las personas que tienen una vida sexual de ésas que se merecen una ovación de pie comparten algunas características que no posee el grupo de personas que reportan una sexualidad que califican “normal”, como el ciclo de lavado de tu lavadora.


